Más con menos

Imagino que a finales del siglo XVIII, cuando la sociedad se había acostumbrado a los excesos del Barroco y del Rococó que durante décadas habían ornamentado las construcciones, pinturas y esculturas artísticas con añadidos imposibles y en la mayoría de los casos redundante, que alguien pensó “Es hora de conseguir más con menos” Y de allí surgió el Neoclásico. Una época artística en la que recuperando la simpleza de las lineas, la pureza del estilo y la supresión de lo superfluo se alcanzó una depuración técnica asombrosa, una racionalidad anteriormente no alcanzada y una idea asombrosa; por primera vez, el para qué de la funcionalidad era el motor del Arte.
Imagino que a finales de los años 60 en una Europa demacrada por las guerras y por la desolación de haber dado rienda suelta al odio y la frustración de los pueblos, el arquitecto alemán Ludwig Mies Van Der Rohe, reconociendo que los excesos del hombre y su necesidad de adquirir, de aparentar y de primar lo tangible nos habían llevado a la bancarrota y a la guerra, escribió el manifiesto “Menos es más” dando el pistoletazo de salida al Minimalismo. Utilizar colores puros, asignarle importancia al todo sobre las partes, utilizar formas simples y geométricas realizadas con precisión mecánica, trabajar con materiales industriales de la manera más neutral posible y diseñar sobre superficies inmaculadas. El resultado que define este estilo en un concepto es la palabra limpieza. Y limpieza mental y vital es lo que se consigue, como con ninguna otra corriente artística, cuando el minimalismo se adentra en las conciencias de la sociedad dando libertad a los espacios, serenidad interior a quienes lo practicaban y potenciación de la belleza desde la simpleza de la funcionalidad.
Imagino que hoy, cuando el mundo está sumido en una de las mayores resacas históricas, esta vez a manos del gran demonio llamado dinero y de su musa la avaricia, cuando millones de personas sufren los excesos de algunos y pagan por los sueños de otros alguien estará a la fuerza pensando “necesito conseguir más con menos”. Una vez más, por necesidad. Como lo fue el Neoclásico ante la falta de recursos que se producían y el encarecimiento de la mano de obra artística con grandes artesanos que encarecían sus creaciones hasta precios poco asequibles. Como lo fue en Europa en los años 40 cuando quienes se habían criado en la época de la postguerra vivían en la absoluta carencia, como sucedió con Ledwing Mies, dando la semilla al Minimalismo. Como ahora.

 

 

Alcanzar más con menos es optimizar nuestros recursos, es cambiar nuestra forma de pensar, es generar una estrategia basada en la estricta funcionalidad de los elementos y acciones que hagamos en nuestra vida.

Más con menos es darle inteligencia a la vida y eliminar todo aquello que no sirva para un fin o con un objetivo concreto. Y no solo enmarcado en lo referente a lo que compramos. Más con menos es dejar de enviar currículums a más de 500 empresas a discreción y hacerlo a las 15 de las que me he informado, preparado para el puesto, adaptado el documento y creado una estrategia concreta para ser escuchado. Más con menos es centrar mis esfuerzos en lo que me da felicidad hoy, sembrando en lo tangible del mañana y no creando castillos en el aire que nunca se materializan por mi falta de pasión hacia ellos. Más con menos es dejar de asociar la cantidad a la bonanza y primar la calidad de aquello que tienes, que compartes, que vives, que sientes. Más con menos es no despilfarrar nuestros recursos es elementos que solo buscan el beneplácito de terceros o un estatus social e invertir en aquello que realmente cumple una funcionalidad. Puedes comprar un ordenador caro, el más caro si quieres, siempre y cuando ese ordenador se rentabilice de forma rápida y equilibrada con tu trabajo y te ahorre quebraderos de cabeza, tiempo, energía… Más con menos.

 

Alcanzar más con menos es priorizar, centrar el foco de nuestras acciones, valorar los hechos en sí y no la durabilidad de los mismos y apostar por una felicidad basada en instantes, no en largas épocas.

 

Ha llegado el momento de que enseñemos a nuestros hijos a vivir en el Más con menos. Recuperemos como un parque, un bocadillo y unos amigos nos daban la felicidad completa en conversaciones eternas sobre lo humano y lo divino desde unos ojos ingenuos y esperanzadores. Recuperemos en nuestros hijos el valor de tener menos odio, menos rencor, menos incertidumbre y menos miedo. Alimentemos más su valía, su dedicación, su formación como personas, y su legado en el mundo. Leí en algún sitio que siempre nos planteamos dejar un mundo mejor para nuestros hijos y en pocas ocasiones pensamos en dejar unos mejores hijos a nuestro mundo. Seguro que estarás argumentando falta de tiempo para no centrarte en ello. Tiempo que te han onvencido de que no tienes y dedicas a trabajar en exceso para ganar un dinero que utilizarás en comprar a tus hijos cosas que no necesitan… Más con menos.
Ha llegado el momento de enseñar a nuestros padres a vivir en el Más con menos. Recuperemos las charlas con ellos ante un buen plato de cocido, la importancia de ver una película el domingo a su lado, o la necesidad de sus consejos no de sus limitaciones. Recordémosles que ellos han vivido con menos y seguramente fueron más felices. El tiempo jugará a nuestro favor. Hagamos que crean en ellos y en algo que pocas veces les reforzamos; el éxito en su vida no ha llegado por aquello que tienen o nos han comprado, sino por como nos han acompañado hasta donde hoy estamos. Seguro que estás argumentando falta de tiempo para no centrarte en ello. Tiempo que te has convencido que no posees y dedicas a aparentar ser un gran hijo alimentando el orgullo parental con lo que tienes y olvidando que tus padres hubo tiempo que el orgullo lo satisfacían con una palabra, unos pasos o una decisión tomada por tu parte… Más con menos.
Ha llegado el momento de de enseñarnos a nosotros mismo a vivir el Más con menos. Eliminando todo aquello que nos sobre. Las discusiones, los miedos, las frustraciones, los inconvenientes, los kilos de más, las insatisfacciones, la apatía, la negación, los sometimientos, la pereza… Elimina de tu vida todo aquello que te supone una carga, un lastre, una excusa y una decepción. No necesitas nada de eso. Pon tu foco en la funcionalidad de las cosas. Como ya se hizo en el Neoclásico, como se hizo en el minimalismo. Si no tiene una función positiva, no te sirve. No pienses en que vendrán tiempos mejores. No guardes en un cajón “por si acaso algún día”. La caducidad le llega a todo, incluso a tus sueños. Deshazte de aquello que no te sume y vuelca tus acciones en la calidad y no en la cantidad.

 

 

Pensar en el Más es Menos es reconocer que la cantidad como medidor siempre acaba generando frustración. Lo que hoy te parece mucho, mañana, inevitablemente te parecerá poco, y ese bucle de avaricia te llevará a la frustración y la ira.

Imagina que este artículo no lo consumes y lo tiras. Imagina que reflexionas en ello, lo trabajas, lo construyes, lo moldeas, lo armonizas, lo sincronizas a tu vida. Imagina que comienzas hoy mismo a creer y crear en la filosofía del Más con menos. La revolución en tu talento y en tus capacidades será mayor que la vivida en el Neoclásico. La armonía y el equilibrio vital que alcanzarás dejará pasmado al conseguido con el minimalismo. Porque el logro será tuyo. En tus hijos, en tus padres, en ti. En un legado mejor para este planeta. En unas mejores relaciones basadas en la calidad de los minutos compartidos y no en la gula de su consumo. En una mejor felicidad basada en la funcionalidad de aquello que te aporta en positivo. En definitiva, en una eliminación de ostentoso, lo superfluo y la excesiva ornamentación que ahora, ya sea por necesidad económica o espiritual, te hará congraciarte contigo mismo. Y eso, querido lector, querida lectora, es el mayor de nuestros éxitos.

 

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