Personas boomerang

La gente va y viene en nuestra vida. Es algo que no podemos ni debemos evitar. Hay quien se siente orgulloso de tener amistades "de toda la vida", otras personas apenas cuentan con un puñado en su círculo de confianza, hay quien te coge con muchas ganas y rápidamente se olvida de ti y las hay por las que inicialmente no hubieses apostado a que esa relación funcionase y años después ya ni te acuerdas de los recelos iniciales mientras que celebráis vuestra amistad en cada encuentro.

El tiempo que una persona estará en nuestras vidas viene determinado por el beneficio que esa persona nos otorga y por las circunstancias que la vida ponga en el camino compartido. Si pierdes la relación con aquella persona que era especial, o con aquella expareja, o incluso con esa amistad que parecía inquebrantable, seguramente es porque vuestros intereses, motivaciones, satisfacciones, beneficios o circunstancias han cambiado y en la escala de preferencias de vuestras vidas, lamentablemente ya no sois una prioridad.

La gente va y viene en nuestra vida. Una ley inmutable de la naturaleza humana que nos permite elegir al lado de quien queremos crecer, vivir y morir. En tu mano está la elección y si quieres a alguien cerca, sólo tienes que trabajar porque ello suceda. Generando el beneficio mutuo, propiciando las circunstancias, salvando las dificultades. En definitiva, eligiendo. Eso sí, teniendo en cuenta siempre un principio fundamental:

No hay que llorar por quien quedó atrás en tu vida, sino cuidar a aquellas con las que compartes el camino.

Ese sentimiento nostálgico e incluso romántico de pensar en lo que pudo ser y no fue, nos convierte en personas ancladas al pasado que rebuscan en su recuerdo para vislumbrar un atisbo de esperanza y crear una nueva realidad presente. Amistades frustradas, relaciones amorosas que no terminaron como se esperaba, alianzas profesionales que no llegaron a buen puerto... Las gente va y viene en nuestra vida. Es una ley natural.

Pero nuestra mente emocional cuestiona todas las leyes racionales e inocentemente se pregunta; "¿Y si ahora todo fuese distinto?" En ese mismo momento, comienza nuestra aventura como persona boomerang. Todos y todas hemos sido alguna vez personas Boomerang y es cierto que las redes sociales facilitan que eso se produzca ahora con más facilidad, ya que la mayoría de las personas están tan solo a un click de distancia. Aquella amistad del pasado, aquella persona con la que compartiste un romance, aquella empresa con la que no terminó de funcionar la colaboración o aquel compañero con quien tantos buenos planes profesionales compartíais.

Bajo el marco de las nuevas oportunidades y como si el tiempo hiciese que las personas se sintonizasen en una nueva frecuencia, que esta vez si es correcta para nosotros, las personas Boomerang olvidan aquello que se ha dicho, que se ha hecho, que se ha sentido y evidentemente las consecuencias emocionales de las mismas. Olvida aquella empresa que te rechazó como te hizo dudar de tu valía profesional y ahora, cuando sus necesidades han cambiado, llaman a tu puerta con una enorme golosina bajo el brazo. Olvida esa antigua amistad el dolor que sentiste cuando viste traicionada tu profunda confianza, y ahora te escribe por facebook preguntándote por tu vida y te cuenta las ganas que tiene de recuperar vuestra complicidad. Olvida aquel profesor, aquella pareja, aquella colaboradora...

Las personas boomerang son aquellas que vuelven a nuestras vidas, tras largos periodos de silencio, intentando desempeñar el rol que una vez tuvieron en la relación como si nada hubiese sucedido.

No se trata de rencor, de odio, de rabia... Se trata de pureza. Se trata de ser conscientes, responsables y consecuentes con las relaciones que tenemos en el día de hoy.

Es cierto que en ocasiones esa relación se alejó por motivos aparentemente indescriptibles. "No sé, perdimos el contacto" te dices intentando argumentar la ausencia de relación anterior y el actual acercamiento. Siento decírtelo, pero no. El contacto no se pierde, se deja de tener. ¿O acaso no te has encontrado con alguien que una vez apreciaste mucho por la calle y te dices eso de "Un día de estos nos llamamos ¿eh?" y si es en diciembre cuando sucede el encuentro "Antes de que acabe el año tenemos que quedar ¿eh?"... Y después, el silencio en la relación. De nuevo. ¿O acaso por el contrario, no tienes a personas con las que te relacionas dos o tres veces al año y la amistad parece sana y duradera? El contacto no se pierde, se deja de tener.

Las relaciones son seres vivos y como tales en ocasiones mueren. ¿Si no tendrías un zombi de mascota, porqué sí como pareja, amigo o compañera de trabajo?

Todos hemos sido personas Boomerang y todos merecemos una nueva oportunidad. O al menos intentarlo. Este pequeño post no intenta analizar o criticar nuestros intentos de serlo, sino una llamada a la reflexión acerca del trato que le damos a nuestras relaciones. Las que no han muerto aun. Las que mantienes hoy.

Las relaciones que tienes hoy no pueden establecerse intentando subsanar aquello que otras no te dieron. Las relaciones que tienes hoy no pueden ser castigadas por lo que otras hicieron. El pasado es perfecto porque quedó atrás. Aquella persona que era especial, o aquella expareja, o incluso esa amistad que parecía inquebrantable sirvió para formar tu comportamiento, te aportaron en positivo experiencias y enseñanzas, te dotaron de personalidad. E incluso aquellos elementos negativos que pudieron lastimarte por suerte quedaron atrás. Nadie de tu presente o futuro debe ser penalizado por los fracasos del pasado. Éste nos debe ser cautos o precavidos pero ¿Acaso no merece esa persona la oportunidad de intentarlo?

Cuida a quienes tienes cerca, dedícales tiempo, dedicación y mimo. Esfuérzate por encontrar el tiempo y ritmo de la relación. Trabaja por satisfacer el beneficio mutuo y por evitar las circunstancias que hacen peligrar la relación. Y sobre todo, si una puerta se cierra, si una relación acaba, suelta el lastre y ayuda a que las otras personas no tengan el ancla echada. Eso no solo no les hace ningún bien, sino que además, les estás transformando irremediablemente en personas Boomerang.

Todos hemos sido personas Boomerang alguna vez en la vida. La mayoría de las veces porque esperábamos volver y que nuestro hueco aun estuviese allí. Otras porque sencillamente añorábamos lo que teníamos. E incluso alguna vez para reclamar lo que pensábamos que era nuestro. El problema no es haber sido Boomerang, sino no reconocernos en esa torpe actitud de lanzador en la que por muy fuerte que arrojemos esa relación frustrada al horizonte, si guardamos una pequeña esperanza de que éste regrese, el Boomerang lo hará. Es su naturaleza.