El riesgo de ser Bobby Leach

Quizá hayas escuchado alguna vez el nombre de Bobby Leach. Un británico que con 53 años decidió meterse en un barril y lanzarse por las cataratas del Niágara. No sólo no murió, sino que además esa hazaña le otorgó tanta notoriedad en los medios que desde entonces no hubo feria, convención o festival estadounidense donde no pagaran grandes sumas de dinero por contar entre sus espectáculos la charla de la prodigiosa hazaña de Bobby y la exposición de su barril. Este antiguo propietario de un restaurante en Bridge Street, que fue considerado por muchos el primer hombre en saltar desde las cataratas, era bastante intrépido y le gustaba fantasear con sus clientes alegando que él podía hacer cualquier cosa… Y más si lo había hecho ya una mujer.

Esa mujer se llamaba Annie Edson Taylor. Fue la primera mujer en lanzarse en barril por las cataratas del Niágara. Intentando asegurarse que con la proeza pudiese evitar la indigencia. Es cierto que esto le sirvió para ganarse unos dólares dando charlas sobre la aventura de la caída, sin embargo, nunca hizo demasiado dinero porque su mánager se fue con su barril y su dinero. Así que ante la incredulidad de la gente por no poseer el barril, terminó cobrando dinero por fotografiarse con ella en un puesto de recuerdos en las propias cataratas. Ella (y la mayoría de la gente incluso en nuestros días) sacaban provecho de haber sido la primera persona en salir vivo de la hazaña de Niágara.

La historia olvida a Sam Patch, quien en 1829 fue la verdadera primera persona en saltar por las cataratas canadienses y salir vivo de esa aventura. Patch fue una atracción patrocinada para atraer a los visitantes a ver Niágara y no sólo lo hizo una vez, sino dos. Ante la escasez de público por el mal tiempo, repitió el salto unos días más tarde. Fue todo un éxito y su apodo de “el saltador yankee” corrió como la pólvora entre los periódicos locales, siendo su nombre un reclamo tan grande que desde todas las poblaciones con saltos de agua le invitaban a repetir la proeza con fines turísticos. De hecho, apenas unas semanas después eligió el salto de Rochester para ganar algo de dinero. De nuevo se repetía la historia y tras un primer salto en el que no llegó a la cifra pensada, decidió volver a intentarlo una semana mas tarde. Construyendo una plataforma que elevaba la distancia de caída del rio Genesee a la de las cataratas del Niágara. La expectación era máxima, los medios estaban presentes, la recaudación asombrosa. Apenas un mes y medio después de conseguir ser la primera persona en saltar las cataratas del Niágara y habiendo sido reconocido en todo el país como un héroe, Sam Patch murió por no poder controlar el cuerpo en la caída y golpearse con unas rocas.

 

Ser la primera persona en algo no te garantiza el éxito. Tener una estrategia clara tampoco. Aunque ambas cosas ayuden.

Imagina que eres uno de esos profesionales de cualquier sector que ansioso por tener tu momento de fama, un aumento de tus ganancias económicas o un hueco en el mercado para ti o tus ideas, has decidido realizar una gran proeza que roce la rareza, la locura o la insensatez. Una de esas personas que te atreverías a plantar cara a las jerarquías, a crear avances imposibles, a descubrir nuevos rumbos, o quizá a plantear nuevas alternativas. Una de esas personas que suelen golpear fuerte con sus acciones y ser reconocidos en muy poco tiempo en el sector al que pertenecen. Puede que no seas el primero, pero la gente te tratará como si lo fueras, valorando en sí la acción de lo que has hecho y no tanto los detalles asociados al acto. Es decir, si por ejemplo una joven política se atreve a decir a sus jefes en un acto interno que no se siente representada por sus acciones, esto salta a primera plana mediática y no solo se convierte en Trending Tópic, sino que los medios se pegan por una entrevista con ella. Si un profesional de manera inesperada expone una conferencia en la que habla de motivación en las empresas pero lo hace de forma cínica y con humor, no tarda en conseguir cientos de contratos. Si un cantante aprende a utilizar las redes sociales para hacer llegar sus trabajos y a todo el mundo le dedica tiempo y cariño en sus respuestas, no resulta extraño que salte al mercado tradicional con éxito y avalado por la humildad de sus comienzos. Ellos no son los primeros que lo hacen o que tienen ese objetivo. Quizá ni siquiera sean los mejores o su estrategia sea la más correcta. Pero han sido quienes han acertado en el desarrollo de la ejecución. Lo estamos viendo en estos días.

 

La ejecución correcta es la única base necesaria para un éxito estratégico.

Bobby Leach se fracturó ambas rótulas y la mandíbula y tardó seis meses en recuperarse. Sabía que su mejora metálica del barril tradicional de Anny sería su aliado y su seguro de vida. Sabía que saltar en verano cuando la fuerza del rio era mayor por el deshielo a la sufrida por su predecesora sería una buena estrategia al ganar en profundidad. Sabía que la prensa estaría de su lado y esperó el momento idóneo para anunciarlo. Y por supuesto sabía que esas fechas eran las óptimas para que miles de turistas que estuviesen disfrutando de la atracción natural fuesen altavoz y parte de la escenografía. El salto, desde una plataforma que a modo de proyectil lanzaba a Leach de forma progresiva y orientado hacia la zona en la que rompía el agua en su caída, así como las pruebas anteriores con algunos animales que resultaron ilesos fueron sus aciertos de ejecución.

Mientras que unas personas te colocarán en pedestales, te alabarán, hablarán de ti como si de un profeta o una iluminada se tratase… Las personas que se atreven a hacer algo así, a exponerse, siempre son dañados por otras personas que desde su incredulidad o en algunos casos mediocridad, prefieren enjuiciar, desmerecer, prejuzgar o incluso insultar. Esto es debido a que esa ejecución exitosa será atribuida a la teoría de la conspiración (“seguro que alguien detrás más poderoso”), de la suerte (“es que hay otros mejores pero mira…ha tenido suerte”) o incluso de plagio (“yo ya hice esto hace…”) En el fondo, todo responde a lo mismo: Sentimiento de envidia ante el reconocimiento de una ejecución perfecta ante un producto o mensaje que respondería al sentido común, la normalidad o “lo conocido”.

 

El primer riesgo de ser Bobby Leach es que tu mensaje nacerá con impacto… y la mitad del sector en contra. No puedes gustarle a todo el mundo, pero intenta hacerlo a la mayoría

Bobby Leach realizó solo un salto. Sabía del riesgo que había corrido en la hazaña y aunque no conocía que Sam Patch había muerto tras repetirlo en otros lugares y que se había expuesto en dos ocasiones a las cataratas canadienses, prefirió no tentar al destino y sacar provecho del mismo. El riesgo de repetir esas acciones de impacto es convertirse en un kamikaze y tras fallar en uno de los intentos, hundirse en el olvido. La conspiración (“le han retirado los apoyos”), la suerte (“si es que estaba arriesgando mucho”) o el plagio (“si es que como era una copia, no había base”) volverán a florecer y a intentar juzgar la hazaña y la persona. No importarán los resultados de la primera acción, sino las consecuencias de la última. Leach no obstante y diez años después cuando su popularidad cayó y su fama era un sencillo recuerdo anecdótico, intentó atravesar las cataratas a nado. Tuvo que ser rescatado ya que, según queda reflejado en los diarios de la época, su exceso de peso y falta de ejercicio impidieron la destreza necesaria.

La joven política utilizará sabiamente los medios para ser su altavoz inicial y luego volverá a su rutina de trabajar en el bien común desde la discreción, pero con su voz sensata y su mensaje firme situado en el mundo. El conferenciante no volverá a grabar un video y repetirá aquello que dijo una vez en cada parada que el sector le ofrezca, ya que no provocará desconfianza o rechazo ante posibles palabras nuevas. El amable cantautor dejará de publicar sus canciones y videos personales en Youtube porque ahora una compañía le gestiona sus derechos, una responsable de comunicación sus mensajes y una agencia artística sus apariciones. No se trata de perder su esencia, sino de adaptar la estategia. Aunque ciertamente ese paso a segundo plano dará pábulo a las creencias de conspiración, suerte o plagio. Y al igual que no podrán vivir eternamente de aquel primer impacto y con el tiempo volverán a intentarlo, deberán seguir creando, ensayando, formándose, especializándose… Para no evitar estar “fuera de forma” y constatar que fueron flor de un día.

 

El segundo riesgo de ser Bobby Leach es que tu hazaña será caduca… no podrás vivir de ella toda la vida si no te has seguido entrenando.

Tras su descalabro en las cataratas canadienses, Bobby Leach comenzó a realizar su gira en aquellos lugares remotos donde no le conocían y en 1926, mientras se encontraba en una de sus giras por Nueva Zelanda, se resbaló con una cáscara de naranja y murió. Bueno, en realidad no murió al instante sino dos meses después. Se partió la pierna, se le infectó, se le gangrenó, tuvieron que amputársela y finalmente murió. En ese orden. Curiosamente esa es la anécdota que queda en la historia y en la mente de la gente. Ese es el apunte que todo el mundo hace cuando habla del personaje. Se les olvida su estrategia, su ejecución, su inteligencia mediática, su correcto márketing y el rendimiento económico posterior. Solo recuerdan que aquel que se tiró de las cataratas del Niágara en un barril y sobrevivió se escurrió con una cáscara de naranja y murió.

Como profesional de cualquier sector que estés ansioso de tener tu momento de fama, un aumento de tus ganancias económicas o un hueco en el mercado para ti o tus ideas, puedes realizar grandes proezas que rocen incluso la rareza, locura o la insensatez. Puedes no ser la primera persona que haga algo e incluso puedes no tener el mejor mensaje o producto siempre que aciertes en una ejecución exitosa. Puedes volver a repetir la hazaña y permanecer en el imaginario colectivo siempre que tu entrenamiento y estado de forma sea el apropiado gracias a una gestión inteligente de tus apariciones públicas y tu constancia tenga aplomo. Pero lo más importante de todo…

El mayor riesgo de ser Bobby Leach es convertirse en una anécdota

Sam Patch fue el primero. Quien tuvo la genial idea de la proeza y el primero en llevarla a cabo. Sin embargo, su falta de prudencia y una ejecución descuidada hizo no solo que pereciera en su intento, sino que la Historia no le recordase.

Anny Edson fue la que ideó una estrategia óptima de aprovechamiento de la proeza. Sin embargo, sus descuidos a la hora de gestionar el legado de su hazaña hizo que tuviese que conformarse con un humilde beneficio. Para la Historia es el pie de foto de Leach.

Bobby Leach fue quien desarrolló la mejor de las ejecuciones posibles, quien sacó el mejor provecho a la hazaña. Sin embargo su falta de entrenamiento y constancia y el pretender vivir de un éxito pasado eternamente hizo que su curioso final se convirtiese en anécdota. Para la Historia es un guiño cómico.

Siempre habrá quien considere que en tu éxito existen elementos conspiranoicos que no conocemos, quien crea que todo tu mérito es debido a la suerte o quien te acuse de plagio por ideas o acciones que otros o incluso ellos mismos ya estaban desarrollando. No les des nunca la razón por culpa de tu falta de constancia, de entrenamiento, o de esmero y nunca dejes de aportar valor y gestiona correctamente tus tiempos mediáticos. Siempre habrá gente dispuesta a creer en ti y aplaudirte… Aunque tu idea sea tan absurda como lanzarte con un barril por las cataratas del Niágara.

Compartelo
  • Twitter
  • Facebook
  • LinkedIn
  • RSS

Leave a Reply