Ideas y sus depredadores

4095269786_544dd1f551_o Hoy me hago eco de una ilustración que me ha parecido fascinante y que viene muy a colación debido a la situación de la mayoría de los autónomos y pymes de este país y de los estrategas de las grandes organizaciones. No hay muchos que tengas grandes, originales e innovadoras ideas, y aquellos que lo consiguen sufren a manos de los terribles depredadores de ideas y su cadena alimenticia. Por desgracia aun vivimos rodeados de personas que siguen pensando que el “esto siempre se ha hecho así” o aquello de “si algo funciona, para qué cambiarlo” son los pilares fundamentales de las organizaciones. Deberían leerse libros de estrategia, o de desarrollo o seguir el patrón de empresas como Kodak, que pese a que inicialmente aseguraba que las cámaras digitales serían una anécdota en el mercado, decidieron dar un giro a su innovación y adaptarse con ideas nuevas, creativas y eficaces.

Ya mucho se ha escrito sobre las virtudes y necesidades de innovar:

En un mercado global en permanente estado de cambio y con el surgimiento de serias amenazas por parte de la industria de otros países, el lanzamiento de novedades que aporten valor útil para el usuario final resulta imprescindible no sólo para sobrevivir, sino para crecer de forma sostenible a largo plazo.

Las ideas compiten hoy en un entorno global, es decir, en mercados mundiales y con competidores procedentes de todas las partes del globo, y los mercados demandan cada vez más novedades: por una parte, el consumidor, para satisfacer su necesidad de reafirmar su individualidad, su necesidad de ser diferente, y porque sus gustos, por efecto de las modas, cambian más deprisa; por otra parte, los distribuidores e intermediarios, para aumentar su capacidad de diferenciación respecto a los competidores. Además, estos clientes directos exigen una reducción del plazo de puesta en el mercado de las novedades, esto es, del time-to-market.

Además, los clientes directos han aumentado su poder porque hoy los mercados tienen un exceso de oferta y porque son los que están más cerca del usuario final, lo que provoca una competencia feroz para conseguir espacio en el punto de venta. Hay una creciente competencia de países emergentes que ofrecen unos niveles de calidad similares a precios muy reducidos gracias a sus bajos costes. Esta competencia se da con productores autóctonos de los países emergentes, o incluso con empresas occidentales deslocalizadas que disponen de un elevado know-how y aprovechan las ventajas de costes de esos países. Se exige cada vez un mejor servicio, en cuanto a mayor rapidez y flexibilidad y menos errores y defectos, pero a la vez resulta imperioso flexibilizar la producción para trabajar bajo demanda. El ciclo de vida de los productos es cada vez más corto y se hace necesario conseguir tiempos de desarrollo y comercialización menores para no quedar atrás respecto a los competidores. Los productos son cada vez más homogéneos, lo que produce hipercompetencia, cuyo efecto más pernicioso son las guerras de precio.

Sin embargo poco se ha escrito de aquellos depredadores de esas ideas e innovación. La mediocridad, el miedo y sobre todo, el conformismo provocan que el ser humano tienda a dar un paso atrás frente a ideas que son realmente novedosas.

Huye de las personas que no ven la innovación como un proceso, de aquellas que sostengan su “experiencia” por encima de cualquier realidad o propuesta objetiva y de los ambientes y personas que presas del reloj, nunca tengan tiempo para “esas cosas”. Siembra tu idea y riégala con mimo, defiéndela de los depredadores y de las inclemencias externas, matiza y cuida su desarrollo y recogerás unos dulces y sabrosos frutos. Por que tu idea merece no caer en manos de cualquiera… Cuida tus ideas, innova en tu vida y crea tu propio futuro.

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