Ser honesto es ser real, auténtico, genuino. Ser deshonesto es ser falso, ficticio, impostado. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás. La deshonestidad no respeta a la persona en sí misma ni a los demás. La honestidad tiñe los equipos de apertura, confianza y sinceridad, y expresa la disposición de vivir en la luz. La deshonestidad busca la sombra, el encubrimiento, el ocultamiento. Es una disposición a vivir en la oscuridad. La deshonestidad no tendría ningún papel relevante en un mundo en el que imperara la realidad y estuviera habitado por líderes y personas plenamente conscientes, maduras y transparentes. Desgraciadamente, debemos de convivir con la deshonestidad. Los seres humanos abrigamos una variedad de tendencias e impulsos que no armonizan espontáneamente con la razón.

Los seres humanos necesitan práctica y estudio para convertirse en personas honestas en las que recuperar la confianza y el compromiso. En ese intento hacen muchas cosas que la prudencia les aconseja ocultar. Mentir es una fácil herramienta de ocultamiento y, cuando se emplea a menudo, pronto degenera en un vicio que arrastra hacia lo contrario.

Y en un mundo tan falso, la honestidad es de vital importancia. Toda actividad social, toda empresa u organización que requiera una acción concertada se atasca cuando la gente no es sincera. La honestidad no consiste sólo en la franqueza o la capacidad de decir la verdad, sino también en el trabajo por la consecución de unos objetivos sin aplastar ni desmerecer los de quienes nos rodean. Si quieres establecer una correcta influencia, debes utilizarla.
Para ser personas honestas no basta la franqueza, hay que asumir que la verdad no es sólo una y que depende de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.[/box] Lo que no es la honestidad:

- No es la simple honradez lo que lleva a la persona a respetar la distribución de los bienes materiales. La honradez es sólo una consecuencia particular de ser honestos y justos.

- No es el mero reconocimiento de las emociones «así me siento» o «es lo que verdaderamente siento». Ser honesto, además, implica el análisis de qué tan reales (verdaderos) son nuestros sentimientos y decidirnos a ordenarlos buscando el bien de los demás y el propio.

- No es la desordenada apertura de la propia intimidad en aras de no esconder quien realmente somos. Implicará la verdadera sinceridad, con las personas adecuadas y en los momentos correctos.

- No es la actitud cínica e impúdica por la que se habla de cualquier cosa con cualquiera. La franqueza tiene como prioridad el reconocimiento de la verdad y no el desorden.

Hay que tomar la honestidad en serio, estar conscientes de cómo nos afecta cualquier falta de honestidad por pequeña que sea… Hay que reconocer que es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. Pero se debe tomar en serio por sí misma, no como la política más conveniente.

Pero como la mayoría de las virtudes, conviene desarrollarla y ejercitarla en armonía con las demás. Cuanto más se ejercita, más se convierte en una disposición afincada. Hay una respuesta rápida que se puede dar en tres palabras: tomarla en serio. Ya que honestidad es un músculo que también puede ser deformado, la honestidad mal entendida o deformada provoca en quien la recibe una montaña rusa de sentimientos que si no están bien gestionados, puede conducir al dolor, la pena, la culpabilidad. Y es que no hay que confundir nuestra verdad con “LA VERDAD” y por tanto nuestra realidad y creencias con “LA REALIDAD”.

Un sincero de teflón es alguien que utiliza la verdad como arma contra los sentimientos, ya que "les resbalan" los sentimientos de la otra persona

Seguramente a todos y todas nos ha pasado alguna vez, alguien cercano dice que tiene que decirnos algo y de repente empieza a llovernos en cada una de sus palabras una cantidad de prejuicios, ideas infundadas o inseguridades que consiguen destrozar nuestra tranquilidad, nuestro balance emocional y en ocasiones, nuestra amistad. Y todo por que lo que dice o viene de interpretaciones maliciosas de nuestros actos o palabras o porque son invenciones o exageraciones de nuestro comportamiento que dicha persona da como certeras opiniones y verdades absolutas. Es decir, agarran una verdad y la convierten en algo con lo que golpearte. Estas personas son fáciles de reconocer porque siempre se esconden tras frases del estilo “Yo es que lo tenía dentro y te lo tenía que decir”, “A mi también me gustaría que me dijeses las cosas si te encontraras en una situación similar” o incluso “yo al menos soy sincero y no me lo guardo”.

Esta curiosa especie nunca abandona su aparente estado de serenidad mientras clava las garras de la desconfianza y de sus frustraciones e inseguridades en tu corazón. Y nunca pensará en los sentimientos que producen en la otra persona receptora del mensaje. Esa negatividad no le es recíproca puesto que son de teflón y por tanto… les resbala.

Para no convertiros en un sincero de teflón, cuando tengáis ganas de contar algo a alguien, intentad eliminar vuestras creencias y basaros en lo tangible, vuestra incertidumbre no tiene porqué pagarla la otra persona. Y sobre todo, pensad si estáis utilizando las palabras correctas y el lenguaje apropiado para no dañar a quien os escucha. La sinceridad siempre, pero con tacto y sin manipulación.

También podéis recordar una maravillosa historia de Sócrates:

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.Un día un ciudadano se encontró con el gran filósofo y le dijo:

-¿Sabes qué escuche acerca de tu amigo?…

-Espera un minuto- replicó Sócrates - Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

-¿Triple filtro?

-Correcto- continúo Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?-

-No- dijo el hombre-, realmente solo escuche sobre eso y…

- Bien- dijo Sócrates. Entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas decirme de mi amigo?

-No, por el contrario…

-Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro, el filtro de la utilidad. ¿Me serviría de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

-No, la verdad que no.

-Bien- concluyó Sócrates- Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?

Usa este triple filtro cada vez que oigas comentarios sobre alguien o cada vez que vayas a decir algo de alguien, eso será un garante de no convertirte en alguien que siempre telón.

La vida necesita honestidad, pero nunca de la mano de los sinceros de teflón.