sinceridad

La maldición de los sincericidios

¿Quién no ha sufrido alguna vez cómo una conversación afable se transformaba en una monumental discusión al decir algo sincero?¿Quién no ha desmentido con su experiencia, aquel axioma que dice que si vas “con la verdad por delante” tendrás todas las puertas abiertas?¿Quién no se ha reconocido recibiendo una respuesta sincera y notando como un fuego volcánico se instauraba en su interior? No. No voy a hacer apología de la mentira en este post, sencillamente vamos a desentrañar algo que ya toda persona ha sufrido en sus carnes; la maldición de los sincericidios.

Sinceros de teflón

Ser honesto es ser real, auténtico, genuino. Ser deshonesto es ser falso, ficticio, impostado. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás. La deshonestidad no respeta a la persona en sí misma ni a los demás. La honestidad tiñe los equipos de apertura, confianza y sinceridad, y expresa la disposición de vivir en la luz. La deshonestidad busca la sombra, el encubrimiento, el ocultamiento. Es una disposición a vivir en la oscuridad.