Progreso, tiempo y humo

Cuentan que en un pueblo del sur de la península se estaban preparando para la conquista del nuevo mundo, cuando un joven armador, que había ilusionado a todo un pueblo, con sueños de grandeza y tesoros de la aún desconocida tierra, supo que en el norte existía un ingeniero que había descubierto una fórmula infalible para que los cascos de los barcos fuesen más poderosos, más flexibles y más rápidos.

El joven armador, enarbolando la bandera del progreso, habló de cohesión, de libertad, de esperanza y de éxitos al ingeniero, que sorprendido por la valentía de éste, decidió explicarle su fórmula a la gente de su pueblo sureño. Sin embargo, le pidió que como profesional que era y aunque le hiciese un descuento, debía cobrarle por sus servicios. El armador le dijo que sí, pero que fuese flexible en los pagos, ya que como nueva aventura su pueblo estaba en proceso de crecimiento.

El ingeniero viajó al sur y cumplió su parte. Contó todos y cada uno de los detalles de su fórmula y vio como algunos de los marineros que habían pagado por verle al armador y se agolpaban en la plaza del pueblo para escuchar, comenzaron a tener éxito con sus embarcaciones particulares.

Tal fue la repercusión, que el armador solicitó al ingeniero que formase a los marinos del pueblo de al lado para que ellos pudiesen forjar una gran alianza marina y conquistar los mares del nuevo mundo. El propietario de la fórmula, que aun no había cobrado por los servicios, decidió colaborar en dicha empresa y aunque el armador aun no le había pagado, creía en el sueño colectivo y en el espíritu del progreso y sabía que aportaba su granito de arena mientras esperaba el pago.

Con la fórmula en sus manos, los marinos sureños remataban sus embarcaciones con éxito y algunos incluso eran nombrados grandes marinos por la corona. Mientras que el joven armador decidió salir al mar con un gran navío en propiedad con el que alcanzar el progreso deseado y encontrar los tesoros del nuevo mundo prometidos.

El barco funcionaba y vio como cientos de aliados iban surgiendo desde todas partes de la península. La fórmula había conseguido que el mensaje de progreso y cambio se hiciese poderosa y consistente, e incluso evitó que algunos temerosos de los sueños del armador desanimasen al resto de la población.

El ingeniero, satisfecho por su trabajo, había ofrecido todo lo que sabía y nadie podía dudar de su profesionalidad y eficacia. Sin embargo, cuando se dirigió a cobrar el monto acordado, de nuevo el armador no quiso pagarle. “No he encontrado el nuevo mundo y obligarnos ahora a este pago es impedir que el progreso llegue. El tiempo nos dará la razón. Sólo te pido más tiempo” alegaba. A lo que el ingeniero contestaba que su fórmula ya era conocida y que era momento de cumplir el acuerdo pactado, pero que entendía el contratiempo y que podría esperar. Al fin y al cabo, ¿quién era él para impedir el progreso?

Y esperó… Días, semanas y meses pasaron mientras el armador se negaba siempre al pago mientras reclamaba “No he encontrado el nuevo mundo y obligarnos ahora a este pago es impedir que el progreso llegue. El tiempo nos dará la razón. Sólo te pido más tiempo”

Un día, cuando se cumplía más de un año desde que los barcos comenzaron a navegar, el ingeniero no podía aguantar más el peso que la deuda le había generado y sentando en una mesa al falso vendedor de progreso que estaba beneficiándose de las propiedades de su fórmula, le exigió el pago… Pero lo único que se encontró es de nuevo con la famosa sentencia “No he encontrado el nuevo mundo y obligarnos ahora a este pago es impedir que el progreso llegue. El tiempo nos dará la razón. Sólo te pido más tiempo”

El ingeniero, se detuvo miró al armador con la tranquilidad que ofrece el conocer la fórmula y respondió… “Hay tres verdades inexorables respecto al tiempo, al progreso y al humo. El tiempo no favorece a quienes no cargan sus bodegas de alimento. El progreso no navega con quien no sabe encontrar lo que busca. Y la tercera y más importante, nunca el humo sostuvo un barco.”

Nadie sabe aun si consiguió cobrar su deuda… pero el ingeniero nunca perdió su esencia.

Todo el mundo sabe que el progreso llegó… pero el armador siempre se lo perdía por envolverlo todo con su humo.

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