Pre-destinados?

¿Qué pasaría si hiciésemos caso a aquellas personas que se empeñan en defender que nuestra vida está predestinada desde que nacemos?

¿Cuántas personas se empeñan en creer que no pueden alcanzar sus sueños escudándose en la falsa creencia de no poder hacer nada por cambiar?

¿Cuántas veces habrás oído aquello de trazar una línea recta profesional y te han proyectado que el cambiar de rumbo es una pérdida de tiempo?

Se acabó.

Alguna vez he contado que yo tuve la suerte de poder cambiar de rumbo hace unos años, cumplía 27, cuando ya parecía que estaba todo “encarrilado” y desde entonces soy más feliz.

Mi gran amigo Antonio Moya se armó de valor con 48 años y abandonó su satisfactoria carrera profesional en el mundo financiero para evolucionar al coaching. Ahora es sin duda un referente de felicidad. Es un maestro del apoyo y de la potenciación de las personas y sin embargo el mundo se lo estaba perdiendo.

Nadie pensaría que yo pudiese volver a la universidad a los 31 años ya que “no es lo normal”, nadie pensaría que Antonio pudiese cambiar de rumbo a los 48 años ya que “no es lo normal”, Cuando piensas en cambiar de rumbo no lo haces porque piensas “no es lo normal”. Sin embargo la universidad me está dando la posibilidad de conocer personas que sin duda me harán mejor individuo, estoy asimilando información que me ayudará a ser mucho mejor profesional y estoy disfrutando emocionalmente de cada momento, lo cual me hace más feliz. El maestro Antonio Moya es cada día más sabio, cada día más rico en emociones, en experiencias y en felicidad… Pero para muchas personas cambiar de dirección “no es lo normal”

¿Y qué si no lo es? La vida está hecha para dotar de felicidad a quienes se atreven, a quienes deciden girar sobre si mismos. A quienes no acatan las leyes del destino ni se conforman con el famoso “siempre se ha hecho así”.

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Yo soy un cangrejo, Antonio es un cangrejo y seguramente tú también serás un cangrejo. Pero no como los cangrejos depresivos que no sólo no se plantean el salirse de sus trayectorias, si no que además se atreven a criticar a toda persona que lo hace. Somos cangrejos que decidimos cuando queremos cambiar de dirección. Somos cangrejos que hemos decidido nuestra trayectoria y somos dueños de nuestro destino.

Ahora mira tu caparazón y tu trayectoria y piensa ¿Vas a esperar a que te caiga un barco encima para empezar a cambiar?

Seguro que no.

Únete a la revolución de los cangrejos y toma las riendas de tu vida. Porque en ocasiones, para ser feliz, hay que dibujar una trayectoria distinta a la que estábamos predestinados.

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