Deja de ser una persona tóxica

Lo sé. Al igual que tú, yo también he leído decenas de post, artículos y libros al respecto. He asistido a conferencias, escuchado podcast e incluso visto videos en Youtube, en los que se desgrana la personalidad tóxica en el trabajo, en la pareja, en las relaciones sociales… Sin embargo existía un punto de vista que en mi opinión estaba algo desatendido, quizá por su mayor complicación, o bien porque al resto de los autores sencillamente no les interesa al creer que ellos y ellas están por encima de esta cuestión. A mí sin embargo, me asalta la duda; ¿Cómo se puede dejar de ser una persona tóxica?

Tengo dos noticias para ti: La primera es que eres una persona tóxica. Como yo. La segunda, la buena, es que ni lo eres todo el tiempo, ni con todas las personas. Y es ahí donde radica la complicación de la detección de la toxicidad. Es decir, estoy convencido de que si te pido que enumeres una decena de personas tóxicas en tu vida, apenas tardarías unos minutos en acabarla. Sin embargo, si la petición tiene que ver con las veces y las personas con las que tú estás manteniendo un comportamiento tóxico… puede que ni siquiera fueses consciente de ello y por lo tanto, no terminarías nunca ese listado.

Para conseguir avanzar, déjame decirte algo;

Cuando intentas dar a valer lo tuyo por encima de lo de otras personas, incluso cuando reconoces que lo otro es mejor, pero te molesta que no se te valore o a quién pertenece la autoría de ese elemento o acción; estás siendo una persona tóxica.

Cuando tu ego te impide saber cuándo parar, dejar de hablar desde el “yo” de la justificación y dar paso al “yo” del reconocimiento y compromiso, o incluso cuando eres insensible bien por falta de empatía o por ignorancia voluntaria; estás siendo una persona tóxica.

Cuando te acostumbras a pedir soporte emocional, físico o económico y te crees en el derecho de hacerlo por la relación que te une a la otra persona, pero no te detienes a dedicar tiempo a equilibrar la balanza; estás siendo una persona tóxica.

Cuando la pereza hace que las personas en tu compañía pierdan productividad, se sientas agotadas o incluso olviden sus motivaciones con frases tipo “da igual”; estás siendo una persona tóxica.

Cuando tu tiempo libre, o peor aun, el de los demás, lo ocupas con acciones sin trascendencia o recados que no te dejan (o le dejan) desarrollarse, tener inquietudes, iniciativas o aprendizajes; estás siendo una persona tóxica.

Cuando tu codo borra lo que escribe tu mano, es decir, cuando tus acciones no están a la altura de tus palabras; estás siendo una persona tóxica.

Cuando tu mayor aventura es repetir tu día con la exactitud de un reloj, dejando de improvisar, de sorprender y por supuesto, eliminando la aventura como parte sustancial de tu vida; estás siendo una persona tóxica.

Cuando en tus conversaciones premian los números y las cantidades y no la calidad y las emociones o intangibles, dando argumentos basados únicamente en el “cuántas veces” has hecho algo y no el “de qué manera” lo has hecho; estás siendo una persona tóxica.

Cuando utilizas expresiones negativas para referirte a tu situación, desmoralizadoras o falsamente precavidas cuando alguien te está contando un proyecto o si lo único que compartes son penas; estás siendo una persona tóxica.

Cuando dejas de creer en ti y en los demás. Cuando defiendes la falta de libertad, o los celos, o la posesión, o crees saberlo todo antes de que suceda; estás siendo una persona tóxica.

Cuando dejas de soñar; estás siendo una persona tóxica. Cuando no dejas que otros sueñen; estás siendo una persona muy tóxica.

Cuando prefieres el rol de víctima de las circunstancias y no el de arquitecto de tu destino, cuando prefieres creer en conspiraciones, crear dramas, abandonar la esperanza o ceder tu vida al azar; estás siendo una persona tóxica.

Cuando no das las gracias, pides perdón, dices “lo siento”. Cuando introduces mensajes negativos y cuando no toleras las acciones o actitudes de otras personas bajo la sentencia “yo no lo hubiese hecho así” o “a mí no se me ocurriría haber hecho tal o cual cosa”; estás siendo una persona tóxica.

Y sí. Por supuesto. Cuando insultas, gritas, faltas al respeto o humillas a alguien, aunque sea una persona completamente desconocida en una caravana en el coche, a un camarero que no te atiende correctamente, o cualquier otra circunstancia; estás siendo alguien despreciable. Y además, alguien tóxico.

El problema es que todos y todas pecamos alguna vez de ser vampiros emocionales, estar enojados con el mundo, no soportar a nadie (a veces ni a nosotros mismos) o hemos creado conspiraciones y buscado mega enemigos que manipulan y destrozan nuestras vidas. Todos alguna vez hemos requerido atención por que nos sentíamos carentes de afecto, o inseguros, o nos ha dominado la ansiedad, el miedo y se lo hemos transmitido a los demás. ¡Pero si incluso nos encanta ser chismosos en ocasiones y hacer un traje (y no precisamente de piropos) a quien no está presente! Yo lo reconozco y me reconozco en algunas de esas actitudes. ¿Eso me convierte en una persona tóxica? Pues desgraciadamente sí.

No importa el tiempo que me dedique a ser una persona “elixir”, o lo mucho y bien que trabaje en ser una mejor persona cada día. Sencillamente cuando uno de esos elementos aparece debo ser consciente de que estoy siendo una persona tóxica. La vida no es blanca o negra. Pocas personas son tóxicas completamente, con todo el mundo y a todas horas. Y por supuesto que lo contrario, tampoco.

Dicho lo cual, trabajemos primero en identificarnos en esas situaciones e incluso con esas personas que nos transformamos en alguien tóxico. Normalmente la toxicidad tiene su motivación en una frustración que ese contexto, o esa persona, nos provoca. Y una frustración es un deseo insatisfecho. ¡Ojo! En ocasiones la otra persona no es la culpable de que esto suceda. Por ejemplo; has imaginado pasar la tarde con una persona pero cuando se lo dices, esa persona te dice que tiene ya otros planes. El chantaje emocional (“para X siempre estás, pero para mí no”), el insulto (“mira que eres malqueda”), el victimismo (“ah bueno, pues nada, me quedaré entonces en casa”), o incluso la soberbia (“¡pero si lo que te estoy proponiendo es mucho mejor y eso otro puedes hacerlo en cualquier otro momento!”) son acciones tóxicas derivadas de la frustración de haber recibido una respuesta negativa. Es tu responsabilidad gestionar tus emociones de otra manera, no culpabilizar a quien te ha dicho que no. Bajo esa premisa piensa en algo; ¿Qué te está frustrando y transformando en una persona tóxica en ese instante? Sólo si reconoces tu toxicidad e identificas tu frustración, asegurarás el éxito de este proceso.

Así que si estás cansado o cansada de que te consideren una persona tóxica, si no quieres seguir sintiéndote así, o si te acabas de dar cuenta de que tienes frustraciones ocultas que no has atendido y quieres ser mejor persona, es el momento de hacerte la pregunta y pasar a la acción:

¿Cómo paso a ser de alguien tóxico a persona elixir?

Las personas elixir son aquellos seres que viven con un optimismo inteligente; esto es, que saben aceptar su entorno, las dificultades e incluso que reconocen y aceptan los fracasos, pero no se conforman con todo ello sino que se preparan para generar alternativas y pensar en opciones positivas. Son personas que dan energía, vida y momentos cargados de sensibilidad, afecto y equilibrio. Las personas elixir son quienes generan lazos equitativos, motivan, evolucionan y gestionan las emociones y sus discursos desde el respeto y la asertividad. Y tengo dos noticias para ti; la primera es que tú ya eres una persona elixir. Como yo. Eso sí, la segunda noticia es que ni lo eres siempre, ni con todo el mundo y en la mayoría de las ocasiones, lo eres en menor intensidad que cuando actúa tu toxicidad. Por eso vamos a trabajar. Por que nadie merece tenernos al lado cuando somos tóxicos, ni siquiera con quien más solemos serlo; nosotros mismos.

1. Respira.

Cuando sientas que vas a explotar, que vas a comenzar ser una persona tóxica o incluso ante la aparición de la ansiedad, el victimismo o algún chantaje emocional… respira. Te aseguro que la mayor parte de los escenarios tóxicos desaparecen si cuando notas que la frustración comienza a aparecer, cierras los ojos (si es posible) y respiras profunda y lentamente. No importa si son tres veces, cinco o diez, ya que este ejercicio sirve, sobre todo, para ser conscientes de lo que íbamos a hacer o decir, y con ello, modificar nuestra actitud.

2. Reconoce tu frustración

Como hemos dicho antes, tras un escenario tóxico siempre hay una frustración. Por ejemplo, no es raro encontrarse a personas que atormentan a otros en el trabajo por no cobrar el sueldo que creen merecer, o por no tener la posición que les gustaría ostentar o incluso como reflejo de los problemas familiares que tienen en casa… Y así esto se vive igual en la pareja, amigos, relaciones sociales… Pues bien, si el primer paso es identificar y conocer la frustración, el segundo es reflexionar sobre el comienzo real de dicho sentimiento, es decir; la expectativa generada.

Debes preguntarte “¿Era realista mi expectativa?”,“¿Qué he hecho para cumplir mi expectativa realmente?” e incluso “¿He tenido en cuenta esta variable que está sucediendo en este momento al planearla?”. Habitualmente la expectativa se nutre sólo del escenario positivo o incluso, es resultante ante la ausencia de dificultades. Por eso, cuando estas aparecen, caemos en el fracaso culpando al generador de la dificultad y no a nuestra falta de previsión cuando construimos la expectativa. Analiza la expectativa, el porqué ha fallado y toma decisiones para evitar la frustración.

3. Acepta y valida otras opciones

Reconoce que esa actitud no te funciona y que si lo hace, está dejando un rastro emocional negativo en la otra persona que se transformará en hostilidad, negatividad, o incluso, en apatía y su desaparición. Acepta que existen otras opciones para hacer las cosas, adáptate al contexto y cambia aquello que quieras mejor desde tu compromiso y tu ejemplo, no desde tu exigencia a los demás. Valida las opiniones de otras personas y da oportunidades a que tengan éxito. No boicotees. Si ya consigues sentirte parte de ese éxito apoyando y colaborando, conseguirás ir desterrando la toxicidad definitivamente.

4. Prueba otro sabor de la vida

Si pruebas y experimentas otras opciones, quizá descubras nuevas fórmulas de felicidad o satisfacción en tu vida. Nadie nace con la verdad absoluta, ni con todas las alternativas. Seguro que muchas veces has dicho que algo no te gustaba sin ni siquiera probarlo y cuando te preguntaban que por qué no te gustaba, tú respondías “porque no”. Concédete permiso para equivocarte y por supuesto, agradece a quien te intenta ayudar a salir de tu zona de confort. Y argumenta tus acciones o peticiones eliminando los “porque sí” y “porque no”. Generarás menos hostilidad e incomprensión.

5. Descubre las grietas de tu persona elixir

Todos tenemos alguna. La mía por ejemplo es que odio que me controlen o me planifiquen la vida. Perder la libertad me supera. Y aunque muchas personas no quieran hacerlo conscientemente (e incluso en muchas actividades de la vida casi es una obligación que eso suceda) yo debo trabajar especialmente la asertividad, la paciencia, la comprensión y la empatía en esas situaciones de estrés. Es fundamental que encuentres tus grietas, es decir los elementos en los que eres más débil como persona elixir, pues como en los volcanes será por ahí por donde tendrás más posibilidades de explotar. Trabaja en comprender el porqué te sucede y el cómo actuar cuando te sientas así. En mi caso una de las técnicas que uso es decirle a la otra persona “Sé que lo estás haciendo con toda tu buena intención, pero te agradecería que me dejes a mí organizarme el cómo hacer las cosas llegado el momento. Acepto lo que me has dicho y te garantizo que lo tendré en cuenta”.

6. Perdona y olvida

En las relaciones de pareja, por ejemplo, se viven muchas situaciones negativas que luego se transforman en un bucle eterno de reproches y referencias tóxicas. Ante esto debes crear un pensamiento poderoso: Si he decidido mantener la relación, debo perdonar y olvidar. Sin peros. Todo lo demás que no sea así, significa una excusa o justificación para el reproche continuo y recuerda que la reflexión comienza con un condicional; “si he decidido mantener la relación”, por lo que quizá el problema es que si te enfrentas a que no puedes perdonar, pese a los esfuerzos de la otra persona y tu propia intención, tras hablarlo, intentarlo superar y trabajarlo… Quizá sencillamente, debas cambiar ese condicional y con ello, la propia relación.

7. Las personas son buenas

Este es de los pensamientos que más me ayudan. Y sí, sé lo que estás pensando y yo también conozco a alguien así de malo…

Pero hablando en serio, en una época algo oscura de mi vida, una persona me hizo mucho daño y descubrí que si cambiaba el pensamiento de “esta persona es mala” por el de “esta persona está actuando mal porque no sabe cómo actuar” rápidamente mi actitud tóxica desaparecía. Es mágico. Una vez tomas conciencia de eso, tú puedes optar por enseñar, liderar con el ejemplo, ignorar o establecer límites, pero dejas de crear un monstruo dañino e insuperable ante ti contra el que tienes que luchar, para construir a alguien con una discapacidad técnica o emocional… Y eso créeme, reducirá tu toxicidad.

8. Ríete más, incluso de tus propias ocurrencias

Tomarse demasiado en serio es otro de esos caminos que nos llevan a ser personas tóxicas. Haz autocrítica en positivo, relativiza las cosas que te suceden y genera motivos para reírte más. Incluso provocando la risa floja cuando los días se te atraviesen. Una fórmula para ello, es cambiar el nombre de las personas que te provocan frustración, su procedencia y hábitos como si de un país imaginario se tratase. En tu mente todo será más divertido cuando digas que esa persona es una “Pasaka", del país “Pasoko", donde todas las mañanas para despertar, beben una cucharada de pimienta negra con limón y es normal que tengan ese humor a primera hora. Te aseguro que cuando vuelvas a ver a esa persona a malas, no podrás evitar sonreír al imaginártelo con la cuchara de pimienta y limón en la mano. Ahora bien, tú también puedes decirte cuando veas que te estás comportando mal; hoy me he tomado ración doble de pimienta. En serio, ríe más.

9. Pide ayuda

En el cambio está la virtud. Y algo que la mayoría de las personas vivimos cuando estamos siendo tóxicas, es creernos que tenemos el derecho o la razón para serlo. Lamentablemente esto no es así y por lo tanto, debes comprender que ha llegado el momento de aprender a pedir ayuda. Y no solo a profesionales, sino también a quienes te rodean. Un sencillo “cariño, te pido que hoy no hablemos de esto porque me siento un poco alterado y no deseo crear un mal escenario” es una manera de pedir ayuda y mucho mejor que decir el famoso “¿mira eh? No vayas por ahí que yo también puedo decirte tal o cual cosa”. Eso sí, ese tema que has evitado, deberás ser tú quien lo saque en las próximas horas cuando te hayas preparado mentalmente, ya que si no, estarás generando una frustración en la otra persona. De verdad, toda ayuda es poca. Explica lo que te sucede, busca alianzas que te sirvan para comprender tus reacciones y sobre todo, exponte. Nadie te va a juzgar peor que tú mismo o tú misma.

10. Duerme

Dormir es un proceso vital fundamental. No sólo nos ayuda a regenerar nuestro cuerpo y nuestro cerebro, sino que cuando estás descansado,tu cerebro es más rápido y menos perezoso a la hora de encontrar formas alternativas de superar las dificultades, así que hazme caso… Si quieres dejar de ser una persona tóxica, duerme.

Tener episodios de toxicidad es algo normal, pero no por ello es bueno, ni saludable ni aceptable. Tú eres la primera persona que tienes que comprometerte con dejar de ser tóxica. Recuerda que también puedes pedir aquello que deseas en vez de esperar que el universo te lo ponga a tiro. O que cada día debes dedicar unos minutos a eliminar frustraciones en tu vida, creando alternativas, generando opciones, modificando lo que tienes o sacando de tu vida elementos que te dañan. E incluso puedes, y debes, pedir perdón con más frecuencia, dar las gracias con quien te acompaña en el camino y te ayuda, así como por supuesto, expresar tus emociones positivas a tu pareja, equipo de trabajo, compañeros, amigos etc. Ser tóxico no debe ser tu definición, sino una parte de ti que cada día debe ir a menos.

Eso sí, sólo irá a menos si lo trabajas. Cada día.

Espero verte pronto como una persona elixir.