El gran pez II

Muchos somos los autores que ofrecemos nuestras herramientas y enseñanzas a otras personas para que con ellas lleguen a lo mas alto, sin embargo, no todas lo consiguen. Algunos por falta de disciplina, otras por un error en la aplicación y otras incluso porque no son las apropiadas, pero si hay un fallo insalvable es comenzar tu camino sin conocer qué tipo de pescador eres.

Por muy claro que tengas el objetivo, por muy desarrollado que tengas tu plan de negocio o identificadas las herramientas necesarias. Aunque sepas alternar escenarios e intentes pescar al viejo James acercándote o alejándote, sólo o acompañado… Convéncete de una cosa, si no sabes quien eres, nunca podrás llegar todo lo lejos que quieras. Si no sabes qué pescador eres, nunca conseguirás pescar al viejo James. Incluso nunca sabrás si la estrategia de pescar un sólo gran pez es la realmente eficaz.

Pero conocerse no es sencillo.

Exprimir plenamente una obra como la que a continuación vas a disfrutar y sacar de ella el mayor provecho posible requiere un primer planteamiento; debes saber quién eres y lo más importante, cómo eres. Y ojalá enfrentarse a eso fuese sencillo.

Nadie dijo nunca que el resultado que esperamos nos lo fuesen a regalar, pero quiero que con esta pequeña introducción tengas al menos algunas fórmulas que te ayuden a ello.

“Conócete a ti mismo”. Los siete sabios se encargaron de imponer esta conocida inscripción en el frontispicio del templo de Delfos, y es evidentemente, una pieza fundamental del pensamiento griego. Muchos pensadores han intentado enarbolar sus matices y reflexionar sobre ella, desde Sócrates y Platón, hasta Confuncio o el autor del arte de la guerra, Sun Tzu.

Pero no es mi intención entablar una complicada retórica filosófica y me gustaría exponer una segunda parte menos conocida de la inscripción que descubrí junto a mi amigo y maestro, Juan Carlos Cubeiro; “Nada en exceso”. Y aquí volvemos al punto principal de esta humilde introducción. ¿Quién puede ser consciente de que está abusando de algo o de que realmente se está excediendo? Simplemente aquellos que se conozcan.

Entonces, recojamos la caña anaranjada, aparquemos el oráculo de Delfos y pongámonos a trabajar.

Como veremos en la fabulosa historia de este libro, nos convertiremos en auténticos potenciadores del cambio y en personas capaces de controlar el arte de la influencia, haciendo de nosotros mismos una gran marca. Nuestra actitud y conducta serán nuestro mayor escaparate, pero antes, deberemos seguir los pasos oportunos.

Primer paso. Frente al espejo.

A toda persona le cuesta pararse a mirarse detenidamente frente al espejo. Incluso aquellas que más se quieren, no soportan examinarse detenidamente frente a su imagen sin comenzar a sacarse defectos, fallos o elementos que podrían mejorar. ¡Y eso que normalmente somos más benévolos con nosotros que con quien nos rodea!

Haz la prueba el próximo día que salgas de la ducha e intenta examinar tu cuerpo durante apenas tres minutos, verás lo que digo.

Y ¿Por qué nos cuesta? Simplemente por que tenemos una idea de nosotros ya preestablecida en nuestra cabeza y el espejo, en algunas ocasiones, nos devuelve a la realidad de una manera brusca y sin contemplaciones.

Pero no dejaremos que nuestro reflejo nos domine, ni nos apabulle. Somos dueños de nuestro reflejo, así que comencemos a eliminar las creencias que hemos establecido y conozcamos de verdad cómo somos.

Yo suelo recomendar escribir una pequeña biografía de unas diez líneas en las que se preste mayor atención a las emociones que a los datos curriculares. Y termina con una descripción de los cinco adjetivos que crees que te identifican positiva y negativamente. Intenta ser objetivo y exigente. Algo que quedaría más o menos así:

“Siempre he sido un joven inquieto y curioso. Cuando era pequeño, si mis padres me regañaban, yo cogía y salía andando cabreado y no paraba hasta que no se me pasaba. Imagina los disgustos que llegué a darles. Era obstinado y muy terco. Algo que con los años se ha ido transformando en perseverancia y en obsesión por la perfección. Sé que en ocasiones he proyectado una imagen de soberbia al pensar y decir claramente cuales son mis objetivos, y es que mi ambición (siempre sanamente entendida) choca con el conformismo de la mayoría de las personas.

Me considero una persona a la que le gusta lo bello y en mi adolescencia siempre me acompañó un cierto aire nostálgico y romántico sin excesos, que creo que a día de hoy se ha convertido en un auténtico mimo por los detalles y un cuidado extremo por las personas que me importan.

Creo que soy una persona cercana, trabajadora, creativa, proactiva y muy sociable. Pero también reconozco que soy imprudente, no me gusta seguir las normas, testarudo, irreverente y en ocasiones algo burlón”

Una vez terminada recuerda que esa carta es el conjunto de creencias que tienes de ti y desarrolla un perfil de quién crees que eres. Pero ha llegado el momento de enfrentarlo al espejo. ¿Quién nos hará de espejo? Las personas que ven ese reflejo normalmente; familia, amigos, pareja…

Enséñales de manera individual tu pequeño escrito y pídeles que corrijan sobre el texto (sin borrar nada del original) o que añadan su percepción a los adjetivos finales. Cuantas más personas participen, más clara será tu percepción del conjunto de proyecciones.

Una vez terminado, recoge toda la documentación y estudia detenidamente cada escrito, cada palabra e intenta ver qué actitud tuya pudo provocar que la persona concreta lo escribiera.

Descubrirás que elementos que inicialmente no reconocías de ti, están presentes en tu personalidad y por tanto, forman parte fundamental de lo que eres. Recuerda, si otros lo perciben es porque tú lo proyectas.


Dejar un comentario 13 Octubre 2009


El gran pez I

(Introducción que escribí para el libro El Arte de la influencia de LID Editorial)

En primer lugar déjame que te felicite. Enhorabuena. Sé que en las próximas páginas, de una manera simple, cercana y potente vas descubrir una serie de conceptos, que como muy bien explica Marta Romo en su prólogo, como si fuesen mantras, te dotarán de la base necesaria para comprender y poder desarrollar de una manera efectiva el arte de la influencia.

Sin duda, una cosa es cierta, serás mejor cuando te termines este fabuloso relato. Aprenderás que el poder está en tus manos y que nuestras acciones son determinantes en el, nunca lo suficientemente bien elogiado, mundo de la influencia interpersonal.

Situación que me coloca a mi en un delicado escenario, estar a la altura de la profundidad de la historia y de la cercanía de su autor. Espero no defraudar, pero como dijo un amigo una vez: ¿Alguien se lee las introducciones?

Pero si los famosos cuatro fundamentos que el libro te desarrollará tienen una potencia indudable, hay un concepto del que me he vuelto un auténtico seguidor. El concepto de la pesca. No quiero adelantarte nada ni contar parte de la trama del libro, simplemente diré que en las próximas páginas comprenderás por qué si elegimos ser cazadores dispararemos a una presa y el resto huirá, consiguiendo que nuestra influencia disminuya y si por el contrario pescásemos, nuestras piezas serían las que eligiesen acercarse a nosotros. ¿Comprendes qué es la influencia? Pero ahora no es el momento de adelantar nada, si no de situarnos en otro escenario, concretamente en uno anterior, pero antes permíteme que te cuente una historia:

“El joven doctor Lang había escuchado cientos de veces la historia del gran pez del lago Puketoing. Una carpa real que rondaba los cuarenta kilos de peso y el metro veinte de longitud. Sin embargo y aunque muchos pescadores habían visto al “viejo James” que era como llamaban a la asombrosa criatura, ninguno había sido capaz de atraparlo.

Años de intentos frustrados en cientos de profesionales de la pesca, habían conseguido que el carisma de la carpa llegase a un límite, que nadie en los alrededores de Puketoing quisiera atraparlo, dejando tan cuestionables deseos a los foráneos del lugar y a los intrépidos turistas.

- ¡Eso es que se han dado por vencidos! – decía el joven Lang cuando alguien le comentaba el pacto entre pescadores – ¿Quién es su sano juicio no querría capturar una pieza así?

Durante semanas estuvo planeando todo lo necesario para poder disfrutar de unas maravillosas jornadas de pesca. Pudo pedir los días libres necesarios, se liberó de responsabilidades para poder dedicarse por completo a la pesca, buscó la mejor equipación, se informó de la situación del lago, la temperatura del agua, el tipo de cebo, buscó dónde hospedarse cerca del lago, el alquiler de la barca… todo lo necesario. Pero el día antes de partir se dio cuenta de un detalle fundamental, su antigua caña no podría con el peso de tan fornido animal, así que buscó una buena tienda de cañas de pescar y decidido a comprarse una, se dirigió al dependiente:

-       Quería una caña de pescar que me valga para carpas de cuarenta kilos.

El hombre de mediana edad que aguardaba tras el mostrador comenzó a reírse tras la ocurrencia del joven para,  tras unos segundos y una disculpa, replicar:

-       ¿Y piensa usted pescar muchas carpas de cuarenta kilos?

-       ¿Cómo dice? – dijo asombrado Lang – pescaré las que me encuentre.

-       Perdone que le pregunte, ¿qué tipo de pescador es usted?

Realmente el doctor no supo como contestar a eso, ya que la única experiencia que tenía eran los días de pesca con su padre hace años, así que dijo airadamente:

-       Pues un pescador normal, quiero una caña normal, para poder pescar una carpa de cuarenta kilos. He leído todo lo necesario, me he preparado y tengo todas las herramientas apropiadas para pescar una carpa de cuarenta kilos.

-       Querido amigo, no existen los pescadores “normales”, cada pescador necesita un estilo de caña, las hay para personas tranquilas, para metódicos, para personas con excelentes dotes técnicas… No quiero incomodarle, pero si usted quiere pescar una carpa de ese tamaño necesitará que la caña se adapte perfectamente a usted, independientemente de lo que haya usted estudiado.

-       Entiendo que si la caña debe aguantar ese peso, me debo llevar esa caña naranja robusta y gruesa – dijo Lang.

-       Y ahora comprenderá la pregunta anterior, ya que con sus hombros y brazos no creo que pueda aguantar la caña durante horas si fuese necesario, ni siquiera un tirón fuerte.

-       No me subestime, he decidido pescar al gran pez y aguantaré días si es necesario – dijo el joven doctor mientras malhumorado, se alejaba de la tienda con la caña anaranjada bajo el brazo.

Aun podía recordar la sonrisa del dependiente cuando apenas un día después y con todos los aperos necesarios para la jornada, tocaba con sus nuevas botas de pescar el agua del increíble lago Puketoing.

-       Hoy pescaré al viejo James – se dijo. Y tras echar la barcaza al agua, extendió la caña y comenzó a esperar.

Unos metros más allá, pudo ver cómo desde una barca cercana, un intrépido compañero sacaba un hermoso pez dorado, pero Lang se decía, “es bonito, pero no es el viejo James”.

Apenas habían pasado unos minutos, cuando la persona de la barca de al lado volvió a sacar otro pez similar al anterior. La confianza de nuestro amigo comenzaba a mermar, pero volvió a buscar la autocomplacencia con un “no es el viejo James”

Y transcurrían las horas y mientras que su cebo no se inmutaba, el del molesto vecino esporádicamente sacaba una de esas piezas doradas que ya tanto comenzaban a cabrear al joven doctor.

Al finalizar la tarde, sacó la barcaza del agua y coincidió mientras limpiaba la caña con el compañero con suerte de la barca cercana.

-       ¿Ha habido suerte? – preguntó.

-       La suerte me llegará cuando capture al viejo James – contestó Lang.

-       Seguro que es usted un buen pescador – dijo mientras metía en su nevera de transporte al menos nueve piezas de dos kilos cada una – Mañana será otro día.

Y efectivamente así fue, a la mañana siguiente todo comenzó de nuevo.

-       Hoy pescaré al viejo James – se dijo. Y volvió a echar su barcaza al agua mientras veía que a lo lejos ya se encontraba el pescador del día anterior. A lo que Lang pensó “si me acerco lo suficiente, seguramente el viejo James se alimentará de los peces que él saca y eso me acercará a pescarle”

Pero pasadas unas horas, la historia se repetía. Mientras una de las cañas no dejaba de sacar unos fabulosos peces dorados, la robusta y anaranjada caña de Lang permanecía inmóvil e impasible.

El joven doctor, abandonó un poco antes de lo esperado su puesto y mientras limpiaba de nuevo su caña, su compañero se le acercó y le dijo:

-       Toma compañero, que parece que hoy tampoco ha habido suerte – comentó ofreciéndole una excelente pieza.

-       Gracias pero no, he venido a pescar sólo al viejo James y así lo haré.

-       Está bien, lo comprendo, no se preocupe, es usted un buen pescador y mañana será otro día.

Pero esa noche no pudo dormir, Lang repasaba mentalmente lo que había leído en internet, sacaba los apuntes de los libros de pesca y se repetía una y otra vez “si tengo todo lo necesario, mañana no puede fallar nada”.

Algo cansado, pero con una ilusión enorme, a la mañana siguiente echó su barcaza al agua del fantástico lago antes que ningún otro mientras pensaba:

-       Seguro que así consigo llegar antes a mi presa y no le asusta mi competencia. Y mientras se repetía una vez más su determinante frase, se adentró en el lago – Hoy pescaré al viejo James.

Una hora después, vio que se acercaba la barcaza de los días anteriores mientras su ocupante no dejaba de sacar esas ocurrentes piezas. Lang cogió sus remos y se aproximó a ella. Había una pregunta que se había hecho toda la noche y no tenía respuesta.

-       Disculpe, ¿puedo preguntarle algo? – dijo amablemente – Cada tarde al despedirnos usted saca aproximadamente una decena de bellas piezas doradas y yo no consigo atrapar al gran pez que he venido a buscar, sin embargo usted me repite que yo soy un buen pescador.

El viejo pescador le miró sorprendido y le dijo:

-       Bueno, viste como un buen pescador, lleva una equipación de primera calidad, utiliza una caña realmente fantástica y cuando le veo prepararse siempre está comprobando los datos en sus manuales. Si no fuese un buen pescador, ¿por qué iba a utilizar todo este material?

El joven doctor se quedó perplejo mirando su reflejo en las aguas del lago Puketoing y comprendió que por muchas herramientas que hayas obtenido, por muchos conocimientos que creas que tienes, o incluso por mucho que cuides tu apariencia, él había hecho caso omiso a la pregunta esencial ¿Qué tipo de pescador eres?”


Dejar un comentario 12 Octubre 2009


Hasta los Obamas

La verdad es que hoy no pensaba escribir, pero esta noticia me ha despertado de mi tranquilo viernes.

No entiendo que a Obama le hayan dado el Nobel. Y no porque no crea que el presidente de los EEUU no vaya a alcanzar grandes hitos en la política internacional o porque el cambio de actitud de dicho país y de sus gobernantes no sea reseñable, pero sinceramente, comparar a Obama con el trabajo de concienciación medioambiental que consiguió Al Gore, con el excelente trabajo con los pueblos indígenas de Rigoberta Menchu, o Jody Williams y su lucha por la eliminación de las minas antipersonas me parece una total tomadura de pelo.

El premio Nobel de la paz, pese a lo mediático de los premios y la importancia de sus lobbys, siempre ha sido un referente de un trabajo bien hecho, de una lucha contra el stablishment. Es decir, se premian los actos realizados. Pero es descabellado darle el Nobel a una persona que aun no ha hecho nada (en estos momentos el armamento nuclear sigue en aumento) y que dirige un país que está en guerra (Afganistan) o que destina prácticamente cinco veces más en presupuestos al ejército que a servicios sociales o compromisos con los más necesitados.

Hace poco, en la gala para designar la sede para la celebración de las olimpiadas, de repente Chicago ganó en fuerza y se colocó como primera en las apuestas únicamente respaldados en una teoría: “Va Obama”. Sin embargo el jurado no se dejó impresionar y Chicago fue la primera en abandonar la carrera por los juegos olímpicos ¿Explicación? No había hechos consistentes que probasen que era mejor que otra candidatura.

Creo que aunque todas las personas con ideales progresistas estemos satisfechas del cambio de gobierno y de rumbo nacional e internacional que supuso la elección del primer presidente afroamericano de la historia de estados unidos, debemos comenzar a exigirle ya los hechos para premiarle. Porque Obama fue el primer candidato global, que ganó por los desméritos de Bush y por el impulso internacional que ganó con su estrategia. Millones de personas creímos en él y le aupamos a la victoria, por lo que si nos pidió fondos y apoyo ¿no ha llegado el momento de exigirle hechos?

Premiar a alguien sin tener en cuenta los hechos es quedarnos en las palabras. Y si preferimos las palabras a la hora de dar un Nobel… ¿Para cuando a Bono (U2)? Sus letras son mucho más bonitas.

Volvamos a la cordura y recordemos que Obama es sólo un político más que deberá ser juzgado por sus electores dentro de cuatro años cuando se comprueben los actos realizados. Volvamos a una posición en la que los premios Nobel eran un símbolo de prestigio y garantía de una labor contrastada. No me identifico con un Nobel que tiene su país en guerras, que fabrica armas y las vende por todo el planeta, que explota a países en vías de desarrollo o que no respeta el medio ambiente. En esto no contáis con mi apoyo.

Pero la auténtica reflexión es… ¿Tantas ansias de protagonismo no crearán próximamente que la ciudadanía esté cansada de Obama?

Firmado: Un admirador de los premios Nobel y de las personas que sí han demostrado sus acciones para recibirlo.

Guatemala


4 comentarios 9 Octubre 2009



La grandeza de las cosas simples

Bienvenido y bienvenida a la grandeza de las cosas simples. Una línea de pensamiento basada en el discurso ilusionante, en la utilización de la creatividad y la diversión como método de desarrollo.
Utilizando las poderosas herramientas del marketing personal aplicadas al liderazgo social apostaremos por líderes y personas empáticas, frescas, valientes, originales, optimistas y resolutivas capaces de enfrentarse a las normas establecidas, desarrollar sus capacidades y optimizar las de sus equipos.

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