Dando botes :P

Ayer viví uno de los momentos más gratificantes de los últimos años. Un concierto repleto de grandes momentos, de enormes canciones y de himnos generacionales que sin duda están grabados en la memoria colectiva. U2 fue espectacular, Madonna extraordinaria, Franz Ferdinand refrescante… pero Green Day ha sido insuperable.

Un concierto bien trabajado en la disposición de la lista de canciones. Una inteligente elección que situaron seis de los temas de su nuevo disco en las primeras ocho canciones. Aderezadas por un “Holiday” cargado de Adrenalina. Y es que este grupo nació para tocar en directo. La animación constante, la interacción con el público (hasta un chico subió a tocar la guitarra en “Jesus of Suburvia”) el juego de luces, las llamaradas, cohetes… y un final sencillamente memorable. Lo dicho, el mejor concierto al que he asistido en mucho tiempo.

Pero… ¿Y la importancia de asistir a un acto como este? ¿Cómo nos ayuda descargar adrenalina un concierto? ¿Y lo sano que es gritar al coro de miles de personas? ¿Y la importancia de saciarte emocionalmente en un evento de estas características? ¿Y lo necesitados que estamos de vivir algo asi y lo beneficioso que es?

Hoy, un poco más relajado, aunque aun con los acordes del American Idiot en la cabeza, me detengo a pensar en la necesidad que tenemos en vivir enérgicamente y suministrar dosis de adrenalina ante la apatía general, la losa informativa de la psico-crisis y el miedo constante a lo que nos rodea y nos engulle. Y claro, como no podía ser de otra manera, pensé, ¿cómo podemos aplicar esta reflexión a la estrategia personal?

La gente necesita optimismo, valentía, fuerza y un grito al cielo. Nosotros llegaremos a ser lo que queramos llegar a ser y no lo que otras personas nos digan que podemos ser. Piénsalo.

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pd. video del concierto de Vancouver, de Madrid los subiré otro día.


Dejar un comentario 30 Septiembre 2009


¿Perseverancia o tozudez?

Una realidad innegable a todo proceso estratégico es la virtud asociada a la perseverancia de la acción. Sin duda alguna cuando alguien profesional requiere de la consecución de un éxito, cualquier coach, gurú, o consejo de sabios que le asesore, le advertirá de la necesidad de perseverar y le enmarcará en una situación de esfuerzo continuo para alcanzar correctamente el objetivo.

Sin embargo, no se puede tirar un muro de piedra a cabezazos. Por mucho que perseveres. Ya que como decía Jean Baptiste Alphonse Karr: “nos gusta llamar testarudez a la perseverancia ajena pero le reservamos el nombre de perseverancia a nuestra testarudez.”

La importancia estratégica del análisis y planteamiento de todos los componentes que rodean nuestra visión y misión serán imprescindibles para concluir qué acciones son necesarias y por lo tanto certeras para con nuestro objetivo, y que acción, habilidad o aptitud es mejor que releguemos a un segundo plano o incluso dejemos de utilizar, por su ineficacia, ya sea energética o mucho más grave, de errónea gestión de nuestro tiempo.

Como buen nacido en el madrileño barrio de Chamberí, con el olor a barquillo impregnado en mi cerebro, el sabor de las rosquillas grabado en mi paladar y los atardeceres desde el Campo del Moro tatuados en mi retina, quiero lo mejor para Madrid. Porque Madrid es un conjunto de sueños y éste sueño lo merece.

Hace unas semanas el COI emitió su primer informe de evaluación de las cuatro ciudades que optan para la celebración de las olimpiadas en 2016. Tokio, Río de Janeiro y Chicago salen mejor paradas que la capital española, o al menos eso es lo que todos los analistas comentaban en los diarios nacionales. Dudas sobre la lucha antidopaje, reestructurar la organización y diferenciar los roles son los detalles qué más nos han afectado negativamente. El próximo viernes es la gran cita…

¿Se está haciendo lo correcto cuando se intenta una y otra vez alcanzar una candidatura olímpica tras haber sido descartados para su celebración en el 2012? ¿Realmente se ha contemplado la ley no escrita que asegura que nunca se ha repetido continente (Londres 2012)? ¿Piensan los responsables políticos que nuestra opción es lo suficientemente poderosa como para convencer al jurado de que cambie una tradición? Y la peor de las cuestiones, ¿Es legítimo justificar su perseverancia cuando las damnificadas son terceras personas?

Recuerdo como hace unos años la ciudadanía madrileña esperaba con ilusión y esperanza un dictamen que luego resultó negativo. Recuerdo como miles de personas en la céntrica Plaza de Colón se llenaban de tristeza, de rabia, de desolación y de frustración al ser descartados por Londres. Recuerdo las lágrimas y los abrazos. Recuerdo un sueño destrozado evaporándose por el Paseo de la Castellana, la Puerta del Sol y El Parque del Retiro.

Pero un madrileño no se pararía viendo como otra ciudad se lleva nuestro sueño. Somos una ciudad creada por una amalgama de culturas, sentimientos y voluntades. Un arcoiris de valores con enormes diferencias pero un nuevo espíritu de unión. Un sueño que no dejaremos que esta vez se nos esfume. Y aupados en ese sentimiento surcaremos el Olimpo para seguir exigiendo el nombramiento de nuestra ciudad como sede legítima.

Ese sueño que se rompió hace años fácilmente se recompone ya que la ciudadanía así lo requiere, ¿Pero es lo correcto?

No existe ninguna duda que casi todos los teóricos del liderazgo y pensadores de la gestión social, desde Aristóteles a Roosevelt o Nader siguen apostando por la perseverancia de las acciones, aunque poco se habla de la necesidad de analizar si la estrategia es la correcta y si no será ese nuevo intento, un simple y fugaz gasto de energía.

En la película norteamericana sobre un torneo de golf, Tin cup, dirigida por Ron Shelton y protagonizada por Kevin Costner, nos narran una escena en la cual el jugador que va a un golpe de apoderarse del triunfo se enfrenta a dos posibilidades. Por un lado podría intentar asegurar su liderato y por el otro, hacer historia. Escoge la segunda opción y tras un primer golpe errado, lo vuelve a intentar… y vuelve a fallar. Así una y otra vez hasta que toda esperanza de ganar queda reducida a una mera anécdota.

Como todo deportista sabe, la lucha entre nuestro cerebro, ego, corazón y técnica es verdaderamente desoladora y no siempre se alcanza la marca necesaria. Aunque hubieses entrenado, comprobado el aire, seguido los consejos de un buen entrenador o reservado energías suficientes. Hasta lo más grandes saben cuando deben tomarse un respiro y descansar.

Ocupar un rol de liderazgo y tener que tomar decisiones, implica necesariamente que evaluemos la eficacia de nuestra gestión y estrategia. Debemos aprender a no rendirnos, debemos comprender que el éxito puede estar detrás del siguiente intento, pero es justo, por nosotros, nuestras organizaciones y por quien nos rodea, que actuemos con perseverancia siempre y cuando exista una opción real de alcanzar nuestro objetivo.

La vida no premia la cobardía y a quien se esconde, pero tampoco a la imprudencia. Aunque sea olímpica.


Dejar un comentario 29 Septiembre 2009


La gran respuesta

Mañana empiezo de nuevo mi etapa como alumno de publicidad… tras las anécdotas del año pasado (en la que aprobé todas las asignaturas aunque con algún que otro malentendido) me apetece recordar esta nota que publiqué hace casi dos años con respecto a la creatividad, los paradigmas, los convencionalismos y las mentes conservadoras que inundan las clases de institutos y universidades. Espero que nos haga a todos reflexionar…a mí me lo hace cada día…

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: ‘Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro’.

“El estudiante había respondido: ‘lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio’.

“Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

“Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, calcule el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplique la formula altura = 0,5 A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

“Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

“Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí, contesto, este es un procedimiento muy básico: para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura.

“Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la per-pendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle:

“-Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo. En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar”.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

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Dejar un comentario 28 Septiembre 2009



La grandeza de las cosas simples

Bienvenido y bienvenida a la grandeza de las cosas simples. Una línea de pensamiento basada en el discurso ilusionante, en la utilización de la creatividad y la diversión como método de desarrollo.
Utilizando las poderosas herramientas del marketing personal aplicadas al liderazgo social apostaremos por líderes y personas empáticas, frescas, valientes, originales, optimistas y resolutivas capaces de enfrentarse a las normas establecidas, desarrollar sus capacidades y optimizar las de sus equipos.

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