
La gente que me conoce sabe que soy un amante del cine. Y los que me conocen bien saben que mi mayor pasión por las historias me las suele ofrecer la pequeña pantalla.
Soy un apasionado de las series de ficción.
Desde pequeño, series como Cheers o el Equipo A despertaron algo en mi interior que a padecido de insomnio desde entonces. El testigo lo recogieron series como Expediente X, Misterio para tres o Twin Peaks llenándo mi cabeza con increíbles historias llenas de fantasía y de intriga. En la actualidad, Perdidos, Anatomía de Grey, House, Los Soprano o Boston Legal me tienen entregado. Sin embargo, algo que despertó hace ya veinte años está a punto de caer en los brazos de Morfeo.
El sindicato de guionistas de cine y televisión de EE UU (WGA) ha iniciado una huelga indefinida que dura ya más de dos meses, decisión que ha provocado la paralización de gran parte de los rodajes de la industria cinematográfica de Hollywood ya que más de 12.000 guionistas están afiliados al WGA.
El origen de esta huelga, la primera que tiene lugar en 20 años, está en una disputa con los productores sobre sus ganancias por la venta de los DVDs de las series de televisión y por los pagos por los programas que se ofrecen en Internet, en los teléfonos móviles y otros tipos de nuevos medios tecnológicos.
Los productores rechazan las demandas de los escritores ya que, según ellos, son inviables. Los analistas advirtieron de que cualquier tipo de huelga podría perjudicar severamente la producción de la industria. “Todo el mundo sabe lo que cuesta un DVD y que un guionista obtiene entre cuatro a cinco centavos por la venta del DVD”, declaró el pasado mes en la noche el guionista Bryce Zabel. “Lo que estamos pidiendo son ocho (centavos), y ellos dicen que eso es vergonzoso”, según el escritor.
Vergonzoso y ridículo. Las grandes compañías televisivas como la FOX, ABC o NBC están perdiendo sumas de dinero que, según un estudio de los escritores y avalado por la WPAEU, podrían haber respaldado la propuesta durante los próximos cinco años.
Sin embargo, el problema es que las productoras no quieren ceder porque alegan que si lo hacen, los músicos serán los siguientes y uno a uno, todos los gremios partícipes de un proyecto de esas magnitudes reclamarán parte de los beneficios.
En una época en la que el mercado está cambiando y que posturas como la de Radiohead con su último disco (lo sacó gratis por Internet y ahora es numero uno en las listas tradicionales de ventas) demuestran que ambas opciones son compatibles. En una época en la que la industria debería fortalecerse en la unión de sus trabajadores para ser un equipo preparado para superar los problemas de una competencia feroz.
Esa misma actitud la vivimos cada día en cientos de nuestras empresas. Directivos que están dispuestos a renunciar al producto o a un éxito global si ellos tienen que renunciar a una pequeña porción de su éxito particular. Todos deberíamos mirar por el bien común y por el entendimiento. Sin poner trabas. Do ut des.
Espero que igual que dichos directivos poco a poco van cambiando su actitud, los productores corrijan su postura y pronto se llegue a un entendimiento para satisfacción de los millones de espectadores que ahora nos limitamos a ver como cientos de artistas se han quedado sin nada que decir.
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11 Enero 2008

Randall “Rand” Peltzer, un modesto inventor de cuestionable éxito vive en la ficticia comunidad de Kingston Falls y viaja a Chinatown en Nueva York para vender sus inventos y comprar un regalo para su hijo Billy.
Finalmente compra en la pequeña tienda de un anciano chino una criatura llamada mogwai (que significa en Cantonés “espíritu maligno”). El dueño de la tienda no quería vender el animal pero su nieto se lo vende en secreto a Rand. Aunque la criatura tiene un aspecto inocente, el nieto del dueño advierte a Rand que debe respetar algunas precauciones:
- El mogwai no soporta las luces brillantes y no debe recibir luz del Sol, que lo mataría.
- Nunca debe mojarse al mogwai.
- Y lo más importante, nunca se debe alimentar al mogwai después de la media noche.
Rand llama a la criatura “Gizmo” y se lo regala a su hijo. Este descubre que la criatura es muy inteligente y todo parece ir bien hasta que un amigo de Billy derrama agua sobre Gizmo, lo que provoca que salgan unas bolas peludas del animal. De estas bolas nacerán nuevos mogwai. Los nuevos mogwai resultan ser más agresivos que Gizmo y están liderados por Stripe, uno de ellos que lleva un mechón de pelo blanco.
Los nuevos mogwai engañan a Billy para que les de de comer después de media noche. Tras la ingesta de alimento las criaturas forman una forma de crisálidas de la que resurgen convertidos en unos monstruos de aspecto reptiliano llamados gremlin.
La verdad es que esta es sin duda una de las películas de mi niñez. Me encantaba ver a los gremlins e imaginarme que realmente podían existir. Lo que nunca se me pasó por la cabeza es que años más tarde descubriría que todos tenemos uno en nuestro interior deseando salir para armarla ahí fuera.
Todos tenemos unas normas, unas líneas básicas de actuación o unos parámetros que debemos cumplir. Todos conocemos los límites de los que nos rodean y sabemos qué temas o que operaciones no debemos llevar a cabo si no queremos que nuestros compañeros se transformen en gremlins. Sin embargo, ¿conocemos las nuestras? Y si las conocemos, ¿las hacemos entender a los demás?
Muchas personas no pueden hablar de política, otras de futbol, algunas de sus relaciones personales y otras más simples, no pueden hablar del futuro empresarial de su compañía sin alterarse. La mayoría conocemos nuestros “puntos de quiebre” pero no los hacemos públicos porque sabemos que con ello nos exponemos. Pero ¿no seríamos más libres sin tener que ocultar nuestras tres normas? Al fin y al cabo, tenemos más posibilidades de que algún compañero saque uno de esos temas por accidente que premeditadamente.
Pero ese sería sólo el primer paso, es decir, reconocer lo que nos hace daño y una vez analizado, comunicárselo a nuestra gente de confianza para evitar que saquemos nuestro mechón blanco. A partir de ahí queda un importante proceso para ir investigando el por qué eso nos hace tanto daño y nos irrita. Trabajándolo día a día para finalmente superarlo.
En el mercado hay estupendos profesionales del coaching personal que pueden ayudarnos a todos en este proceso, alejado de objetivos empresariales, cuentas de resultados o rentabilidades semestrales. Simplemente un trabajo para nosotros, para ser mejores, más tolerantes y más felices.
Desde aquí quiero felicitar a todos mis compañeros que ejercen como coaches personales. Hacéis un trabajo excelente. Los que nos dedicamos más al mundo empresarial y al liderazgo a veces olvidamos que si no fuese por vosotros, nos encontraríamos a muchos más gremlins en las empresas y en la sociedad.
Y aunque como siempre digo, el cliente debe confiar en las personas formadas y preparadas, debemos también desarrollar un poco de corporativismo y apoyar a los verdaderos profesionales que hacen grande esta potente herramienta de la que en definitiva vivimos.
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10 Enero 2008

John McClane (Bruce Willis) es un policía de Nueva York que visita a su esposa en Los Ángeles. Ella se encuentra en una fiesta de su empresa con numerosos invitados y McClane va a verla allí. Mientras él se está cambiando de ropa llega al edificio un grupo de terroristas que toman a los invitados como rehenes. McClane es la única persona cuya presencia los terroristas desconocen. Comienza una lucha a muerte entre los terroristas y el solitario policía.
Supongo que con esos datos, cualquiera sabe que estoy hablando de “La jungla de cristal”. Esa es la grandeza de las películas de Hollywood. Apenas unos datos y recuerdas a un personaje o una historia durante años. Y si de ahí eres capaz de visionar una enseñanza, ésta permanecerá en tu memoria para siempre. Pero centrémonos en esta película y su personaje protagonista y dejemos la visión global del cine, ya suficientemente tratada en mi libro “Dirige de cine”
Cuando apenas hace unos meses que la cuarta entrega de esta saga acaba de abandonar las carteleras de todo el mundo, me permito retomar esta cinta para hablar de un matiz de la confianza en el líder.
Es evidente que la confianza en el líder se basa en varios aspectos importantes como la comunicación, la autoridad, el reconocimiento de habilidades o el carisma. Pero existe un valor que ejemplifica a la perfección John Mc Clane. El líder debe ser el primero en actuar, en exponerse, o dicho en otras palabras “en romperse la cara”.
Hasta que Bruce Willis interpretó ese papel, los héroes de las películas eran casi hombres indestructibles, sin problemas físicos ni emocionales (podemos recordar a un James Bond sin despeinarse o saliendo del agua con el frac impoluto). Y esta película iba por el mismo camino ya que se ideó como segunda parte de la taquillera “Comando” de Arnold Schwarzenegger. Un héroe que podía con todo, que le dañaban la pata a su perro y el mataba a toda una familia, destrozaba media ciudad y ligaba con la chica más guapa del lugar.
John personificaba un nuevo líder. Cercano, directo, identificable, en definitiva más humano. Pero lo más importante de todo, era una persona que se ponía el traje de faena (en su caso una camiseta sudada) y era el primero en enfrentarse a los imprevistos. Podía esperar a que la policía solucionase el ataque, que la tormenta pasase o que llegaran refuerzos, sin embargo, él se ponía a la acción.
Esta no es una actitud muy normal en muchos de nuestros líderes, escondiéndose siempre detrás de su equipo o incluso obligando que sean ellos quien se enfrenten a los problemas para salvar su status. Esa opción sin duda les resguardará de la tormenta, pero deberían darse cuenta de que hace mucho frío en una cueva.
Un líder debe ser decidido, firme y un hombre de acción. Debe generar confianza y demostrar a su gente que él puede estar al frente del equipo. Debe comunicar, tener las habilidades necesarias y debe, por encima de todo, alejarse de los laureles y acercarse al fragor de la batalle con sus compañeros. Como John Mc Clane.
9 Enero 2008