Hay gente que no deja que les mires a los ojos. Supongo que creen que si lo haces, puedes observar a las personas que se esconden dentro de ellas. Hay personas que prefieren esconderse tras un enorme manto de grasa, músculos y piel para pasar como si fuesen gente normal o personajes socialmente aceptados. Ocultando así su forma de vida, sus pensamientos, sus deseos y sus pasiones, solo por parecer normales. Solo por dar lo que creen que el resto necesitamos obtener.

Hay quienes no se gustan como personas y se hacen pasar por un personaje más aceptable. Hay quienes se gustan demasiado y recurren a un alter ego para proteger su preciado tesoro. Hay quienes no están seguros de acertar con sus propiedades ante el resto e incluso, quienes prefieren no ser ellos mismos en aras de una distancia que no les haga daño si alguien golpea a ese pelele que han construido. Todos ellos mienten. Nadie acaba siendo real. Ni persona, ni personaje.

Puedes esforzarte en parecer algo admirable, pero si no lo eres realmente, nadie querrá quedarse a tu lado cuando te quites la máscara.

La máscara, el envoltorio o ese personaje cuidadosamente trabajado, al final, siempre desaparece. Siempre. Puede ser hoy porque hayas tenido un desliz estratégico. O mañana porque el estrés te hace tener menos cautela en tus palabras o acciones. Incluso dentro de un tiempo porque tus intereses cambien. O, en el mejor de los casos, el día en el que falleces y mientras que todo el mundo habla bien de ti, las opiniones se contraponen y la realidad de lo que eras toma por primera vez, una globalidad reveladora. Ya no eres el personaje, sino la persona que había debajo. Escondida. Agazapada. Refugiada de los demás y de ti mismo.

No importa la excelencia con la que hayas cuidado las relaciones profesionales. Cuando la máscara se cae, todos dirán que no confiaban en ti plenamente.

Da igual con el mimo que tratases tus relaciones personales. Cuando la máscara se cae, todos dirán aquello de que se notaba algo raro en ti.

Escudos emocionales, caretas profesionales, envoltorios delicados... He visto personas de clase obrera haciéndose pasar por gente sofisticada y de alta alcurnia. He visto a pijos intentando ser personas sin recursos (aunque las marcas de sus harapos les delataban) He visto a empresarios con alma de funcionarios y a directivos sumisos y sin soluciones. He visto a hombres que intentan enamorar a mujeres sabiendo que sus verdaderos sentimientos están a kilómetros de distancia. He visto a mujeres que se conforman con una mentira porque mientras la viven creen convertirla en realidad. He visto personas que creen ser lo que no son, e intentan convercerte de que si no lo son, algún día quizá, puedan llegar a serlo.

Pero no lo son. Y no lo serán. Porque la persona que se esconde bajo esa capa que te mira con ojos vacíos no es alguien que se esfuerce en ser, sino en aguantar mientras lo sigan pareciendo. Un personaje metódico, estratégico, guionizado. Diciendo en cada momento lo correcto, pero sin emociones que lo acompañen. Un personaje que invita a la persona a ser sumisa de sus propios éxitos intentando que el resto no descubra lo que ellos ven en el espejo cada día. Incluso algunas haciéndolo en positivo. Personas gravemente enfermas que en vez de pedir ayuda, se limitan a ayudar a los demás dando lo que creen que el resto necesita. Personas con una gran agonía que confunden generosidad con embuste. Personas que no dando importancia a su vida se centran en resolver y ayudar a otras personas... El problema es que por muy fuerte que aguantes a alguien en una riada, sosteniéndo su cuerpo en lo alto con tus brazos, cuando el agua siga subiendo, tú te ahogarás y la persona a la que sostenías, tendrá que salvarse por ella misma... O seguirte en tu fatídico final. Y créeme, siempre habrá riada. Una que arrastrará a tu personaje para siempre.

Mientras engordes a tu personaje, por muy útil que te parezca, adelgazas a la persona que realmente eres. Mientras que te esfuerces en obtener pequeños premios en manos del rol que has creado, estarás perdiendo la gran victoria de la vida. Quienes te rodean no te conocerán realmente. Conocerán al personaje. Quienes amas no te amarán de verdad. Lo harán a ese personaje. Quienes te admiran, no disfrutan de tu esencia, sino del aroma de tu personaje.

La vida no merece vivirla tras los ojos de una careta. En ella no podrás sentir la brisa, el calor del sol, ni el amor de un beso.

¿Has pensado alguna vez que ese envoltorio no puede vivir por ti? Es un pedazo de carne sin vida que te impide sentir plenamente. Como quienes no se ríen por temor a que les veas los dientes. Como quienes no te abrazan por miedo a que les guste. No estás viviendo si vives a través de intermediarios.

Olvídate de lo que es normal o socialmente aceptable. Olvídate de lo que se supone que se espera de alguien de tu nivel profesional o categoría. Olvídate de crear una etiqueta bonita y admirable, porque tu marca no se trata de una etiqueta, sino de la esencia que deja tu presencia una vez que no estás. Y ese perfume, tendrá el olor de la realidad o el tufo del engaño. Olvídate de esconder tu persona bajo una capa de personaje. Tú mereces sentir la brisa, notar los rayos del sol, vivir el amor de un beso. Si para conseguir lo que quieres tienes que hacerte pasar por otra persona, es que entonces no es algo para ti, sino para ese personaje. Si para alcanzar tu éxito necesitas construir un personaje, será éste quien alcance la gloria, no tú. Entiendo que puedas servirte de un avatar para la vida que te impulse, te ayude o te facilite el camino, pero cuidado con convertirlo en algo tan grande, que empieces a tener miedo a que la gente te mire a los ojos.

La coherencia empieza por quitarse esos ropajes. Capas y capas de rutinas que le pesarán cada día más a tu persona. Hasta el punto de no poder saltar porque tu personaje no lo haría. No poder reír porque tu personaje no lo haría. No poder vivir porque tu personaje no lo haría. O morir, porque tu personaje nunca pediría ayuda. El agua va subiendo. Quizá ya lo notes por la cintura... quizá aun no. Pero una cosa te garantizo;

Cuando la riada haya acabado, tu desnudez solo mostrará a tu persona. No dejes que la gente se sorprenda por lo inesperado de tu verdadera esencia.

Sentirse auténtico es reflejar en tus actos aquello que piensas y sientes. Es ser fiel a tus valores e ideología. Es respetar lo que querrías para ti y penalizar lo que te parece punible. Ser auténtico es dejar salir a tu persona y entender que es ella quien merece ser querida, amada y admirada. Quien tiene mucho que ofrecer a los demás y también mucho que aceptar. Sin engaños, sin invulnerabilidad. Ser auténtico es fallar, equivocarse, tener necesidades y pedir ayuda. Ser auténtico es vivir sin intermediarios. Es, en definitiva, cerrar los ojos por la noche con la conciencia tranquila y la coherencia intacta. Es estar en sintonía entre pensamientos, valores y actos.

Si no ríes por miedo a que se vean tus dientes, no reirás. Si no abrazas por miedo a sentirte vulnerable, no sentirás el confort de la otra persona. Si intentas enamorar a alguien como si de una estudiada estrategia de manual se tratase, podrás tener éxito, pero solo en el hecho en sí de la conquista, no en la parte emocional. Porque nunca se enamorarán de ti. Lo harán del personaje... Si quieres sexo, es más fácil pedirlo. Y más auténtico. Porque no debes tener miedo a ser auténtico, la sociedad no lo castiga. Lo premia. ¿O acaso tú no premias a quien te dice sus metas de forma clara y con respeto? ¿acaso no admiras incluso a quienes tienen las cosas claras? Exacto. El problema puede estar en la ejecución de como conseguirlo, no en la fase inicial de ser tan auténtico, que no necesita esconder intenciones ni actuaciones.

Actúa con autenticidad y mantén al personaje a raya.

Actúa con autenticidad y respeta firmemente los valores por los que serás recordado.

Actúa con autenticidad y construye cada día en base a tus verdaderas emociones.

Serás más real. Tendrás más vida. Te querrás más.

Siente la brisa, nota los rayos del sol, vive el amor de un beso. Deja que te miren a los ojos ya que tras ese personaje, mereces que disfrutemos de tu persona.