El gran miércoles

Aun recuerdo esta gran obra y gracias a Paco, un buen amigo, tras leer las entradas sobre la estrategia y el surf, la traigo a este web para darle uno de esos repasos que tanto me gustan. Sin duda es una de esas películas que pese a su inocencia revelada con los años y a su excesivos guiños hacia una era que intentaban socialmente que no terminase, queda grabada en la memoria y es responsable sin duda de que en mi cabeza resuene una y otra vez una banda sonora inigualable y un estilo de vida que muchas personas han visto generación tras generación, como un objetivo a conquistar. Pronto cumplirá 35 años y seguirá siendo una verdadera historia de superación, entusiasmo y establecimiento de normas para superar la adversidad.

Me gusta recordar como comenzaba con un pequeño discurso: “Recuerdo aquel viento de nuestra infancia. Un viento que soplaba por el desfiladero,un viento caliente llamado “Santana” que traía el olor de lugares cálidos. Soplaba con mayor fuerza antes del amanecer, a través del promontorio. Mis amigos y yo solíamos dormir en los coches y el olor de la brisa del mar nos despertaba, todas las mañanas presentíamos que aquel sería el Gran Día.” Sin duda una fórmula magistral para mostrarnos esa primera fase de entusiasmo y optimismo que todos deberíamos recuperar. Una primera fase en la cual los protagonistas aprender a reivindicarse con hechos, como cuando Matt agarra la tabla de un chico en la playa y demuestra quien es verdaderamente y con ello nos trasmite otra gran verdad: debemos aprender a interiorizar aquello que nos hace excelentes y ser capaces de replicarlo aunque no estemos en plenas facultades… Ahora recuerdo alguna conferencia sin apenas voz o con dolor de muelas… Ahora reconozco de donde me viene ese aprendizaje.

Pero también una primera parte en la cual se exponen elementos como el compañerismo con los gritos de los surfistas de “esta es para ti”, las risas, la defensa de nuestro espacio y la importancia de asimilar y compartir una misma filosofía y hacer piña con ello. Una parte en la que dos reflexiones siempre me han parecido geniales. La primera es aquella que vaticina un fin de ciclo y un reconocimiento de nuestro tiempo y limitaciones: “Nadie hace surf para siempre”. La segunda, una revelación que no por conocida deja de apabullar: “Al final, siempre estás solo. El surf se trata de eso, de ser capaz de hacerlo solo”. Un marco para comprender que seremos nosotros quienes debamos ponernos de pie en la tabla y aunque estemos rodeados, acompañados, animados y formados por otras personas, al final, quien decide levantarse y aguantar de pie, debemos ser nosotros mismos.

Una primera parte que nos enseña que cuando reina el optimismo, los juegos, la creatividad, la diversión y la juventud, los elementos aparentemente dramáticos o de adversidad se superan en compañía y se analizan con una mente proactiva generando la visión optimista. Pero también una primera parte que termina con un elemento y un punto de inflexión agrio en la historia. Al gran surfer se le acaba su tiempo. La sociedad y los hombres grises siempre amenazan los grandes sueños.

“Todos los veranos de todos los años pasaban, apenas son humo en mi recuerdo. El otoño caía y se precipitaba el invierno. El agua estaba fría, era la época de las olas del oeste. Un embravecimiento del mar que señalaba un cambio y que yo, generalmente, afrontaba solo”. Fabulosa manera de presentarnos una segunda parte del film en el que las cosas han cambiado. Como se narraba en la obra castellana “historia de una escalera” el tiempo pasa y a veces la realidad nos supera. Los protagonistas han cambiado, la situación ha cambiado, sin embargo aun se puede ver un poco de luz en su interior… aun se puede ver la ilusión por el Gran Día. Una segunda parte descarnada, oscura y caótica que muestra los recovecos que el destino nos puede tener preparado. Una segunda parte de enfrentamientos, de separaciones, de castigos merecidos.

Sin embargo una segunda parte en la que nos muestran como aquel viejo surfero al que le arrebataron su sueño ha reconvertido su realidad en un próspero presente. Alguien que inicialmente parece que ha sabido adaptar su felicidad y que sigue lanzando frases con mucho peso: “los amigos son para cuando no tienes razón. Cuando la tienes, no necesitas nada” Una persona que ha prostituido su sueño… o quizá sólo ha conseguido encontrar el equilibrio… sólo las olas nos lo dirán. Mientras se nos suceden las grandes canciones que abultan su genial banda sonora y la fotografía plasma en cada fotograma la esencia californiana de los sesenta, se nos expone el reencuentro, la unión, la mistad…

Una segunda parte que termina con una oda al ingenio y ala creatividad para superar las amenazas, sin duda uno de los momentos míticos de la película frente a la cola de alistamiento militar y en el interior de las pruebas de reclutamiento. Aunque el ingenio cuando es para hacer trampas no siempre salen bien. Una segunda parte que termina con el marco histórico de la guerra de Vietnam y las revueltas de EEUU contra un acontecimiento histórico injusto y que sesgaría a una generación. Pero sobre todo una segunda parte que termina con una despedida y con el reflejo de la importancia del apoyo de nuestra gente cercana en las decisiones duras y una frase: “Ha sido una fiesta estupenda”.

La tercera parte de la película, al igual que anteriormente comienza con un pequeño discurso que sirve como bandeja a los acontecimientos que nos esperan: “Las olas del norte eran frías, solitarias y peligrosas. Un embravecimiento del mar que bajaba por la costa cuando el invierno agonizaba. Solíamos hacer novillos e ir a ver como rompían las olas. Soplaba una brisa suave de la costa en los tibios atardeceres de la marea baja. Recuerdo las rocas y el agua cristalina. Pero todo aquello quedó atrás. Y no es que cambiaran las rocas, ni la playa, ni las olas, cambió la gente; unos se casaron, otros se fueron a vivir al interior, otros buscaron emociones nuevas… otros murieron.”

Una tercera parte que sin duda nos muestra el otoño de nuestros sueños. Donde la esperanza aumenta, pero la vida nos ha arañado tantas veces que no somos capaces de levantarnos y volver a subirnos a la tabla de surf. Un momento en el que las grietas de la vida y los surcos en nuestros rostros anuncian que poco margen queda para la esperanza y que el conformismo y la autojustificación suele anidar en las vidas de aquellas personas que no aprenden a cimentar sus destinos. Una etapa en la que el recuerdo de lo que fuimos es la única oportunidad para sonreír. La tercera fase de la película es sin duda en la que se encuentra la mayoría de la sociedad actual, prefieren recordar y justificarse. Prefieren apartar la vista…

Sin embargo, la tercera fase también es la apertura de mentes. La del gran reencuentro. La de atreverse y la de la gran frase: “¿Qué? ¿Nos lanzamos?”. La que nos recuerda que cuando estamos en ese estado lo mejor es recordar lo que nos hace diferentes, lo que nos hace grandes, lo que nos hizo surfear la primera vez y darle sentido a nuestro camino. Sólo quien está preparado para mojarse, es capaz de surfear.

La banda sonora baja en este punto de película para mostrarnos otras caras de este cubo. Imágenes como el cementerio, el mar repleto de algas, olas pequeñas… sin duda un simbolismo extraordinario para enmarcarnos las emociones, los miedos, el paso del tiempo, los desengaños y el recuerdo… ese gran mentiroso…

Una tercera parte que termina con la aparente aceptación de la realidad, con cosas vulgares como buscar trabajo y pagar impuestos. Con una separación física…

“Quien sabe de donde viene el viento, ¿será que sopla Dios?. ¿Y quién forma las nubes? ¿Cómo se embravece el mar? ¿Y para qué? Sólo sé que había llegado la hora que tanto habíamos esperado”. Han pasado cinco años desde la última vez que vimos a nuestros protagonistas y la vida ha dejado un rastro permanente en sus sueños. “Los encantos de la infancia duran poco” dicen con tono lapidario. Época de disculpas, de miradas atrás, de serenidad y de quitarle peso a nuestras acciones. Una cuarta parte que nos presenta un mar maduro y bravo. Una cuarta parte en la que aquel viejo surfista que comercializó su sueño, está cara al mar reconociendo que quizá esa perversión había conseguido esfumar su felicidad. Una reflexión en la que la esperanza es la única madera a la que aferrarse y en la que se reivindica la soledad para no enfrentarse al espejo de nuestras acciones.

Pese a todo, es una cuarta parte de pelajes plateados en la que sus sueños alcanzan el Gran Miércoles. El riesgo y la oportunidad se citan y mientras el resto sólo se atreve a observar, las caídas, las tablas rotas, las prohibiciones, los heridos y los excesos de la seguridad limitan la posibilidad de la materialización de nuestros sueños. Ese momento en el que todo se pone en contra, en el que todo el mundo dirá que estás loco, en el que nadie dará un duro por ti. Ese momento en el que la esperanza vuelve y tras un “¡Qué olas!”, sólo se puede responder “¡Fabulosas!”

Una cuarta parte en la que se comprende la importancia de la valentía como punto medio entre la temeridad y el miedo. En el que se puede comprobar como la perseverancia, la experiencia y el trabajo técnico ponen los pilares de una acción brillante. Valentía, perseverancia y metodología…

Una cuarta parte de alcanzar nuestros sueños, de creer en nosotros, de encontrarnos de nuevo con aquello que nos hace vivir, que nos hace especiales, que elimina la bruma y que nos hace flotar. Una cuarta parte para la esperanza, para la ilusión y para un mensaje final: Todo el mundo tiene su gran Miércoles, pero lo realmente importante es saber si tendrás tu tabla lista.

Vive, disfruta, deslízate y algo fundamental: No te conformes con menos de lo que mereces. Que nadie te meta en la cabeza de que “Nadie hace surf para siempre”… Tú decides cuando soltar tu tabla, porque siempre hay una oportunidad para abrir los ojos y darte cuenta de que nunca estamos totalmente en soledad.

pd. El final y su reflexión… es mejor que lo veáis y lo compartamos.

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