Como tener Carisma
Posted by Rubén Turienzo on feb 13, 2012 in Blog | 0 comments
Para algunos planteamientos religiosos, el carisma es un don divino, entregado desde la mismísima fuente de creación para extender el mensaje y liderar a los hombres. Lo creen así sobre todo las confesiones cristianas, aunque se puede observar en otros guiños escritos en el hinduismo, el budismo e incluso en el islam. Ya los griegos lo denominaron así y crearon la leyenda de Belerofonte, de donde se cree proviene esta mirada al término.
Todo comienza cuando Belerofonte, hijo de Poseidón, es acusado de asesinar (accidentalmente) a un hombre que según algunas versiones sería Belero, un tirano de Corinto ( de aquí deriva su nombre Belerofonte que significa matador de Belero). A causa de ello Belerefonte fue expatriado y se dirigió a Tirintio. El gobernante de Tirintio era Preto quien purificó al héroe y lo limpio de su culpa. La esposa de Preto llamada Antea se enamoró del héroe pero no fue correspondida por este. Entonces la mujer se quejó a su marido diciendo que Belerofonte había tratado de seducirla. El hábil Preto envió a Belerofonte a la corte del padre de Antea, Yóbates, rey de Licia, para que le entregase un sobre sellado. Este sobre contenía una carta con instrucciones de Preto para que se deshiciese del héroe. Sin embargo las reglas de la hospitalidad de Licia impedían matar a los forasteros con los que se había compartido la mesa. Entonces Yóbates no quiso inflingirlas, y para cumplir el encargo mandó a Belerofonte a eliminar a Quimera, un terrible mounstro mitológico que lanzaba fuego a través de sus tres cabezas: una de león, otra de macho cabrío en el lomo y la tercera en la cola con forma de cabeza de dragón. Yóbates estaba seguro de que el héroe moriría.
Los dioses se dispusieron a ayudar a Belerofonte . Atenea entregó al héroe un freno de oro, con el que tras encontrar a Pegaso, el hermoso caballo alado, en la fuente de Pirene lo podría domar con facilidad. Este caballo le gustaba vagar por la tierra en estado salvaje y Zeus lo colocó a su servicio frecuentemente transportando el rayo del dios.
Gracias al corcel que llevó a Belerofonte donde se encontraba Quimera este pudo derrotar al monstruo . Tras fracasar en esta misión Yóbates envió a Belerofonte a combatir a los sólimos, pueblo vecino que invadía continuamente la región y cometía vandalismo. El héroe repelió a los sólimos y estos nunca más osaron a acometer contra Licia. Luego envió a Belerofonte a luchar contra las Amazonas, y el héroe venció nuevamente. De regreso Yóbates le había tendido una emboscada a Belerofonte, con un grupo de sus mejores guerreros; éste volvió a triunfar.
Yóbates se dio cuenta de que Belerofonte estaba protegido por los dioses entonces le mostró la carta enviada a él por Preto. Para demostrarle que le decía la verdad Yóbates le concedió la mano de su hija Filónoe o Antlicia y lo asoció al trono. Tras la muerte de Yóbates Belerofonte se convirtió en el rey de Licia.
Siendo esta creencia la más extendida socialmente, no dejaríamos entonces opción a la forja o el entrenamiento del carisma ya que si es algo otorgado divinamente o incluso de esencia innata, nada se podría hacer por tenerlo. Siguiendo esta visión; El carisma o se tiene o no… Sin embargo, ¿Acaso no todas las personas tienen magnetismo en su infancia? ¿Acaso no son alegres, creativas, capaces de sorprenderse y transmitir alegría y atención? ¿Acaso no somos, de manera innata, poseedores de esa atracción? Si el carisma es la capacidad de magnetismo, de atracción y motivación que impulsa que otras personas quieran acercarse a nosotros y tomarnos como referencia, todas las personas nacemos con carisma.
Una buena visión, aunque solamente teórica… Y así era. Al menos, hasta que Max Weber empezó a indagar en el concepto del carisma y personas como el Profesor Wiseman o Robbins desarrollaron investigaciones, similares al estudio que realizó Richard Avery sobre el liderazgo de gemelos y su transformación e implicación en sus hábitos conductuales adultos y culminó con la siguiente exposición resumida; “Si dos personas que comparten el ADN, muestran un carisma diferencial de adultos, proyectar dicho don no tiene relevancia innata”
Ergo, si todas las personas nacemos con ese don y sin embargo, ni siquiera los gemelos llegan a adultos con carisma similar ¿Cómo podemos tener Carisma?
Nuestro carisma lo vamos escondiendo con los años, unas veces por la gestión familiar que impide que desarrollemos nuestra pasión. En otras ocasiones el responsable es la búsqueda de encajar en la sociedad con los comportamientos de amigos o parejas. O incluso, la falta de enseñanzas creativas y carentes de adoctrinamiento o generalización de la educación escolar, hacen que vayamos perdiendo dichas habilidades. Nos hacemos poseedores de habilidades mediocres (no destacar de la media social) que se convierten en nuestro comportamiento y en nuestra proyección a los demás. Es en ese momento cuando perdemos nuestro carisma.
Pero… ¿lo perdemos para siempre? No. Reflexiona en esa persona o en ti mismo que sientes que no tienes carisma ¿Acaso no hay un tema en concreto en el que te desenvuelves y te conviertes en una referencia? ¿Acaso no existe ese pequeño elemento diferenciador que cuando alguien quiere saber de ello, recurre a ti, te escucha, te atiende…? Es ahí donde, siendo adultos, dejamos ver a otras personas esa beta dorada de nuestro carisma innato. Habitualmente no es nuestro trabajo, ni siquiera le dedicamos mucho tiempo, pero es allí, cuando mostramos nuestra pasión en ese elemento, cuando observamos los seis componentes que una persona carismática conforma:
1. Seducción, ya que la gente se acerca a nosotros y quiere disfrutar de nuestro conocimiento
2. Influencia, al ser revelados con legitimidad, tenemos capacidad de influenciar a otras personas con nuestras opiniones
3. Motivación, para crear, desarrollar y crear interés alrededor de dicho elemento
4. Persuasión, para mostrar y demostrar nuestra mirada como la verdadera induciendo las acciones de terceros
5. Liderazgo, al guiar a quienes nos escuchan hacia nuestro objetivo
6. Estimulación, al crear un vínculo emocional y de recuerdo entre ese elemento y nosotros en las mentes del resto
Ese fue mi gran descubrimiento al desarrollar el estudio del libro Carisma Complex. Todos nacemos carismáticos y todas las personas tienen ese elemento diferenciador, esa beta dorada. Ese momento en el que eliminando la influencia que la sociedad ha infringido en nosotros, revelamos nuestra pasión, nos diferenciamos del resto, somos creativos y salimos de la media para comunicarlo con eficacia.
Mi consejo, es sencillo: Encuentra tu beta, analiza tu comportamiento y replícalo con pasión en el resto de tus acciones. Y sé que es difícil, pero para eso desarrollé el libro Carisma Complex con 150 técnicas concretas para entrenar nuestro carisma y proyectarlo con eficacia. Mas no te engañes, si nunca te detienes a buscar tu beta interior, tu pasión, todo ese trabajo solo generará en ti un carisma impostado. Todas las personas te verán como alguien con carisma. Todas menos una, la más importante: Tú.
IMPORTANTE: Existe un enemigo común de toda persona carismática, nuestro EGO. No debemos excedernos en nuestras proyecciones o pasaremos de tener un sano orgullo (hablar de nuestros éxitos y pasiones con elementos reales y tangibles) a ser personas vanidosas (hablar de nuestras pasiones o éxitos con soberbia y narcisismo) Un enemigo demasiado común, un equilibro de difícil ajuste. Hasta para los héroes como Belerofonte, que remató así su leyenda:
Disfrutando del reino y ante el clamor popular de su protección divina, el orgullo invadió el alma de Belerofonte y un día montó su caballo alado y se dirigió a los cielos para comprobar la existencia de los dioses. Por su incredulidad y soberbia, Zeus lo castigó haciendo que Pegaso se desbocara , precipitando a su amo al abismo. El caballo continuó su rumbo hasta que quedó convertido en la constelación que lleva su nombre.




