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Entrevista para la revista ANEL
“Las empresas son algo muy serio por eso hay que tomárselas con humor”
Vivimos una época visual en la que todo entra por los ojos. También la motivación. Por eso para Rubén Turienzo, fundador y director de la empresa Think&co, el cine es una herramienta ideal para ayudar a otros a conseguir sus objetivos y mejorar su efectividad en la empresa. Autor del libro “Dirige de cine” dinamizó la primera sesión de “Cine y empresa” organizada por la Escuela de Gerentes.
Una comedia, un drama, ¿qué puede aportar a las organizaciones?
Historias. Se recupera la tradición clásica de contarlas, como hizo en su momento Esopo con las fábulas. Son enseñanzas aplicadas para que las entienda el pueblo, para que cualquiera podamos entenderlas. Es lo que nos proporciona el cine. Cualquier película está repleta de historias humanas que podemos extrapolar a nuestras organizaciones.
La clave está entonces en las personas…
Las empresas son personas. Nos podemos empeñar en que son estructuras muy complejas, con una dinámica diferente a la de la vida privada. Pero al final hay elementos básicos: la gente compra aquello que le produce confianza, ya se trate de un producto o de un servicio, con un mecanismo similar al de una relación personal. Tú eliges a tu chico o tu chica porque confías. Al igual que con todo aquello que consumes.
Así que ¿no hay empresa tóxica, sino personas tóxicas?
La organización se comporta como las personas que la forman. Marca mucho el estilo del jefe, que no se suele diferenciar mucho del rol que este juega en la vida privada. Alguien autoritario lo suele ser en todos los ámbitos. Hay que ir un paso más allá. Se suele hablar de jefes tóxicos y tónicos, que animan y mueven. Pero todos y todas somos responsables de lo que sucede en nuestro entorno laboral.
Pero ¿siempre hace falta un líder?
Siempre hace falta una figura de liderazgo y cierta jerarquía pero bien entendida. Tiene que haber alguien que tenga la visión y guíe a la organización o al equipo, pero ese rol puede ser dinámico, puede compartirse, desplazarse.
¿En qué consiste ese liderazgo dinámico?
Es un liderazgo empático y democrático, que conoce los problemas e inquietudes de las personas de la organización y que se implica en ellos. Es el liderazgo del optimismo y la valentía, en el punto medio entre la prudencia y la temeridad. Un liderazgo de acción, abierto al mundo, capaz de reaccionar en cada momento. Es el ideal al que hay que intentar acercarse.
Ese dinamismo recuerda a un guión cinematográfico…
En ellos hay planteamientos claros que deben resolverse. Y al acudir al cine compartimos experiencias con el resto de los espectadores a la vez que nos sentimos identificados con alguno de los personajes. La diferencia de una sesión normal es que provocamos la reflexión que luego debe ser implementada en la organización a partir de las conclusiones que cada persona ha obtenido. Nosotros simplemente le damos el apoyo externo para generar una visión global. Servir de estímulo para el cambio.
¿Invita a tomarse los problemas a risa?
Las empresas son algo muy serio por eso hay que tomárselas con humor. Las organizaciones necesitan implementar la diversión, porque si no hay disfrute es muy difícil generar entusiasmo. A muchos directivos les cuesta entender que cada persona necesita una alta dosis de diversión. Por eso es tan interesante trabajar a partir de la comedia, ya que en ella se suele exagerar las situaciones pero también es más fácil empatizar con los personajes.
¿La receta para “dirigir de cine”?
No existen fórmulas mágicas. Pero hay que ser capaces de motivar, para lo que hay que crear un escenario favorable. Hay que tener en cuenta los pequeños detalles, prestar atención a cómo se dicen las cosas. Conseguir cercanía y empatía sin perder firmeza. Fomentar la lealtad, lo que no se logra con dinero sino generando confianza y entusiasmo.