Historia completa de mis fracasos sexuales

Imagina que por un momento hicieses tú la misma prueba que el director de esta película y te expusieras a ser juzgado o juzgada por los errores cometidos en las relaciones pasadas. Imagina por un momento que cámara en mano te decidieses a entravistar a todas las personas que han tenido alguna relación o encuentro sexual contigo y enfrentarte a modo de espejo y con el tiempo ya a tu contra, a todas y cada una de las opiniones de aquellas personas que de una manera u otra dejaron de estar en tu vida…

Esta película me ha parecido fascinante, divertida, entretenida, eficaz e inteligente, pero sobre todo me ha hecho pensar en la valentía y en como vamos dejando que nuestras vidas vayan continuando sin detenernos a meditar o a conversar con tranquilidad en el porqué del final de las cosas. En nuestros fallos, en aquello que hicimos mal. Ser valientes como Chris Waitt, el director y protagonista. Éste trás su última ruptura, decide hacer un documental sobre sus problemas sentimentales, entrevistando a sus ex-novias para intentar comprender por qué todas le dejan ya que quiere encontrar una relación larga y satisfactoria.

Las situaciones cómicas se repiten durante toda la película:  los gestos del protagonista; las ex-novias que cuentan barbaridades de él;  sus patéticos desnudos integrales;  las anotaciones que hace en su libreta que saca de las entrevistas, como por ejemplo “dejar de ser un puto vago” o “no besar a la madre de tu novia”;  la canción que compone;  cuando va su madre a limpiarle su piso;  las terapias que sigue para mejorar su vida sexual; cuando va por la calle desesperado de acostarse con alguna… En fin, una película altamente recomendable.

Pero sobre todo… es un ejercicio que debería ser obligatorio. Yo, como no tengo demasiadas experiencias en el terreno sexual, ni de relaciones amorosas creo que podríamos hacer una pequeña variante de esta maravillosa, pero dura, experiencia. Imagina a todas las personas con las que has perdido el contacto, con las que ya “no te hablas” o con las que el tiempo y la distancia os han pasado factura. Imagina poder reunirles y entrevistarles uno a uno para intentar descubrir, ¿cómo eres en las relaciones personales? ¿qué haces mal? ¿qué impidió seguir la relación?… Ahora imagina hacerlo con compañeros de trabajo, clientes, proveedores, jefes…

¿Acaso no sería maravilloso para nuestro crecimiento personal enfrentarnos a nuestras acciones pasadas con el fin de aprender de ellas y desarrollarnos? ¿Acaso tienes miedo de reconocerte en actitudes que nunca “prescriben” y que siguen presentes en la mente de otras personas?

Sin duda un gran ejercicio… sin duda una gran película para este fin de semana.


3 comentarios 5 Febrero 2010


Empatía, esa gran desconocida.

Uno de los elementos clave que forma parte la inteligencia emocional, es la empatía, la cual pertenece al dominio interpersonal. La empatía es el rasgo característico de las relaciones interpersonales exitosas.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de empatía? La empatía no es otra que “la habilidad para estar consciente de, reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás”. En otras palabras, el ser empáticos es el ser capaces de “leer” emocionalmente a las personas.

Es sin duda una habilidad que, empleada con acierto, facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relación entre dos o más personas. Así como la autoconciencia emocional es un elemento importantísimo en la potenciación de las habilidades intrapersonales de la inteligencia emocional, la empatía viene a ser algo así como nuestra conciencia social, pues a través de ella se pueden apreciar los sentimientos y necesidades de los demás, dando pie a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad. Veamos su importancia.

El Radar Social

Si por un lado, un déficit en nuestra capacidad de autoconciencia emocional nos lleva a ser vistos como analfabetos emocionales (iletrados en el “abc” del reconocimiento de las propias emociones), una insuficiencia en nuestra habilidad empática es el resultado de una sordera emocional, pues a partir de ello, no tardan en evidenciarse fallas en nuestra capacidad para interpretar adecuadamente las necesidades de los demás, aquéllas que subyacen a los sentimientos expresos de las personas.

Por ello la empatía es algo así como nuestro radar social, el cual nos permite navegar con acierto en el propio mar de nuestras relaciones. Si no le prestamos atención, con seguridad equivocaremos el rumbo y difícilmente arribaremos a buen puerto. Revisemos ahora con detenimiento en qué nos es útil.

A través de los cristales del otro

No es raro que se crea comprender al otro sólo en base a lo que notamos superficialmente. Pero lo peor puede venir al confrontar su posición con la nuestra y no “ver” más allá de nuestra propia perspectiva y de lo aparentemente “evidente”.

Debemos saber que nuestras relaciones se basan no sólo en contenidos manifiestos verbalmente, sino que existen muchísimos otros mecanismos llenos de significado, que siempre están ahí y de los que no siempre sabemos sacar partido. La postura, el tono o intensidad de voz, la mirada, un gesto e incluso el silencio mismo, todos son portadores de gran información, que siempre está ahí, para ser decodificada y darle la interpretación apropiada. De hecho, no podemos leer las mentes, pero sí existen muchas sutiles señales, a veces “invisibles” en apariencia, las cuales debemos aprender a “leer”.

Un individuo empático puede ser descrito como una persona habilidosa en leer las situaciones mientras tienen lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran; al saber que una situación no es estática, sacan provecho de la retroalimentación, toda vez que saben que el ignorar las distintas señales que reciben puede ser perjudicial en su relación. Es también alguien que cuenta con una buena capacidad de escucha, diestra en leer “pistas” no verbales; sabe cuando hablar y cuando no, todo lo cual le facilita el camino para influenciar y regular de manera constructiva las emociones de los demás, beneficiando así sus relaciones interpersonales. Pueden ser buenos negociadores, orientados hacia un escenario donde todas las partes salgan ganando.

Por otro lado, las personas débiles en esta habilidad tienen dificultades para “leer” e interpretar correctamente las emociones de los demás, no saben escuchar, y muchas veces son ineficientes leyendo las señales no verbales, razón por la que pueden evidenciar una torpeza social, al aparecer como sujetos fríos e insensibles. Está claro que la insensibilidad a las emociones de los demás socava las relaciones interpersonales. Los individuos que manifiestan incapacidad empática no saben leer su radar social, motivo por el que –algunas veces sin proponérselo– dañan la intimidad emocional de quienes tratan, pues al no validar los sentimientos y emociones del otro, éste se siente molesto, herido o ignorado.

En el grado extremo de la carencia de esta habilidad están, por una parte, los alexitímicos (personas incapaces de expresar los propios sentimientos y de percibir adecuadamente los de terceros) y, por la otra, los elementos antisociales o los psicópatas, quienes guardan poca o ninguna consideración por los sentimientos ajenos y pueden más bien, en muchos casos, manipularlas en propio beneficio.

Cualquier tipo de relación, amical, marital, familiar o de trabajo, puede verse afectada por esta capacidad. De hecho, investigaciones diversas demuestran que es una habilidad esencial en muchas ocupaciones, especialmente en aquéllas que tienen que ver con el trato al público, las ventas, las relaciones públicas, los recursos humanos, la administración, por citar algunas. Lo cierto es que sus aplicaciones pueden ser diversas, en la formación de líderes, en estudios de identificación de necesidades organizacionales y/o del mercado, en consultoría organizacional, en psicoterapia, en medicina, entre otros. En todas éstas es una habilidad crucial para alcanzar la excelencia.

Dentro de otros zapatos

El proceder con empatía no significa estar de acuerdo con el otro. No implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias la del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias motivaciones.

A través de la lectura de las necesidades de los demás, podemos reajustar nuestro actuar y siempre que procedamos con sincero interés ello repercutirá en beneficio de nuestras relaciones personales. Pero ello es algo a lo que debemos estar atentos en todo momento, pues lo que funciona con una persona no funciona necesariamente con otra, o es más, lo que en un momento funciona con una persona puede no servir en otro con la misma.

Mahatma Gandhi sostenía alguna vez lo siguiente «las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista»; en coherencia con ello, él decidió no proceder con violencia en su propósito por lograr la independencia de su país, y contra todo pronóstico la “resistencia pacífica” que propulsó fue el arma decisiva en la consecución de la ansiada liberación de su patria, la India.

Ciertamente no tenemos que ser como Gandhi para darnos cuenta que existen sutiles “armas” que podemos usar en beneficio propio y de los demás, que no son para destruir sino para hacer florecer relaciones provechosas en aras de nuestro crecimiento como seres humanos. Finalmente, no es exagerado sostener que las bases de la moralidad misma pueden hallarse en la empatía, en la cual a su vez (al ser llevada con integridad) está la raíz del altruismo.


Dejar un comentario 3 Febrero 2010


El elemental tándem

Toda persona que aspire a forjar un buen liderazgo o una buena influencia social, debe considerar disponer de un buen tándem. Está comprobado que el mejor liderazgo es el que se ejerce mediante un tándem: un auténtico líder con visión de futuro, un proyecto aglutinador y cierta imagen social y un gestor meticuloso.

Pocas veces un divorcio le ha venido tan bien al mundo del cine. Y es que cuando Guy Ritchie se había ganado el estatus de director de culto gracias a Lock & Stock y Snatch llegó su matrimonio con Madonna.

Cuando en 2002 estrenó Barridos por la marea, película al servicio de su diva y esposa, todo el mundo se llevó las manos a la cabeza. ¿Cómo era posible que el director que había sorprendido con sus diálogos afilados, personajes entrañables, situaciones absurdas y gángsters imposibles realizase tal bazofia cinematográfica? Su siguiente película, Revolver, aunque mejoraba ligeramente ya que se dejaba de horteradas romanticonas para volver a su tipo de cine, seguía siendo una película menor y que pasó prácticamente desapercibida.

Pero llegó lo que todos los aficionados al séptimo arte estábamos esperando: Su divorcio. Y con él, recuperamos al Ritchie de siempre. Rock&Rolla nos reconcilió con su cine y sirvió como antesala a su siguiente y esperado proyecto: Sherlock Holmes.

Pese a que en un principio pudiese sonar extraña la elección de Ritchie para llevar al cine el personaje de Conan Doyle (y más siendo éste interpretado por un americano como Downey Jr.) una vez vista podremos decir que estamos, junto a El Secreto de la Piramide y El Perro de los Baskervilles de Fisher, ante una de las mejores películas del famoso detective.

El Sherlock Holmes de Ritchie es trepidante, frenético y divertidísimo. El estilo del director está presente en cada fotograma con un montaje que no da el tiempo al respiro, con situaciones divertidísimas y con unos personajes geniales. El tándem Downey/Law tiene una química grandiosa y que sirven de réplica perfecta a un Mark Strong que está enorme. Su interpretación de Lord Blackwood, al más puro estilo villano de la Hammer, confirman a este actor como uno de los mayores talentos que ha dado el cine británico en los últimos años.

Pese a ser un guión que no está basado en ninguna de las aventuras de Holmes que escribió Doyle, sí es muy fiel a la obra en su conjunto (más de lo que pueda parecer). Aparte de los susodichos Holmes/Watson, también pasarán por pantalla el inspector Lestrade, Mary Morstan, Mrs. Hudson e Irene Adler (aka La Mujer). No obstante, este personaje interpretado por Rachel McAdams, no tiene en la película el protagonismo y la importancia que tal vez merecía.

No hay duda que el Sherlock Holmes de Ritchie, además de ser una propuesta divertidísima, va a servir como punto de inicio a una saga que no tardará en tener una segunda entrega. ¿Quizás con Brad Pitt haciendo de Moriarty? El tiempo lo dirá…”

No camines en soledad. Nadie puede llegar el éxito completo sin alguien que complemente tus carencias.

Nadie tiene todas las habilidades necesarias para el liderazgo perfecto. Nadie tiene todas las herramientas para la influencia social perfecta.


2 comentarios 1 Febrero 2010



La grandeza de las cosas simples

Bienvenido y bienvenida a la grandeza de las cosas simples. Una línea de pensamiento basada en el discurso ilusionante, en la utilización de la creatividad y la diversión como método de desarrollo.
Utilizando las poderosas herramientas del marketing personal aplicadas al liderazgo social apostaremos por líderes y personas empáticas, frescas, valientes, originales, optimistas y resolutivas capaces de enfrentarse a las normas establecidas, desarrollar sus capacidades y optimizar las de sus equipos.

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