La vida son ciclos y ten la certeza que este en el que estás ahora, también se acabará. Solo el ciclo anual que ahora llega a su fin es el que tiene un tiempo predeterminado y aun así, habrá gente que se quede mental o emocionalmente enganchado a este 2012 como si no quisieran que lo inevitable suceda. Pero el final llega para todo. No importa lo fuerte que te aferres a tu ciclo, a tu etapa, o a tu momento, acabará. Hay quien se encadena a los buenos instantes. Hay quien incluso, lo hace a los malos y como viejos capitanes de un barco a la deriva maldicen el resto de sus vidas por aquel arrecife que algo intangible y poderoso colocó en su rumbo. La madera de ese barco también se estaba carcomiendo. Estaba predestinado a hundirse y el pobre capitán aun no es consciente de ello. Aquel arrecife solo aceleró el proceso.

Tú puedes vivir un momento de gloria, como esos actores de la vida que tuvieron sus warholianos quince minutos e intentan rememorarlos una y otra vez hasta que nadie les mira. No por falta de interés, no por falta de ternura. Sencillamente porque el tiempo se acabó y sus miradas ahora se dirigen hacia otro elemento brillante, innovador, novedoso. Algo que está en su ciclo. En su tiempo. En su hora. Hasta que se acabe. Porque todo tiene su final y no por tratar de impedirlo, esto será menos cruel.

No debemos luchar contra el final de aquello que vivimos, ya que el final es parte de la esencia misma de la existencia de las cosas

Las cosas se acaban. Aquel trabajo. Aquel amor. Aquella relación. Aquel éxito. Aquel fracaso. Todo se acaba. Nada es eterno. Solo en ti está saber cuándo ha llegado el momento de reconocer el final. Puedes conseguir alargar la vida de ese ciclo durante un tiempo gracias al esfuerzo, la dedicación o la pasión. Puedes intentar que ese instante se quede congelado para siempre, pero hasta las fotografías se acaban amarilleando y volviendo frágiles. Como nuestros recuerdos, en los que ya casi nada es como sucedió, sino como queremos recordar que ocurrieron los acontecimientos.

Las cosas se acaban y no está en la conservación intacta el truco alquimista de la eternidad. Ni siquiera en la repetición del instante. La eternidad de ese ciclo no se conseguirá porque la ésta, no existe. Nada es eterno. Ni siquiera nuestra conciencia. Y es justo ahí, en ese mismo instante en el que tomamos conciencia de nuestra efímera existencia y de la verdad más absoluta sobre la caducidad de lo que vivimos, cuando surge la esperanza.

Te vas a morir. ¿Querrías vivir tu vida de la misma manera sabiendo que ese día podría ser mañana?

Las cosas se acaban y tú también. Da igual si te cuidas más o menos, eso en todo, caso demorará la evidencia. No importa si has sido una gran persona o el peor de los maltratadores. Te vas a morir de igual modo y lejos de opinar sobre qué le pasará a tu alma, espíritu o energía, la realidad es que tu cuerpo terminará siendo un puñado de cenizas. Tu existencia quedará en el olvido y créeme, con las décadas, nadie te recordará. Como tu no recuerdas a tu bisabuelo. O a aquella vecina que tuviste en tu última casa y que apenas dedicaste tiempo. No le importarás a la Historia. Así que, sabiendo eso, ¿Por qué no ves la vida desde otra perspectiva?

Ahora que acaba el año y que somos conscientes de que no podemos exprimir más este 2012, sucede algo maravilloso que por monótono y repetitivo, pasa desapercibido: El que más o el que menos crea una lista mental de propósitos a cumplir en el próximo año, como si de una nueva oportunidad se tratase. Como si la vida nos hubiese concedido una partida extra, 365 regalos o un "a ver si esta vez lo consigues". De repente los ojos de la gente se llenan de ganas y energía al ver este no nato 2013 y le atribuyen propiedades asombrosas en las que dejarán de fumar, adelgazarán, aprobarán todas las asignaturas o montarán sus propias empresas. Algunas personas incluso creen que será sinónimo de encontrar a su media naranja y otras deciden que con este nuevo año se alejarán para siempre de esa media que les dio la vida y que ahora está envenenada, cual manzana de cuento. La gente se siente poderosa, capaz, útil y realizada cuando lanzan al cielo sus propósitos y ven el final del año, no como algo en lo que entristecerse, sino como una posibilidad de hacerlo mejor en el siguiente.

Allí donde todo se acaba, es donde empiezan a comenzar las cosas.

Esa sería una buena perspectiva ante la vida. Todo se acaba y es cierto. Pero ¿Y si viésemos los finales como nuevos principios? ¿Y si en vez de aferrarnos a las cosas fluyésemos y dejásemos que evolucionaran? ¿Y si con cada etapa nos llenásemos de ilusión, pasión y esperanza? Como si de un año nuevo se tratase. La certeza de que el año se termina con un 31 de diciembre es plena. La de que esa etapa que ahora vives se acabará, también. Pero ¿Y si ahora decidieses que con ese fin comenzase algo nuevo y mejor?

Esa es la perspectiva desde la que deberíamos juzgar nuestra existencia. No para permanecer en la Historia, ya que casi con seguridad, salvo google y algunas polvorientas enciclopedias, a nadie le importan los nombres que han dejado huella en la humanidad, ya sea para bien o para mal, sino que deberíamos gestionar los ciclos de la vida con la filosofía de que su final nos sirve para avanzar y mejorar. Nadie se plantea un año nuevo para quedarse como está. Lo hacemos siempre con la ilusión de lo que deseamos conseguir: Avanzar y mejorar.

Las cosas se acaban, sí, pero podemos construir otras mejores a partir de esas. Podemos mejorar las que tenemos. Podemos avanzar a un siguiente nivel.

Basta de duelos, de lutos, de miedos. A nadie le importará que algo se acabe cuando la justicia temporal haya pasado por encima. Nadie recordará la primera vez que le rompieron el corazón con la pena y el sufrimiento que lo vivió aquella noche. Nadie revivirá aquel despido con la frustración y la ira que sintió aquel día. Todo será engullido por la nebulosa del tiempo y lo recordaremos como un episodio negativo, sí, pero no como nuestro final. Es en tu actitud donde reside convertir ese arrecife en la musa de todos tus lamentos o en una anécdota de tus múltiples batallas vitales. Nadie aprende a andar sin magullarse las rodillas. Nadie permanece eternamente joven. Nadie es la persona más lista ni más amada para siempre. Las cosas acaban y en nuestra mano está decidir qué pasará después. Como haces cada año. Al final, todo empieza.

Todo empieza porque le pones ganas, pasión y coraje.

Todo empieza porque decides tomar las riendas.

Todo empieza porque quieres avanzar y mejorar.

Todo empieza porque has consumido el ciclo y estás deseando hacerlo mejor en el próximo.

Todo empieza porque crees que lo mereces.

La auténtica realidad de nuestra existencia es que las cosas se acaban y tú, y solo tú, tienes el poder de decidir cómo será lo que venga a continuación. No puedes aferrarte a algo que sabes que desaparecerá entre tus dedos, pero puedes agarrar algo de nuevo cuando tus manos estés ya desocupadas. O aprovechar esa fina arena para construirte un reloj. En tu mano está. Evolucionar lo que tienes y crear algo mejor o tomar una nueva elección. Solo con energía, compromiso y perseverancia conseguirás que eso suceda. Como ocurre con los propósitos de año nuevo. Si nadie adelgazara, es lógico que creyeras que no es posible. Si nadie dejase de fumar o comenzase a hacer ejercicio, te aplaudiría por desestimar dicha opción. Pero hay gente que lo consigue. Gente como tú. Ni más ni menos. Gente que también morirá y se convertirá en polvo, pero ¿Sabes qué? Lo harán sabiendo que han podido. Que han decidido mejorar y avanzar y lo han conseguido ¿Acaso no quieres vivir esa sensación?

Deja el pañuelo del 2012, así como de cada ciclo que en tu vida se termine. Mejora. Avanza. Ya has demostrado que sabes hacerlo, así que... ¿Y si vuelves a demostrar que mereces un mañana mejor? Esa será la Historia que escribas. La de alguien que en su vida decidió dejar de ser estático y se convirtió en alguien con capacidad de fluir, de crear, de imaginar, de construir, de soñar, en definitiva, de vivir. Haz de lo que tienes un nuevo ciclo que te llene de esperanza, ilusión y vida o crea un nuevo objetivo que te aporte eso que crees que te falta. Está en tu mano hacer que una de las dos cosas se cumpla, con perseverancia, esfuerzo y compromiso.

Todo se acaba, cierto, pero quizá ha llegado el momento de que empiece algo mucho mejor. Te lo mereces.