La influencia de Happy Feet 2

Si algo define Happy Feet, además de su exquisito mimo artístico es su revolucionario planteamiento de musical, que no canciones sueltas y mensajes poderosos para provocar reflexión. Aunque debemos comenzar con su talón de Aquiles; quieren contar tantas cosas que el ritmo que tienen sus canciones, en ocasiones se pierde en el desarrollo de la trama. En la primera les pasaba con su llamamiento al cuidado y concienciación del planeta y en esta, con los mensajes de superación y enemigos del desarrollo, aunque es cierto, que en mi opinión, están bastante más alineadas las subtramas.

Sinopsis: “Happy Feet 2”, secuela del gran éxito de animación ganador del Oscar “Happy Feet: rompiendo el hielo”, vuelve a transportar al público a los magníficos paisajes de la Antártida en un maravilloso 3D. Mumble, el maestro de Tap, tiene un problema con su pequeño hijo Erik, un coreófobo. Reacio a bailar, Erik escapa de su hogar y se encuentra con el poderoso Sven, ¡un pingüino que puede volar! Mumble no tiene ninguna esperanza de poder competir con un personaje tan carismático. Pero las cosas empeoran cuando el mundo es sacudido por poderosas fuerzas. Erik se entera de las “agallas” que tenía su padre cuando Mumble reúne a los países de pingüinos y a todo tipo de criaturas fabulosas – desde el pequeño Krill hasta el gigante Elefante Marino – para arreglar las cosas.

La verdad es que si te gusta la música, esta película te encantará (aunque yo no hubiese traducido las canciones para no distorsionar el recuerdo emocional de las mismas) Pero sobre todo, hay varias reflexiones que se desarrollan en la películas y que me gustaría compartir. Bajo el marco, estamos en una situación compleja de dimensiones catastróficas y que ha sido provocada por otros (vaya, parece que hiciesen referencia a nuestra situación económica por ejemplo) ¿Qué soluciones tenemos? Tras ver esta película reflexiono sobre tres consejos:

1. No creer en falsos gurús

Una de los elementos habituales en los periodos de crisis es que se incrementan exponencialmente los agoreros, los gurús, mesías y toda raza de personas que van desde las mentes preclaras hasta los más charlatanes y vacíos de contenido. Un mensaje claro, podemos creer en lo que queramos, por supuesto, pero es fácil llenarnos con palabras grandilocuentes cuando se esconde algo que no es cierto del todo. No se puede conseguir todo. El universo no va a conspirar para que te suceda lo que piensas o deseas. E incluso trabajando y esforzándote, hay cosas que no se pueden conseguir. Por ejemplo, un pingüino no puede volar por si mismo. ¿Conoces tus limitaciones reales? ¿Son creencias autolimitantes? ¿Recibes motivación externa eficaz y orientada o aliento de quienes consideran que tu frustración se compensará también con palabras huecas? Alguien excepcional en algo, no tiene por qué ser adorado en todo. No fabriquemos líderes o gurús basados en nuestro deseo colectivo, pero faltos de contenido, herramientas y soluciones reales.

2. No creer en la ayuda divina

No estoy hablando de fe, ya que los religiosos dirán aquello de “Los caminos del señor son inescrutables” (nunca he visto que otra empresa tenga la facilidad de desviar la atención de tal manera sobre sus fallos de producción) Pero sinceramente, cada uno, incluso los seres superiores que se supone que podrían ayudarnos con un simple pestañeo, tienen otras amenazas y problemas mayores y en ese instante, no dudarán en dejarnos de lado. Por ello, no debes esperar a que algún tipo de deidad aparezca para salvarte porque en tiempos de crisis… cualquier dios está haciendo recuento de sus socios para no perder ninguno. ¿A quienes te dicen que ellos sí tienen la prueba de que un dios les salvó? Que te lo den por escrito y con la comparecencia de dicho benefactor. Yo seguiré pensando que quien me ayuda es ScoobyDoo… se sostiene con la misma fuerza.

3. No creas en un obligatorio “Do ut des”

Do ut des (dar para recibir) es una forma de entender la vida. Es generar cadenas de favores y ayudar altruistamente pensando en que si das, recibirás… Sin embargo, aunque es maravilloso creer en el buenísimo generalizado, ser altruista y ofrecer tu ayuda de manera generosa (yo lo hago habitualmente y me va bastante bien) la mayoría de las personas desconfiarán (si me ayuda es porque quiere algo) y otras no estarán pensando en devolverte el favor cuando lo necesites (aunque te prometerán que lo harán y que solo tienes que pedirlo). Pero esto no significa que no debas hacer esas entregas de generosidad, sino que no debes esperar que la solución venga por ese lado, porque quizá, no sea factible. Hay quien tu problema lo describirá como “tú problema” aunque siempre le hayas ayudado y que creerá que “yo no puedo hacer nada” aunque te reclamase que tu hicieses y te agradeciese por haberlo hecho.

Sin embargo, la película nos da una alternativa o al menos esa es la reflexión que yo saco: Solidaridad Inteligente.

La solidaridad inteligente es conseguir aunar esfuerzos y disfrutar con la ayuda mutua. Es agradecimiento a quien se ofrece y que en esa ayuda haya enriquecimiento mutuo. Es en definitiva, conseguir que todo el mundo salga beneficiado de un acto solidario. Todos somos parte de un mismo sistema y todos estamos conectados. Todos podemos ayudar a todo el mundo y todos podemos esforzarnos en hacer que la piedra de Sísifo no se caiga cuando llegue arriba.

Y sí, la música es maravillosa, la calidad técnica es realmente buena y sobre todo, el personaje de Will es sencillamente espectacular (yo vería la película simplemente por las intervenciones de este personaje) Así que no lo dudes, no creas en gurús, dioses y favores pasados y comienza a plantearte como aprovechar cada elemento de tu alrededor en un acto de Solidaridad Inteligente. Cada paso de baile cuenta para hacer una gran coreografía.

Pd. La canción de los créditos finales es una de mis canciones preferidas y claro… eso ayuda :)

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1 Comment

  1. por favor me podrias decir el nombre de la cancion de los creditos finales

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