Es algo habitual apurar la copa de un buen vaso de vino, de nuestro refresco favorito o de ese satisfactorio agua que nos hidrata tras estar sedientos. No es extraño tampoco que al degustar un plato que nos apasiona terminemos mojando pan para que no se nos escape nada de tan suculento manjar. Y por supuesto tampoco lo es el quedarnos escuchando hasta las últimas notas de nuestra canción preferida, o viendo la escena final en esa película que nos conquista. Queremos vivirlo, disfrutarlo, sentirlo y estimularnos con ello.

Es algo habitual pretender cerrar los bares el día de la gran fiesta, que la conversación que estamos manteniendo sea capaz de detener el tiempo o que la clase apasionante en la que estás aprendiendo tanto pudiese durar una hora más. No es extraño tampoco perder la noción del tiempo en un abrazo, un beso o sencillamente, acurrucado en la cama intentando aprovechar hasta el último minuto de descanso. Queremos saciarnos y aprovechar al máximo la experiencia porque sabemos, que en definitiva, está a punto de acabarse. ya que;

Los momentos que no aprovechamos no pueden guardarse

La vida que yo conozco es solo un camino de ida. Y aunque creo firmemente que lo que hacemos en ella deparará una serie de consecuencias inevitables que no disfrutaremos cuando ya no estemos, también estoy convencido de que aquello que desperdicias hoy generará un vacío y un arrepentimiento futuro convertido en el deseo de volver atrás a intentar disfrutar de nuevo. Aprovecharlo. Sentirlo. Vivirlo. Hasta la última gota.

Paisajes que no disfrutas en tus viajes porque la pantalla de tu smartphone requiere más de tu atención. Mensajes que no captas porque tu cabeza estaba ocupada por eso que era aparentemente tan importante. Oportunidades que se te escapan porque crees saberlo todo, o porque crees que no merece la pena. Aprendizajes que no adquieres porque sientes que no merecen la pena. Vida que no vives porque piensas que merece otra forma de ser vivida mientras entre los dedos se te escapa lo verdaderamente importante: Tu vida.

Imagina que quieres disfrutar de una conversación y que en vez de levantar el teléfono y llamar a esa persona, esperas a ver si la otra persona ha pensado lo mismo que tú. Cuando pasan los minutos, te frustras y tu ira la canalizas hacia esa misma persona porque no se acordado de ti, por su indiferencia, o sencillamente porque ya no tienes tiempo. En el fondo está hablando tu frustración, ¿No hubiese sido más fácil levantar el teléfono a la primera? Sin embargo, al igual que se nos escapa la vida, se nos escapan los momentos porque decidimos complicar la vida y pasar de disfrutar a comprobar. De ser beneficiarios a ser controladores.

Somos personas muy tontas cuando preferimos tener razón a tener satisfacción, disfrutar o vivir.

Presta atención a tu día a día y pregúntate si le estás dedicando el tiempo suficiente a aquello que verdaderamente es importante. Ahora piensa en ese vaso de agua cuando estabas sediento, la vida merece la pena ser vivida de igual modo, aprovechando cada instante, exprimiendo cada momento, disfrutando hasta la última gota.

¿Y esa llamada a la que no estás prestando atención? Focaliza tus sentidos y vívela.

¿Y ese paisaje que ya no estás mirando? Levanta la cabeza del smartphone y vívelo.

¿Y esa enseñanza que estás dejando pasar? Infórmate de con quien hablas, siente sus palabras y vive.

¿Y esa ciudad que no conoces por ir solo de trabajo? Dedícate tiempo a agrandar tu mente y vívela

Es algo habitual que la vida se nos escape entre los dedos por equivocar nuestro foco de atención, estar demasiado ocupados o no darle el valor que se merece. Yo sé que hoy nos queda un día menos en nuestro viaje, un día menos de vida, y no mereceremos un recuerdo basado en todo lo que no llegamos a disfrutar, sino uno que esté repleto de instantes exprimidos, sentidos, vividos. Con tolerancia, fidelidad a tus valores y respeto por las personas, recuerda que la vida son instantes que deben ser disfrutados, exprimidos... Hasta la última gota.

No dejes escapar de nuevo un momento pensando que llegarán otros similares. No desaproveches una oportunidad creyendo que tu razón está por encima que tu vida. No pretendas acertar siempre, ni que la indiferencia con la que tratas algunos episodios de tu vida no te dejen vacíos vitales. No seas tonto.

Aprende de cada conversación, por superficial que parezca.

Provoca los instantes que quieres que den vida a tu vida.

Disfruta de tu aquí y ahora, aunque no sea el aquí y el ahora que esperabas.

Actúa para transformar lo mediocre de tu vida en algo excepcional.

Sonríe, porque la sonrisa es la toma de conciencia de estar presente en tu felicidad. Y no conozco una felicidad mayor, que exprimir con satisfacción cada momento de tu vida.