Alfiles rarös
Hay momentos en la vida que me dejan un raro sabor de boca. Es decir, sé que me gusta, sé que me emociona y sé que lo recomiendo a otras personas, pero cuando intento analizarlo en profundidad no reconozco ni qué me emociona, ni qué me gusta, ni por qué se lo recomiendo a los demás, simplemente es algo que creo que debo compartir.
Es famosa en un partido político la frase “al suelo que vienen los míos”, pero ¿acaso no es cierta esa frase en otros aspectos de la vida?
Por ejemplo, las puñaladas entre compañeros y compañeras del trabajo, las zancadillas entre “amigos” para ganar un premio absurdo o incluso las disputas con la pareja en la que parece que si no quedas con la razón absoluta se va a deshacer el mundo. Aunque lo que se comience a deshacer sea la pareja.
Hay personas que entienden que la consecución del objetivo es lo más importante, personas que se valen de cualquier método, servicio o persona para lograr la meta señalada. La excusa suele ser que “ya sabías donde te metías”, “que si no te gusta lo puedes dejar” o “si lo hago por nuestro bien”, pero esas palabras sólo encierran que la celda sólo la conocía una persona, nos cuesta dejarlo porque nosotros sí hemos decidido apostar y no estamos dispuestos o dispuestas a soltar el lastre fácilmente y el único bien es el suyo, pero se benefician de una realidad supina, un pequeño momento nos compensa.
O eso, o seguimos porque creemos que hacemos lo correcto.
Somos esos pequeños peones que algunos sacrifican a su antojo por un bien mayor.
Yo hace tiempo que decidí ser alfil. Parezco un peón, pero me muevo con mayor frescura, mayor rapidez y lo más importante, mayor libertad. Sigo trabajando por el objetivo común y ahora yo he decidido mis reglas y mis movimientos. Estoy convencido de que puedo ser una pieza prescindible, pero ahora costará más mi sacrificio que siendo un mero peón. Esa es la base de la estrategia personal: Dejar de ser peón y convertirte en alfil. O en caballo, o en Reina… Tú decides.
Ya nadie jugará con tu vida o tus decisiones porque tú sabrás como tomar las riendas, ya nadie volverá a decir “que es por tu bien” porque tú sabes exactamente cual es ese bien. Ya nadie te dirá que “puedes dejarlo cuando quieras” porque sabrán que puedes hacerlo. Ya nadie te ordenará nunca lo que debes haces, decidiréis juntos.
Es cierto que en ocasiones deberás seguir teniendo cuidado con los tuyos, porque por desgracia, siempre habrá personas para las que primen los objetivos y no dudarán en utilizar todo lo que esté en su mano para alcanzarlos.
Yo lo siento, para mí siguen estando por delante están las personas.
6 comentarios 28 Enero 2010