El quinto elemento de la Influencia

Quiero comenzar este 2010 haciendo una reflexión sobre nuestra forma de actuar y sobre todo, sobre cómo deberíamos potenciarla. Cuando hablamos de Influencia Social, habitualmente mencionamos técnicas a desarrollar creadas desde nuestro interior hacia el exterior, con el fin de impregnar en el resto de personas nuestra esencia o mensaje. Esos impactos, van generando un abanico de éxitos en las consciencias individuales y colectivas que facilitan que nuestro producto (mensaje o servicio) sea aceptado, positivamente valorado y deseado. Esa es la base de la Influencia Social.
Sin embargo, y aunque existen diferentes métodos o caminos para alcanzar nuestra meta, hay cuatro elementos fundamentales que nunca debemos olvidar: valentía, persuasión, optimismo y perseverancia.
Recientemente he viajado a tierras palestinas para visibilizar, junto a la Plataforma de Mujeres por la Paz, la realidad de aquellas gentes que viven sin libertad, con un muro que impide su desarrollo y felicidad y lamentablemente, con su vida entregada a manos del capricho de terceros. En ocasiones demasiado jóvenes. En ocasiones con demasiado odio. Siempre con una falta total de diálogo y entendimiento. Los cientos de instantes que han marcado mi alma en este viaje me los reservo para las conversaciones privadas, pero quiero compartir en este post la gran lección de influencia con la que he vuelto a mis madriles. La ejemplificación del quinto elemento: La ayuda mutua.

by Ángel Trotter
Minutos antes de entrar en Belén, una fila de vehículos se detiene. Mi naturaleza curiosa me provoca mirar por la ventana del autobús y comprobar que decenas de personas guardan la espera en las puertas de lo que se intuye como un puesto de seguridad. Intento alcanzar con la vista pero el acceso delantero del vehículo se abre interrumpiendo mi pensamiento inquieto, un joven, que no superará los veintidós años, sube a nuestro autobús portando un rifle de asalto y una vestimenta militar de las que, por desgracia, en tantas ocasiones hemos visto en nuestras pantallas. Impresiona ver como a cada paso va mirando serio a los ojos de los ocupantes. No dice nada. No solicita nada. Tiempo después me cuentan que sólo buscan a posibles ciudadanos palestinos que intenten colarse en Belén. Es decir, en su propia casa.
Al llegar a la puerta trasera, el guarda se baja y nuestro vehículo comienza a andar. En ese momento lo veo. Un enorme muro gris de seis metros de altura coronado por una alambrada de espino y por centenares de cámaras que rodean todo el perímetro de la población. Una imagen tenebrosa de las barbaridades que el ser humano puede hacer en nombre de la paz. Un símbolo que refleja claramente una realidad: Nadie posee su libertad, si los dueños del muro así lo desean.
Unos metros después, enjaulados, puedes notar como las puertas se cierran a tu paso, dejándote en una ciudad amurallada que enrarece el aire y oprime los corazones de quienes allí viven.

by Ángel Trotter
Sin embargo en este viaje, la Plataforma había contado con dos nuevas incorporaciones que se me antojaban especialmente atractivas: Jank y Blis. Dos grandes artistas gráficos, pero sobre todo, dos enormes personas que tenían la misión de decorar con mensajes positivos la cara interior del famoso muro de la vergüenza. No sabría muy bien porqué, pero esos guiños que el destino o la buena vibra hacen, y aunque yo había viajado en anteriores ocasiones con la Plataforma y conocía a varias personas, estos cántabros fueron las primeras personas con las que entablé conversación en el aeropuerto de Barajas. El viaje sin ellos no hubiese sido lo mismo y mi experiencia vital para el desarrollo de la conceptualización del quinto elemento de la Influencia Social, tampoco.
Noté como mi interior necesitaba unirse a ellos para provocar el cambio en ese monstruo gris que rodeaba los sueños y las aspiraciones de todo un pueblo. Así que gracias a la organización de Cruz Sánchez Lara, María Ángeles Bengoechea, Ruth Gabriel y la presidenta de la Plataforma, Cristina del Valle, pude formar un equipo de trabajo y apoyar tanto en la logística como en la protección de los dos artistas.
El enemigo: un muro. Las armas: botes de colores y la imaginación. El equipo: dos grandes artistas.

Explicar lo tenebroso de este muro es difícil, ya que ni las fotos, ni los relatos hacen justicia al sentimiento claustrofóbico que provoca el gigante gris. Miles de pintadas sin color ni formas, mensajes políticos que recuerdan una y otra vez la situación y el desamparo de sus gentes, manchas de humo, carteles arrancados… Y todo a unos metros de las casas.
Nuestras primeras aportaciones al muro fueron impactantes. Un gran mural con el lema “Freedom Now”, otra gran pieza con las siglas de “Mujeres Artistas por la Paz”, una mano con el símbolo de victoria y una enorme bandera de palestina. Decenas de personas felicitaron a los artistas. La ciudadanía de Belén se aproximaba a nosotros para agradecernos el gesto y los turistas comenzaban a sacarse fotos. Parecía un éxito…
Pero en ese momento fue cuanto todo cambió.
Claire Anastas, una mujer joven, propietaria de una tienda especializada en figuras para belenes, detuvo su coche frente al muro. Se dirigió a nosotros y con unos ojos cargados de tristeza, comenzó a relatarnos su realidad. Una situación desgarradora en la que algunas personas se quedarían simplemente con la imagen de que su negocio estaba en la ruina debido al muro que ahora rodeaba su casa y su local. A mi me impactó saber que en su vivienda, ahora completamente sitiada por el muro en tres de sus laterales a menos de tres metros de distancia, nunca entraban los rayos del sol. Me sobrecogió la explicación de cómo sus hijos sólo podían ver un muro gris por sus ventanas y cómo ni siquiera tenían ganas de jugar en los alrededores de su casa. Me derrumbó conocer que, debido al cada vez más oscuro muro, su calle era un lugar en el que la gente arrojaba basura y sus hijos enfermaban continuamente. Pero lo que más me indignó fue saber que nadie hacía nada.
En ese momento Manuel, un extraordinario bailarín, y Alejandra, una entregada y empática cámara, que nos acompañaban en ese momento participaron en una decisión conjunta. Debíamos hacer algo en aquella situación. Lo fácil es mirar a otro sitio, pero nosotros estábamos allí para aportar nuestros colores y aportar un poco de luz en la vida de la ciudadanía. Una luz capaz de atravesar el muro. Y si podíamos realizar el arte de nuestros compañeros en cualquier punto, ¿Porqué no hacerlo en un lugar concreto en el que conocíamos una realidad tan desoladora?
Al día siguiente, Jank, Blis y yo, pusimos rumbo a la casa de Claire con la intención de dibujar una playa con la que poder romper su monótona mirada…Sin embargo la imaginación y creatividad estaba aun por desatarse.
Ambos artistas realizaron una obra magnífica, con olas, playa y el lema “The Holy land is in you” en clara referencia a la fe religiosa que la familia Anastas profesaba y a la tienda de iconos religiosos. Uno de los hijos, miraba alegre desde la ventana y el padre de la familia bajó unas infusiones… Todo comenzaba a funcionar. Se notaba el agradecimiento y el entusiasmo por aquella dedicación. Y entonces sucedió algo mágico. Casi inspirados por aquel sentimiento positivo, decidimos comenzar a hacer un enorme mural con círculos de colores, que simbolizando abrazos, tapaban todas las cicatrices de pintadas pasadas. Más de 50 metros de mural con burbujas de colores… cientos de abrazos… de sueños… de esperanzas.
Uno de los hijos decidió bajar y agarrando uno de los botes, se unió a nosotros pintando sus propios círculos. La conexión era increíble. El padre y una de las hijas sonreían y nos lo agradecían desde el balcón. Pero no fue hasta la llegada de Claire, con sus otros dos hijos, cuando la emoción llegó a su punto más álgido.
Tras el parabrisas de su coche blanco y mientras se acercaba a su casa, una enorme sonrisa iluminaba el interior y un grito pudo escucharse incluso con las ventanas bajadas “Wow, wow…wow!” Gritaba Anna, la hija pequeña, que sin poder esperar a que el coche se detuviera se bajó para tocar la pared y mirando a Jank y Blis, que ahora eran más Jaime y Esteban que sus sobrenombres del grafitti, les dijo en un inglés perfecto “es realmente fabuloso lo que habéis hecho por nosotros. Muchas gracias”.
Claire, emocionada y con una mirada vidriosa y alegre se acercó a mi, cogió mis manos y me hizo una pregunta que fue la catalizadora del quinto elemento: “¿Porqué habéis hecho?” y seguido por un “God bless you” se dirigió al interior de su casa a buscar al resto de su familia, que salieron para compartir juntos aquel momento.

Los besos, los abrazos, los agradecimientos, las miradas cómplices y abrumadas de los artistas, sin duda uno de los mejores momentos de mi vida. Y aun así, en mi cabeza, aun rondaba la pregunta de Claire. Una pregunta con una respuesta sencilla. Tan sencilla que paraliza: “¿Y porqué no?”
Sé que ella diría que sencillamente porque nadie ha hecho nunca nada por ellos. Sé que en unas tierras ta hostiles cualquier detalle se agradece eternamente. Sé que este día marcará un tiempo en las vidas de estas personas… Y nosotros podíamos haber pintado en cualquier otro lugar. Habríamos cumplido con el cometido de nuestro grupo… pero ¿habríamos conseguido el mismo efecto?
El quinto elemento de la Influencia Social: La ayuda mutua. Esa correcta visualización del entorno y comprobar quien se beneficiará más de tus acciones y en qué personas tus actos cobrarán mayor relevancia. Pero no desde la mirada propia, sino desde el efecto de aquellos quienes la reciben. Haz que tus acciones se conviertan en ayudas y éxitos para terceras personas y eso potenciará tu correcta Influencia.
La familia Anastas no olvidará el nombre de las tres personas que pintaron sus vidas. No olvidarán a la Plataforma de mujeres que facilitó que esos dos artistas viajasen con ellas. Hablarán de manera positiva y eficaz. generarán una correcta influencia social en aquellas personas que ahora cada día visiten su mural y su tienda…
Yo, por mi parte, me quedo con una imagen. De repente una pelota de baloncesto apareció por allí y nos pusimos a jugar. Para nosotros un pequeño gesto, para aquellos niños, una gran victoria. Habían recuperado su calle.
7 comentarios 3 Enero 2010