La maldición de los sincericidios

¿Quién no ha sufrido alguna vez cómo una conversación afable se transformaba en una monumental discusión al decir algo sincero?¿Quién no ha desmentido con su experiencia, aquel axioma que dice que si vas “con la verdad por delante” tendrás todas las puertas abiertas?¿Quién no se ha reconocido recibiendo una respuesta sincera y notando como un fuego volcánico se instauraba en su interior? No. No voy a hacer apología de la mentira en este post, sencillamente vamos a desentrañar algo que ya toda persona ha sufrido en sus carnes; la maldición de los sincericidios.

Y es que decir la verdad es sano. Incluso hay estudios que demuestran que nuestra mente genera mayor respuesta positiva al realizar actos desde la sinceridad, ya que evitan sensaciones y situaciones como la melancolía, el estrés, la tensión, los dolores de cabeza…Y además, en las relaciones sociales, la sinceridad es fundamental para generar lazos de complicidad, confianza y unión… Salvo que esa verdad, sea un sincericidio. Porque en ese momento comienza la maldición del “por qué tuve que decir eso” o “por qué tuve que preguntar aquello”.

Y sí, a todos nos ha pasado. Yo también he sido víctima y sincericida.

Los sincericidios son todas esas circunstancias evitables en las que decir la verdad (consciente o inconscientemente) genera un mal a la otra persona, e incluso a quien ha actuado con sinceridad, pudiendo entorpecer, fisurar o romper esa relación. Es decir, es transformar el valor de la sinceridad como arma contra el otro. Pero ¿Cómo es un sincericidio?¿Cómo podemos detectarlo antes de que ocurra?¿Cómo debemos protegernos? Vayamos por partes y como si de un análisis animal se tratase, diseccionemos a esta terrible bestia.

Anatomía de un sincericidio

Si bien el ser humano suele mentir por tres elementos fundamentales; adaptarse a un ambiente hostil (aunque la hostilidad esté en su cabeza), evitar castigos (hacia si mismo o hacia otra persona) o para conseguir premios (también pueden ser premios para terceros), la mentira, y no la medio verdad, la tenemos claramente identificada y reconocida en nuestras actuaciones diarias. Sabemos cuándo hemos mentido y sabemos por qué y para qué lo hemos hecho. Sin embargo, el término que nos ocupa es algo más complicado de identificar y por lo tanto, debemos detectar algunos parámetros fundamentales de su anatomía. Este curioso bicho puede tenerlos todos o uno solo, ya que es bastante impredecible y algo mutable.

1. Procedencia etimológica

El sufijo latino “-cida” significa asesino, por lo que homicida es la palabra con la que se define a quien asesina a un hombre. Genocida a quien aniquila a un grupo social. O incluso herbicida es aquello que mata a las hierbas, e insecticida es lo que mata a los insectos. Sin embargo el sincericida ya empieza a hacer trampas hasta con su propia etimología, pues no es a la sinceridad a la que está asesinando, sino que ésta siendo utilizada como arma para acabar con otra persona o una relación (recuerda; consciente o inconscientemente)

2. La causa frente a la consecuencia

En ocasiones el sincericidio se produce cuando recibimos un estímulo o causa que nos hace estallar, diciendo algo que si bien no lo creemos en la totalidad, lo lanzamos como verdad absoluta. La consecuencia o castigo que provocamos con nuestra sinceridad, es desproporcionada comparada con la causa que nos hizo saltar. Por ejemplo esta conversación;

Causa

- Menos mal que al final te has concentrado porque no creía que fuésemos a llegar con el trabajo pendiente.

Sincericidio

- No todos los días te voy a tener que salvar el culo a ti, que ya se me han acabado las excusas con la jefa para justificar tus ausencias.

Consecuencia

A partir de ese instante la relación se enfriará y la persona que ha sembrado la causa, generará un escudo de protección con sus acciones, al verse atacado desproporcionadamente. Este sincericidio típico provoca frustración e ira, además de un desapego posterior.

3. El sentimiento propio frente a los provocados en los demás

Otro elemento fundamental del sincericidio es equiparar lo que yo siento al decir “mi verdad” con lo que en la otra persona producirá esa sinceridad. Es decir, que como a ti te pesa una realidad, la puedes lanzar contra alguien y creer que esa persona tiene que estar agradecida e incluso aliviada por recibir tal comunicación. Por ejemplo en esta conversación:

Contexto

- ¿Qué te ha parecido este fin de semana juntos con mi familia?

Sincericidio

- La verdad es que yo sé que tienen toda la buena intención, pero mira, hay algo que quería decirte; no soporto sus gritos y sus chistes soeces. Por suerte cariño este año no hay bodas para encontrarnos muchas veces.

Consecuencia

- La persona generadora del contexto se sentirá parte de su familia y por lo tanto entenderá en parte el argumento pero otra parte la aceptará como un ataque a si misma... eso en el mejor de los casos porque lo normal que se produzca a continuación es un pulso por ver qué familia es peor. Rencor, reproches y cicatrices.

4. El qué frente al cómo

Como es evidente, casi todo se puede decir en las relaciones sociales, ya sean profesionales o personales. Pero no todo se puede decir de cualquier manera. Por lo tanto, otro elemento habitual dentro de la anatomía del sincericidio es el cómo utilizamos las palabras para transmitir nuestros discursos. Este ejemplo seguro que te hace recordar alguna que otra situación:

Contexto

- ¿Cómo me quedan estos pantalones?

Sincericidio

- Esos pantalones te hacen parecer más gordo/a.

Sincericidio extremo

- Hombre, hace un par de años te quedaban genial, pero tanta tapa y tanto bollo se notan ¿eh?

Consecuencia

- Falta de seguridad, ataque a la autoestima, sensación de desprecio y frialdad en la relación.

No sincericidio

- Creo que deberías ponerte los pantalones azules oscuros. Me gustan como te quedan.

5. Silencio frente a ruido

Por último, hay cosas que es mejor no decir. Sí, así de claro. No se trata de hacer apología de la mentira, sino que una de las características fundamentales del sincericidio es que suelen ser ideas, opiniones o verdades personales que en ningún caso van a favorecer una relación. Sólo cuando la otra persona fuese tolerante, receptiva, madura, con alta autoestima y muy empática, podrían saltarse este veto. Por ejemplo en estas situaciones:

- Así que quiere trabajar con nosotros ¿Qué opina de nuestro banco?

(imagina que crees que dicha entidad ha perjudicado a la sociedad con su política de créditos, etc… Mejor callar o esquivar que provocar ruido con tu sincericidio)

- ¿Alguna vez has sentido algo así con otra persona?

(imagina que sí, esa persona debe estar muy segura de sí misma para aceptar que esos sentimientos hayan sido compartidos previamente… Mejor callar o esquivar que provocar ruido con tu sincericidio).

No cabe duda de que a estas alturas habrás identificado innumerables sincericidios que o bien has provocado, o bien has recibido. Lo cierto es que cuando somos víctima de uno de ellos, debemos actuar correctamente para no transformarnos en una persona tóxica con ello, ya que el gran peligro que tiene este animal es que es tremendamente contagioso. Sin embargo, sobre cómo actuar hablaré más adelante. Primero, es de imprescindible atención que dediquemos un momento a identificar los perfiles habituales del sincericida. Algunos ya son viejos conocidos de este blog, pero te presento a todos sus amigos. Cuidado con todos ellos, se esconden en cualquier lugar.

1. El sincero de teflón

Como las sartenes que tienen ese material, en los que no se queda nada pegado al fondo, las personas que son “sinceras de teflón” son aquellas que teniendo en su poder mensajes que son verdad, los lanzan sin miramiento alguno hacia lo que van a provocar. Evidentemente en ellas, no queda poso alguno ni remordimiento ya que piensan que debían decir esa información puesto que les gusta “ir de cara”. Se les conoce por expresiones tipo; “yo soy muy sincero”, “me duele más a mí que a ti” o “tenía que contártelo”.

2. El Donjuanista

Este curioso perfil es un romántico empedernido y suelta sus emociones incluso a personas que sabe que no le pueden corresponder en ese momento debido a su situación personal. Su técnica habitual es lanzar sus sentimientos esperando que la otra persona sea la que de el paso definitivo. A las personas que son “Donjuanistas” no les importa provocar crisis en las relaciones de terceros ya que ellos considera que la otra persona merecía conocer lo que en ellos provocaba. Se les reconoce por expresiones tipo; “Sé que está mal que te diga esto pero…”, “no puede pasar ni un día más sin que sepas algo”, o “Lo que te voy a decir no quiero que altere nuestra relación de amistad”.

3. El martillo pilón

En las relaciones sociales y personales todos cometemos errores. Yo el primero. A veces decimos o hacemos barbaridades de las que aunque nos arrepintamos y pidamos disculpas, siempre queda un poco en la otra persona. Sin embargo, la actitud de ésta es la de usar el sincericidio como un martillo pilón a modo de reproche. Dará igual el contexto, siempre habrá una oportunidad para recordarte aquello que hiciste mal, llevando claramente la relación a un bucle infinito. Este perfil suele ser reconocible por frases tipo; “Déjame que te recuerde algo”, “Es verdad que yo hoy me he pasado pero tú el otro día…” o “¿Te acordabas tú de X cuando hiciste Y?”

4. El verdad verdadera

Este perfil es precisamente uno de los más complicados ya que todos solemos caer en él con más frecuencia de lo que nos gustaría. Nos encanta tener razón, y más aun cuando encima sabemos que esa razón está fundamentada en la verdad. El perfil de verdad verdadera es descubrir un elemento real que podamos utilizar contra la otra persona cuando nos sentimos ofendidos, atemorizados, o sencillamente, para ganar una conversación. Por ejemplo; Sabes que alguien ha faltado a su palabra y la siguiente vez que se compromete contigo le respondes “¿pero me vas a volver a hacer lo mismo?” El problema es que no podemos cambiar lo que ha sido verdad, pero utilizarlo es un síntoma de debilidad y toda una declaración de guerra. La diferencia con el martillo pilón es que el verdad verdadera no tiene un único recurso a la que siempre hace referencia, sino que usa la verdad del otro en su contra constantemente.

5. El sin reflejos

Este es un perfil típico masculino y es que aunque puede existir alguna mujer con este perfil, perdóname la generalización, este va en el ADN de los hombres. Y es que como el hombre puede pensar en “Nada” (algo mucho más complicado de lo que parece) en ocasiones no tiene los reflejos suficientes y ante una pregunta complicada, solo se le ocurre responder la verdad. Así, sin más. Evidentemente no ha analizado el contexto, la situación, el momento, ni la compañía. Sencillamente si le dices “¡Qué buena tarde al final, nos ha salido todo perfecto!” el “sin reflejos” puede contestar a eso desde su torpeza “hubiese sido perfecta si…”. La frase más habitual en este perfil es (a posteriori) “perdona, es que no me había enterado bien” o “no quería decir eso”.

6. El cizañero

Es uno de los perfiles más peligrosos de sincericida que existe, ya que usa la verdad para generar conflicto. Todos hemos tenido a alguien así cerca alguna vez. Y es que para ganarse el favor popular de unos, no dudará en revelar secretos ocultos de otros. Incluso llegando a la guerra. No dudará en jugar en varios bandos si lo necesita, puesto que al cizañero sólo le interesa una verdad; la suya. Se le puede conocer por frases tipo; “yo que tú no me fiaría”, “si supieses lo que dice de ti” o “quizá es meterme donde no me llaman pero el otro día…”

7. El brownmaker

Similar al perfil anterior, este rol suele darse en las relaciones de pareja y pertenece a quien fabrica marrones (problemas) a la pareja, por el hecho de no sentirse bien consigo mismo. Incluso hay quienes los provocan buscando un poco de adrenalina en su vida o acabar con la monotonía. Van desde la persona que dice “creo que me estoy desenamorando” cuando realmente lo unico que espera es que su pareja haga algo que le demuestre su amor, hasta la persona que ha sido infiel y segura del amor por su pareja decide contárselo porque “se merece saber la verdad”. El generador de marrones, o brownmaker no se da cuenta de que tras cometer ese sincericidio nada volverá a ser lo mismo y por lo tanto, no cuenta con la otra persona ante la situación de lanzar al vacío la relación.

Todos estos perfiles por separado, o incluso juntos, los ejecutan los sincericidas cuando tienen oportunidad, ya que el bicho que les pica es demasiado contagioso y no podemos evitarlo. Incluso tú que estás leyendo, y yo que estoy escribiendo, hemos sido víctima de él y llevado a cabo algún perfil a la perfección. Una lástima de la que es normal avergonzarse y arrepentirse, si se tiene un poco de amor propio y un mucho de habilidades sociales y ética.

Hay que recordar que el sincericidio provoca algo terrible y es que toda la conversación anterior desaparezca automáticamente y que la posterior quede marcada con total seguridad. Por lo tanto… No cometas un sincericidio. Mejor callar o mentir. Sí, mentir. Esas mentiras “piadosas” que sirven para no provocar dolor en otras personas y que son síntoma de inteligencia y de prudencia a partes iguales. Tú sabes de lo que hablo y quizá escriba un día sobre esto en el blog, pero aun hay un punto vital que tratar referente a este tema:

¿Qué hago ante un sincericidio?

Aprender a recibir un sincericidio de otra persona requerirá por nuestra parte mucha dosis de paciencia, dotes de comunicación asertiva y por supuesto determinación. No permitas que nadie utilice un sincericidio contra ti. Si es de los perfiles agresivos, es decir, aquellos que utilizan la verdad de manera planificada para dañar, la respuesta debe ser contundente. Un ejercicio típico puede ser el detener la conversación en ese instante y pedir a la otra persona que cese su actitud e incluso que la corrija. Frases tipo: "¿Crees que lo que acabas de decir es oportuno?", "¿La conversación va a ir mejor con eso que has dicho?" o incluso "¿Y ahora que crees que debo hacer yo tras esa actitud tuya?" te ayudarán a marcar distancia y dejar claro a la otra persona que no va a poder someterte con este terrible hábito.

Si por el contrario, el perfil del sincericida es pasivo, es decir, es de quienes sienten un peso tremendo por cargar con esa verdad y deciden soltarte a ti esa mochila, tu actitud igualmente debe ser determinante. Sin alterarte. "Lo que me estás contando yo no necesitaba saberlo así que te sugiero que no continúes", "¿Me has hecho más feliz o has aportado algo que sume a mi vida con esto que me acabas de decir?" o por supuesto el "Este es un peso que debes cargar en soledad y es tu responsabilidad. Gracias por contármelo pero esto debes solucionarlo tú" son frases no agresivas que no permiten el sometimiento del sincericidio.

¿Cómo no ser un sincericida?

No. No se trata de mentir. En la mayoría de las ocasiones sólo hay que tener la cintura suficiente como para expresar la misma idea, con términos no agresivos. Además es bueno que midas los tiempos de lo que vas a exponer, elijas el momento adecuado y realices siempre la comunicación con el mimo por los sentimientos de quien escucha, y no de ti que lo proyectas. Por último, y aunque todos hemos sido y seremos sincericidas en algún momento, hay dos premisas que funcionan por encima de todas;

1. Las tres preguntas

La primera es realizarse tres preguntas antes de hablar; el "para qué" de lo que estás a punto de hacer para analizar si realmente interesa la información que va a salir por tu boca. La segunda es decirte "¿Es positivo y suma?" para saber si tu comunicación es algo que merezca la pena vivir en ese instante. La tercera y final sería "¿Merece la otra persona escuchar esto?". Te darás cuenta de que sólo con esto evitarás en gran parte, cometer sincericidio.

2. Derecho al silencio.

Cállate. En serio. Si no tienes nada mejor que el silencio, es mejor que te calles. En comunicación y sobre todo cuando hablamos de sincericidio, todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra así que... cállate. Nadie evitará que tus palabras se conviertan a su vez, en ariete contra ti, por muy buenas intenciones que tengan, por muy "justas" que te parezcan. Aunque seas una persona muy sensata, créeme, hay en ocasiones que es mejor callarse. Es nuestro último bastión de defensa y lo bueno es que desde él, controlamos lo que queremos proyectar.

Y sí, siempre habrá quien alegue que callar es, realmente, un eufemismo para ocultar la verdad. Pero esa aseveración es injusta ya que se está obviando que en nuestra mente en el unico lugar en el que somos verdaderamente libres. Y no, nuestro cerebro no es un burka, un telón que oculte nuestros pensamientos oscuros (porque los pensamientos no son oscuros; son lo que son: nosotros, con nuestras grandezas y nuestras miserias, nuestros triunfos y nuestras debilidades). Es lo que nos define y nos caracteriza y, a veces, ser convertido en palabras lo traiciona y lo malogra.

La maldición de los sincericidios está ahí. Recuerda que el dolor que provocan es bidireccional y que siempre acaba volviendo a ti como un boomerang. Ataca la autoestima, la confianza, la legitimidad, la concordia y la unión... Pero lo más desagradable es que ataca y destruye ferozmente tu interior en un bucle de pensamiento bajo dos preguntas "¿Por qué habré dicho eso?" o "¿Por qué habré preguntado aquello?". Nadie está a salvo de esta maldición pero al menos espero que con este post, la esquives. Y si no lo consigues y metes la pata... Pide perdón y corrígelo.

Así de simple.