Estrategia KISS (Keep it simple, stupid)

019_len_11 2Estrategia KISS (Keep it simple, stupid)

Lengüetazo XI (extraído del libro “Saca la lengua” 1/3)

La estrategia para alcanzar una correcta influencia social debe ser simple.

Un buen amigo ingeniero informático hablaba sin parar sobre este principio, nombrado con el acrónimo en inglés KISS, Keep it simple, stupid, lo que en una traducción literal sería: «Manténgalo simple, estúpido».

Se refería al desarrollo de aplicaciones informáticas e insistía en que éstas debían ser lo más sencillas posible, y que además, en términos coloquiales, debían ser a prueba de tontos. Queriendo significar, sin ningún sentido peyorativo, que cualquiera debería ser capaz de usarlas.

Recuerdo que entonces utilizaba el ejemplo del desarrollo del procesador de texto. Señalaba que era fácil de usar, porque se había logrado una transición suave y natural al ordenador de la funcionalidad ya existente en la máquina de escribir. El principio KISS aplica igualmente a cualquier desarrollo tecnológico.

Son memorables las historias sobre las dificultades que tenemos usando cuanta parafernalia electrónica inunda hoy día nuestros hogares. ¿Cuántos saben utilizar la funcionalidad completa de cualquiera de estos aparatos? Yo seguro que no.

Pero el concepto que hay detrás de este principio también se puede trasladar al mundo estratégico y de influencia social. ¿Qué tan simples y fáciles de utilizar son realmente los procesos que soportan nuestros proyectos? La famosa reingeniería de procesos, bajo la forma de diversos ropajes, ha tocado en múltiples ocasiones las puertas organizacionales. ¿La hemos realmente aprovechado? Sí, de manera muy especial, los procesos deberían ser los primeros en cumplir con el principio KISS.

El contar con procesos simples y entendibles, además de facilitar y hacer ágil y eficiente el diario quehacer de un proyecto, resulta ser una condición sine qua non para que a la hora de soportarlos con aplicaciones informáticas estas a su vez puedan cumplir con el mismo principio.

En todos los ámbitos, la simplificación de procesos complejos parece ser el camino. Basta con observar la página de Google: cero diseño, cero colores, un solo logo, un rectángulo para poner lo que se quiera buscar. Probablemente, en cualquier país ese diseñador de Google suspendería cualquier curso de diseño web, pero ¿acaso no ha conseguido y con creces lo que cualquier marca querría? Posicionamiento, reconocimiento.

Pero no sólo los procesos deben ser simples y preparados para el entendimiento de cualquier persona.

¿Y cómo desarrollo el concepto KISS?

1. Encuentra la raíz.

2. Elimina lo superfluo.

3. Utiliza los 2.0 (leer lengüetazo XVI).

4. Que lo entienda todo el mundo.

5. Vive el día de hoy (no el de ayer ni el de mañana).

6. Revisa, evalúa y vuelve a simplificar.

El concepto KISS debería ser asimilado por todo lo que nos envuelve y conseguiríamos un ahorro eficaz de energía, una mayor transparencia y una mayor optimización. Además, si todo el mundo entiende lo que estamos transmitiendo, nuestro público será más fiel y no generaremos incertidumbres.

La filosofía KISS genera productos contundentes y muy recordables. Como el mensaje «busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo» o la filosofía «si no queda satisfecho le devolvemos el dinero». No hay mayor simplicidad. No hay mayor contundencia.

Pero para conocer mejor el principio KISS debemos remontarnos a quien, a mi modo de ver, es su verdadero creador y fuente de inspiración: el fraile franciscano del siglo XIV Guillermo de Ockham.

El principio de la Navaja de Ockham, que así se llamaba su teoría, se utiliza fundamentalmente como complemento de las leyes de la lógica, con el fin de evitar el pensamiento mágico. Según este principio, siempre que se encuentren varias explicaciones a un fenómeno, se debe escoger la más sencilla que lo explique por completo.

Por ejemplo, para explicar la caída de una manzana al suelo, podríamos plantear las siguientes explicaciones:

1. Unos duendes traviesos invisibles e indetectables la han movido hasta el suelo, movidos por el afán de molestar.

2. La madurez propia de la fruta ha debilitado el rabito por el que está unida al árbol y, debido al peso excesivo, la gravedad ha propiciado su caída.

3. Una tormenta a su paso tiró la manzana.

Todas estas alternativas explican igualmente el fenómeno desde el punto de vista lógico y experimental, pero el criterio de Ockham nos obliga a escoger la segunda como la más probable, ya que las demás nos obligarían a asumir una serie de postulados mucho más complicados.

La vida sería mucho más sencilla si siguiéramos más este concepto. Como decía Albert Einstein, «todo debe ser lo más simple posible, pero no más simple».

Así que el principio KISS, hágalo simple y a prueba de tontos, predicado y practicado en nuestra estrategia para alcanzar una correcta influencia social o en la comunicación interna y externa de nuestros equipos, nos sitúa en un escenario de rapidez de movimiento, de eficacia en los procesos y en el calado del mensaje y en una herramienta fundamental para convertirnos en grandes comunicadores.

Hagamos la vida más simple, menos superflua y excesiva. ¿Para qué necesitamos reuniones de tres horas cuando podemos sintetizarlo todo en una? ¿Para qué dar una explicación con un lenguaje exquisito y técnico si podemos caer en el error de hacerlo incomprensible? ¿Por qué hacer grandes campañas publicitarias en las que al cliente no le quede claro ni siquiera el producto que vendemos? ¿Es que no podemos hacerlo mejor? Seguro que sí.

Piensa en los procesos y procedimientos de tu día a día. Piensa en tus campañas publicitarias o en tu forma de venderte. Entra en tu web y revisa qué ves. ¿Sigues el principio KISS? Pues ponte a trabajar.

¿Ha quedado la explicación lo suficientemente clara y simple? Seguro que hasta un estúpido como yo la entendería.

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