El gusto por la queja

Nos gusta quejarnos. Desde pequeños somos conscientes de que si lloramos nos hacen más caso y como nuestros padres no quieren vernos sufrir, aceptan nuestra manipulación y nos dan lo que pedimos. Pero ¿no nos harían el mismo caso si riéramos? Cada vez que alguien te cuenta algo, lo hace desde la negatividad; “Qué mal he dormido”, “Pues llevo unos días un poco...
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