Cicatrices en 5 minutos de gloria

Todo lo que hacemos en nuestra vida nos va dejando cicatrices. Todo lo que vamos haciendo en nuestra vida, deja cicatrices en aquellas personas a las que se lo hacemos.

Una noche más de insomnio he decidido ver una película para acurrucarme en los brazos de morfeo, sin embargo, la experiencia de hoy ha sido demasiado intensa como para dejar pasar la oportunidad de plasmar aquí y ahora la revolución emocional que esta película me ha hecho sentir.

Podría haber llegado a ser el “reality show” más espectacular de todas las televisiones y con todas las papeletas para venderlo a las cadenas de todo el mundo, pero los dos hombres transpiraban tanto miedo y rencor que aquella puerta que los separaba se convertía en acero infranqueable.

Belfast, octubre de 1975 en pleno conflicto entre católicos y protestantes en el Ulster, cuatro adolescentes salen de “caza” para obtener el beneplácito de sus mayores. A sus 16 años Alistair Little destila ansiedad mientras temblorosamente carga su revólver en solitario y se dirige a su cuadrilla con voz forzosamente atrevida, la de quien intenta ser un líder,  para ultimar el plan. Es la primera vez que va a disparar a un hombre. Su víctima es el católico James Griffin que espera ignorantemente sentado ante la televisión de su casa, hasta que varios proyectiles a quemarropa taladran su cuerpo y tiñen de rojo la estancia. Little, encapuchado, ha hecho su trabajo mientras recibe la mirada aterida de un niño maniatado por el miedo: Joe Griffin.

Sin concesiones sentimentales, sin atajos bobalicones al uso, el director alemán Oliver Hirschbiegel (”El hundimiento“, “El experimento“, “La invasión“) nos cuenta en “Cinco minutos de gloria” una historia verdadera sobre el dolor y el rencor que anidan en los corazones humanos cuando cruzamos la línea que conduce a nuestro propio infierno, por el cual “el paso de los años se hace cada vez más pesado”, nos preguntamos “cómo superar cada día” y nos vemos condenados  a “seguir adelante con trampas”.

“Cinco minutos de gloria” es una película visceralmente honesta, con un guión cuidadísimo y con una dirección de actores magnífica, en la que sobresale salvajemente un cíclope llamado James Nesbitt. Cine con músculo que no descuida los matices y la caligrafía fina de situaciones y actores secundarios, reconocida también con la obtención de algunos premios.

Sin embargo, la reflexión surge cuando los créditos aparecen… ¿Qué hacemos con nuestras vidas? ¿Qué actitud nuestra toleramos que está dejando marca a alguien a nuestro alrededor? ¿Qué hacemos para redimir nuestras cicatrices?¿Y las que provocamos?

Arrastramos esas cicatrices, algunas personas incluso, las muestran con orgullo y es cierto que mejor cicatrices a heridas abiertas, pero… Tanto dolor provocan y tanto recelo, prejuicio, miedo, inseguridad, frustración… Como la película comienza diciendo “Les hablaré del hombre que soy, pero para comprender al hombre en el que me he convertido, es necesario conocer al hombre que fui” Cuando nos sentamos delante de alguien, nunca hay que olvidar que esa persona nos habla desde la persona que fue y seguramente nos muestra sus cicatrices sin que podamos conocer ni la herida, ni lo que la provocó.

Hoy no quiero añadir moraleja a este post… simplemente reflexión… Respeta las cicatrices, entiende de donde viene y comprenderás el presente y sus palabras. Mientras tanto vuelve a pensar ¿Qué cicatrices tienes? ¿Qué cicatrices provocas?

Extraordinaria película. Feliz noche de insomnio.

Compartelo
  • Twitter
  • Facebook
  • LinkedIn
  • RSS

Leave a Reply