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Es cierto que me resistía a ver esta película. Entono el mea culpa Quizá porque cada vez que a alguna obra se le atribuyen adjetivos como “la mejor película española de los últimos tiempos”, “un soplo de aire fresco al cine español” o se hace referencia a que “está a la altura”, suele producir en mi persona un atroz aburrimiento y una terrible apatía. Porque creo que el cine español tiene maravillosas películas, y auténticos bodrios, como cualquier otra industria. Porque si la gente fuese un poco más al cine descubriría que hay miles de profesionales luchando cada día y respirando a pulmón lleno con un aire que provoca envidia extranjera, aunque sus nombres no salgan en los grandes neones. Pero sobre todo, porque no debemos estar a la altura de nadie, salvo de ofrecer un producto de calidad, con grandes personajes, una historia sólida y bien trabajada y con una parte fundamental, entretenimiento y reflexión. Y celda 211 lo consigue con buena nota.
Lo que te cuenta
Juan, un recién aprobado funcionario de prisiones, comienza a trabajar en su nuevo destino. Sin embargo, un motín orquestado por un grupo peligroso de presos, desata una situación en la que pronto se verá encerrado y luchando por salvar su vida mientras finge ser uno más de tan peligroso grupo. Dar fin a la revuelta, proteger a los rehenes e intentar mantener la cabeza fría, convierten las agónicas horas en una interesante partida de póker en la que la astucia, las mentiras y el riesgo, actuarán de teloneros ante un terrible destino que reparte sin cesar las cartas de una baraja manchada de sangre.
Lo que te cuento
No hay duda, todos tenemos nuestra particular celda, e incluso, toda una cárcel que nos retiene. Pero no me gustaría crear un paralelismo simple entre el stress, los horarios, los jefes carceleros o las condenas a cumplir… Eso sería demasiado fácil. Estoy convencido de que lo verdaderamente importante de esta película es la llamada de atención que podemos analizar respecto a la capacidad de adaptación y sobre cómo, con los imputs necesarios, solemos convertirnos en parte del problema, tendiendo con facilidad hacia la adaptación negativa y no convirtiéndonos en verdaderos catalizadores positivos.
Con cada proyecto que empezamos, la energía, el entusiasmo y porqué no decirlo, el miedo, suelen ser los actores principales de nuestro interior. Ganas de cambiar las cosas, ganas de adaptarse, pero sobre todo, ganas de encajar. Éstas últimas, que bien podrían ser el elemento imprescindible para que cualquier responsable nos diese el visto bueno, también puede convertirse en el mayor detonante de nuestro fracaso.
En celda 211 podemos ver cómo al protagonista poco a poco se le empieza a complicar la existencia, al igual que nos podría pasar a cualquiera en una organización. Los pequeños matices comienzan a convertirse en problemas, los inconvenientes en auténticos lastres y la sensación de incomodidad en un perfecto malestar que nos lleva a una situación límite en la que tenemos que elegir: O cambiar la situación o formar parte del problema.
Es fácil decir que la opción correcta es cambiar la situación… Pero qué difícil es llevarlo a la práctica. Compañeros y compañeras que proyectan constante comunicación negativa o dejadez hacia la situación con frases del estilo “siempre ha pasado igual”, “aquí nadie hace nada para cambiar nada” o ante tus ganas de producir un cambio positivo un lapidario “ya se te pasará”. Jefes y jefas que siempre encontrarán una excusa para pasarte la mano por la espalda, decirte que te entienden y que intentarán hacer lo posible, para luego dejar pasar los meses intentando que aquello de lo que hablamos se haya desvanecido con el tiempo. Incluso fórmulas de trabajo o modulísticas diseñadas hace años, sin tener en cuenta la eficacia ni las capacidades de quien las iba a utilizar. Evidentemente todo forma una gran cárcel que nos hace querer formar parte de un motín que acabe con todo y se lleve alguna cabeza por delante, aunque sepamos que tras dicha revuelta, todo volverá a la etapa anterior. ¿Pero qué nos lleva a convertirnos en agentes negativos? ¿Cuál es el mayor responsable de esa adaptación negativa? Por un lado, podríamos hablar de la ya mencionada necesidad de encajar, y por otro, la falta de coraje, valentía y visión.
Porque convertir una situación negativa en una oportunidad de mejora es sin duda un largo y tortuoso camino, repleto de zancadillas. Porque habitualmente falta el coraje suficiente para enfrentarse a la negatividad reinante y ofrecer soluciones prácticas que ayuden a todos y todas, bajo el pensamiento erróneo de “a alguien se le habría ocurrido ya”. Porque la valentía necesaria para dejar atrás el miedo que nos paraliza y nos vuelve meras herramientas (luego que no se queje nadie cuando le llaman “recurso”) debe prevalecer en una actitud eficaz y resolutiva. Y porque necesitamos liderar una situación de cambio en la que tengamos la visión clara y sepamos que este proceso desagradable nos podrá otorgar un futuro repleto de bondades y de logros.
Prevalece la mirada cortoplacista, mediocre y poco comprometida de aguantar lo que hay y autocomplacerse pensando que siempre se podría estar peor. Demasiadas personas están ya como el “Malamadre” de la película, agotadas del sistema y con ganas de revancha.
Por eso yo creo en el trabajo eficaz y en la adaptación positiva. Aun sabiendo que es más complicada. Confianza, Colaboración, Coordinación, Comunicación y Compromiso. Cinco maravillosas palabras que nos deberán servir cada día para ser objetivos con nuestro alrededor, abandonar el individualismo y forjar un equipo de trabajo empoderado que sea capaz de gestionar un cambio con la organización y no golpeando contra todo y todos. Crea un mensaje y ofrece soluciones reales. Da señales y pruebas para provocar éxitos a corto plazo. Elimina resistencias haciendo partícipes a cuantas más personas mejor. Comunica con eficacia y optimismo. No te dejes arrastrar por la dinámica conservadora, porque no debes olvidar, que en tu mano está gestionar tu vida y tus relaciones y en tu mano está pasar de una condena o una libertad condicional.
Sin duda, celda 211 es una gran película. Tosar es uno de los mejores actores que tenemos. Resines hace una buena interpretación. Los personajes están bien trabajados y la historia es apasionante. Pero lo mejor de todo, nos entretiene y nos hace reflexionar: En tu organización, ¿Qué has decidido? ¿Adaptación negativa o positiva?

4 Diciembre 2009
Si te digo el nombre de Billy Flynn seguramente no significará nada para ti. Pero déjame que te diga que es sin duda uno de los mejores personajes de cine de los últimos tiempos, si del tratamiento negativo o manipulado de la estrategia personal estamos hablando.
Billy Flynn es el abogado más codiciado de toda la ciudad de Chicago. Un genio de la influencia, la gestión de la imagen y un artista a la hora de crear la historia apropiada para sus defensas. Astuto, inteligente, encantador y manipulador, consigue meterse en el bolsillo a cualquier jurado por muy complicado que el caso sea. No le importa la inocencia o no de sus clientas, simplemente le importa si éstas pueden pagarle. Pone su foco principal en la meta y no en como llega a ella.
Roxie Hart (que ha asesinado a su amante) y Velma Kelly (que mató a su marido y a su hermana gemela) están dispuestas a todo, la una para evitar la pena de muerte, en el caso de Velma y para lo mismo y convertirse en una celebridad en el caso de la otra (Roxie). Dispuestas a todo… Incluso a inventarse su propia historia siguiendo el consejo de su nuevo abogado Billy. Pondrán el foco principal en meta y no en como llegan a ella.
Cuando hablamos recurrentemente de la estrategia personal, solemos decir que hay que saber exactamente qué queremos decir y aprender a escoger la parte de nuestra historia que más nos interesa ofrecer. En ningún caso hablamos de inventar o engañar. No todo el mundo necesita saber todos los episodios de nuestra vida, y de aquellos que están interesados, debemos saber escoger la parte que más nos conviene contar. Es decir, a la hora de comunicar estratégicamente, debemos enfrentarnos a la elección y a la sabia selección de historias.
No estoy hablando de las relaciones personales, ni de nuestras amistades, ya que es evidente que estas técnicas las utilizaremos siempre para conseguir nuestros propósitos profesionales. Aunque piensa un poco… Cuando conoces a alguien, ¿le cuentas lo enfadado o enfadada que te despiertas? ¿le cuentas que a tu última pareja le mentiste? ¿Que a tu último jefe no le soportabas y que dejaste de rendir al 100% meses antes de dejar tu puesto de trabajo? Evidentemente no.
Durante toda nuestra comunicación, escogemos nuestra historia, elegimos aquello que queremos que los demás tomen en relieve .
Sólo hay una cosa que nos diferenciará del genial rol de Billy Flynn, nosotros no debemos mentir. No importa lo fácil que nos parezca o lo cerca que nos deje de nuestra meta. Todo nuestro castillo de naipes se puede derrumbar por no tener algo bien amarrado. Escogemos la información y seleccionamos las partes que queremos contar. La omisión de algún dato, siempre que no haga daño a nadie o no vaya contra el perjuicio del fin mismo de nuestra comunicación, no es equivalente a una mentira. Piensa que una vez que pase todo, debes poder seguir recorriendo tu camino sin miedo a que te desenmascaren.
Pero también puede ser que este consejo llegue tarde, así que sólo puedo recomendarte una cosa, trabaja eficazmente para hacer realidad aquello que en su día investaste porque de esa manera podrás continuar con tu vida eficazmente. Recuerda que los datos biográficos no son lo más importante que tenemos y por tanto lo que más nos interesa mostrar y demostrar, pero habrá personas que necesites dichos datos y los pongan en relieve. No debes basarlos en el engaño.
Pon tu foco en como llegas a la meta y no en la meta es si misma.
Centra tu mensaje en valores y habilidades que sí tengas, muestra tu historia desde un prisma positivo y siempre orientado al fin que buscas o que en tu entrevista de trabajo o reunión te interese. No des más datos de los estrictamente necesarios, controla tus nervios y la necesidad de rellenar los silencios. Si éstos se producen, redunda en tu discurso. Escoge con sabiduría tu historia y ésta te ayudará a conseguir tus metas, por muy duras o difíciles que parezcan.
Cuando un bailarín se presenta ante un número, escoge el movimiento más apropiado, un director de cine elige el plano más potente, y un músico los instrumentos que más encajen y enriquezcan al show. hay más movimientos, más planos y más instrumentos, pero la correcta selección es clave.
Sólo cuando sabemos escoger eficazmente nuestra historia, cuando elegimos sobre realidades y sobre experiencias vividas. Sólo cuando centramos el foco en el camino y no en la meta final, nuestra historia sonará como un buen jazz.
Feliz semana.
(*) Los vídeos son números musicales de la película Chicago
19 Enero 2009
Más de 55 años después de su estreno, “Cantando bajo la lluvia” sigue siendo la película en la que se contiene toda la historia del cine. En clave de musical, reúne todo lo que fue, es y seguirá siendo por muchos años el arte más completo y emocionante del siglo XX. Gene Kelly puso su maestría como bailarín y actor y Stanley Donen depositó en este título imprescindible toneladas de sabiduría cinematográfica. Es el mejor musical de todos los tiempos, con todos los ingredientes necesarios en el género: baile, canciones que frisan la perfección, emociones.
Una película que nos deja una enseñanza por encima de cualquier otra: debemos estar preparados para el futuro, para los cambios. Poner atención en lo que el mercado pide y evoluciona y no cerrar puertas a nada. Ese sería el concepto fundamental de un buen proceso de cambio, el estar preparado para darse cuenta de que es necesario uno.
Según el libro “Changing for good”, existen 6 pasos para efectuar un cambio definitivo y exitoso:
1. Precontemplación: No está preparado. La persona no está todavía dispuesta a cambiar, porque no es consciente de que lo necesita, o se siente abrumada, o no está en el simple “debería”.
2. Contemplación: Se plantea el cambio y empieza a tomárselo en serio. Está incubando la intención. Cree que debería empezar a cambiar.
3. Preparación: Tiene un plan. Desea marcarse objetivos, y reconoce el costo de alcanzarlos.
4. Acción: Inicia los primeros pasos. Especifica no sólo los objetivos, sino los obstáculos y fuentes de ayuda y la secuencia a seguir.
5. Mantenimiento: Empieza a convertirse en habitual. A pesar de las tentaciones, los comportamientos se mantienen.
6. Finalización: Lo ha conseguido. El objetivo de cambio se ha cumplido. El comportamiento se ha arraigado.
Pero si la apertura a nuevas ideas o conceptos es clave en este film, hay un personaje que no abandona nunca la pantalla: El optimismo. Y es que todo se puede conseguir si se trabaja con felicidad y optimismo.
Sólo por esta película, los aficionados al cine tenemos una deuda eterna con su productora, Metro-Goldwyn Mayer. Una de las secuencias más complicadas de rodar en esta historia, que narra sobre todo la transición del cine mudo al sonoro, fue la final, un momento onírico en el que Gene Kelly baila con Cid Charysse, la dueña de las piernas más impresionantes de la historia del espectáculo. Para rodarla, el equipo trabajó durante dos semanas y la productora invirtió algo más de 600.000 de dólares, una quinta parte del presupuesto total. “Cantando bajo la lluvia” está llena de anécdotas: el guión, la historia, se escribió tomando como punto de partida las canciones, de manera que de lo que se trataba es de que estas encajaran en la historia; se trabajaba en el plató unas 18 horas diarias; a Gene Kelly se le llevaban los demonios cada vez que veía lo negada que era para el baile Debbie Reynolds; las clases privadas de Fred Astaire…
Cientos de historias para un film que hay que ver obligatoriamente y cuyo original fue destruido en un incendio, sin que la tragedia llegara a más, por fortuna: “Cantando bajo la lluvia” ha llegado a nuestros días sana y salva.
Como curiosidad final, os dejo una de esas cosas sorprendentes. En esta escena (una de mis favoritas de la historia del cine) Gene Kelly tenía 40º de fiebre y se negó a cambiar de escena. La habían preparado durante semanas y se rodó en una única toma y ¡¡salió a la primera!!
Ganas por hacer las cosas bien, preparación y talento. La clave para un resultado genial.
Feliz semana
8 Diciembre 2008
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