Archivos – Enero, 2010
Hay momentos en la vida que me dejan un raro sabor de boca. Es decir, sé que me gusta, sé que me emociona y sé que lo recomiendo a otras personas, pero cuando intento analizarlo en profundidad no reconozco ni qué me emociona, ni qué me gusta, ni por qué se lo recomiendo a los demás, simplemente es algo que creo que debo compartir.
Es famosa en un partido político la frase “al suelo que vienen los míos”, pero ¿acaso no es cierta esa frase en otros aspectos de la vida?
Por ejemplo, las puñaladas entre compañeros y compañeras del trabajo, las zancadillas entre “amigos” para ganar un premio absurdo o incluso las disputas con la pareja en la que parece que si no quedas con la razón absoluta se va a deshacer el mundo. Aunque lo que se comience a deshacer sea la pareja.
Hay personas que entienden que la consecución del objetivo es lo más importante, personas que se valen de cualquier método, servicio o persona para lograr la meta señalada. La excusa suele ser que “ya sabías donde te metías”, “que si no te gusta lo puedes dejar” o “si lo hago por nuestro bien”, pero esas palabras sólo encierran que la celda sólo la conocía una persona, nos cuesta dejarlo porque nosotros sí hemos decidido apostar y no estamos dispuestos o dispuestas a soltar el lastre fácilmente y el único bien es el suyo, pero se benefician de una realidad supina, un pequeño momento nos compensa.
O eso, o seguimos porque creemos que hacemos lo correcto.
Somos esos pequeños peones que algunos sacrifican a su antojo por un bien mayor.
Yo hace tiempo que decidí ser alfil. Parezco un peón, pero me muevo con mayor frescura, mayor rapidez y lo más importante, mayor libertad. Sigo trabajando por el objetivo común y ahora yo he decidido mis reglas y mis movimientos. Estoy convencido de que puedo ser una pieza prescindible, pero ahora costará más mi sacrificio que siendo un mero peón. Esa es la base de la estrategia personal: Dejar de ser peón y convertirte en alfil. O en caballo, o en Reina… Tú decides.
Ya nadie jugará con tu vida o tus decisiones porque tú sabrás como tomar las riendas, ya nadie volverá a decir “que es por tu bien” porque tú sabes exactamente cual es ese bien. Ya nadie te dirá que “puedes dejarlo cuando quieras” porque sabrán que puedes hacerlo. Ya nadie te ordenará nunca lo que debes haces, decidiréis juntos.
Es cierto que en ocasiones deberás seguir teniendo cuidado con los tuyos, porque por desgracia, siempre habrá personas para las que primen los objetivos y no dudarán en utilizar todo lo que esté en su mano para alcanzarlos.
Yo lo siento, para mí siguen estando por delante están las personas.
28 Enero 2010

El otro día en clase me volvió a pasar…
El pasado sábado llegaba de tomarme algo con mis hermanos cuando al mirar el ordenador, una persona me había escrito en el facebook un texto que me sorprendió mucho, pero que desde su sinceridad y su inquietud me impulsó a escribir este post. Espero Ana y Raquel que sea lo que buscabais.
Hace no mucho una persona se hizo famosa en el mundo por el grito “yes, we can”. Un grito a la cooperación, a la colaboración y a la fuerza de grupo. Pero ¿Y qué pasa con el individuo? ¿Hay personas que deben resignarse a conseguir sus éxitos sólo si forman parte de un grupo? ¿Realmente el éxito está reservado para unas personas elegidas?
Sinceramente creo no. El éxito espera a toda persona que trabaje para alcanzarlo.
Pero entonces ¿Porqué no todo el mundo alcanza el éxito?
En primer lugar deberíamos analizar con exactitud esa pregunta porque estoy plenamente convencido de que lo que para algunos es un éxito para otras personas es un rotundo fracaso, con lo que el factor comparativo entra en juego. Por otro lado si analizamos que no todo el mundo encaja igual las adversidades, el factor motivación también cuenta. Y por último, el factor valentía, ¿Cuántas personas están realmente comprometidas con su felicidad?
El primer factor nos debería enseñar que no podemos comparar nuestros éxitos con los conseguidos por otras personas, o incluso con sus fracasos, ya que en la mayoría de ocasiones nos faltan datos. Por ejemplo: Alguien podría sentirse mal al leer que me van bien las cosas, que escribo libros, doy conferencias, soy profesor y soy plenamente feliz con mi vida, pero poca gente se para a pensar que este verano viví uno de los peores momentos de mi vida reciente ante la desesperación y conflictividad profesional que unos clientes me habían provocado. Por lo tanto, nuestros éxitos son nuestros y el valor se lo damos cada quien sin comparar, obsesionarnos o intentar imitar, ya que si no lo hacemos así, la envidia y frustración pueden ser una gran losa. Vive intentando conseguir tu felicidad y tus éxitos con valores positivos. Vive éticamente construyendo lo que tú quieres llegar a ser. Vive caminando hacia lo que a ti te hace feliz ya que vivirás contigo toda tu vida.
El segundo factor nos habla de la motivación y de la capacidad de reactivación personal. Un elemento fundamental en las cadenas de éxito, ya que éste no lo regalan y siempre lleva asociado momentos duros y difíciles de superar. Toda persona pasa por ellos, pero ¿Eres capaz de levantarte cada día queriendo lo mejor para ti? ¿Realmente eliminas aquello que te hace daño de tu vida? No te justifiques. Si es malo, no debe estar en tu vida. Así de simple. ¿Cómo puedes desear conseguir el éxito si tú eres quien te pones tus propias zancadillas con creencias limitantes? Sólo hay que pasarse por algunos perfiles de las redes sociales para ver como hay personas que cíclicamente están mal. ¿Necesitan estar mal? Entonces ¿porqué no deciden dar un paso adelante y dejar el dolor atrás y aquello que les hace daño lejos de su día a día? Vive sonriéndole a tus heridas y demostrándote lo fuerte que eres. Vive con ilusión y esperanza mientras eliminas aquellos actos o pensamientos que te lastran tus éxitos. Vive queriendo ser feliz y apostando por ello cada día olvidando los baches del camino.
La valentía es el punto intermedio entre el miedo y la temeridad. Muchas personas tienen miedo al éxito y esto les bloquea, pero ¿cómo se puede temer a algo que te haga feliz? No debemos confundir la precaución con el miedo que nos inmoviliza. No todo el mundo merece tener éxito, al menos es como yo lo veo. Sólo las personas que se han comprometido con su éxito, que saben lo que quieren y que luchan cada día por conseguirlo con valentía conquistan sus objetivos. Las herramientas están ahí, en los libros de gestión o autoayuda, en las clases, seminarios, conferencias o internet. No es una cuestión de herramientas, es una cuestión de actitud. Si tú te mereces tu éxito, ¿A qué esperas a ser valiente? Vive con valentía y olvida tus miedos. Vive deseando esa maravillosa sensación de consecución y plenitud de objetivos. Vive sin vergüenza por haber deseado ser feliz, ya que si vas tras tu felicidad y tus éxitos, nadie nunca te podrá decir que no te son legítimos.
Porque en definitiva, todo el mundo puede, pero no todo el mundo quiere.
Las personas que alcanzan sus éxitos levantan admiración y también recelo. Levantan satisfacción, pero también críticas. Levantan pasiones y odios. ¿Y vas a hipotecar tus éxitos y tu felicidad para satisfacer la envidia o la mediocridad de terceros? ¿Vas a olvidarte de tus éxitos por miedo a que tu status quo varíe?
Comprométete con tu felicidad. Todo el mundo puede conseguirlo. Yo soy un tipo normal y cada día me levanto luchando por mi felicidad. Conozco mucha gente brillante que hace lo mismo: Alex, Diana, Antonio, Carolina, Sergio, Andrés, Marta, Pilar… y créeme por mucho que yo piensen que son excepcionales, no dejan de ser personas normales. Quizá su excepcionalidad la han creado gracias a poder, con dicha normalidad, comprometerse con su felicidad y alcanzar sus éxitos olvidando miedos, vergüenzas, comparaciones, falta de motivaciones o de valentía.
Si yo puedo, ellos pueden, ellas pueden… tú también puedes. Y créeme cuando te digo que aunque muchas personas lean esto y se digan a si mismas que deben cambiar y luchar por su felicidad, sólo una minoría de personas normales, como yo, se volverá excepcional y se pondrá a trabajar realmente por lo que busca. La pregunta entonces es fácil, tras leer esto ¿Serás tú excepcional?
27 Enero 2010
Uno de los problemas que podemos enfrentar a cualquier edad es el de ser incapaces de decir “no”. Eva Bach y Anna Forés, autoras del libro “La asertividad” (Plataforma Ed.), nos ayudan a dominar el arte de no ceder ante las presiones ajenas.
1. A tu jefe/a, cuando te pide algo que excede tus funciones. Si hay confianza puedes decirle: “Esto no me corresponde a mí. Si quieres que lo haga yo, tendré que dejar lo que estaba haciendo. Dime si prefieres que siga con lo otro o me ponga con esto, porque hacer las dos cosas no es posible”.
2. A tu pareja, cuando te propone un plan que no te apetece. Con nuestro compañero/a siempre tiene que haber confianza para decir: “Esto no me apetece nada. ¿Pensamos otro plan que nos apetezca a ambos?”. También se puede optar por hacer cada uno algo distinto y citarse al terminar.
3. A una persona que te pide dinero o algo que no quieres prestar. Hay que denegar las cosas con respeto y sin excesivas explicaciones, por ejemplo: “Hay cosas que no me importa prestar, pero otras no quiero dejarlas, ni siquiera a las personas que aprecio y en quienes confío plenamente”.
4. A una amiga que te pide favores continuamente. Si tienes suficiente confianza, esa cercanía y proximidad te permitirán echar mano del sentido del humor. Prueba con: “Querida amiga mía, a partir de hoy te va a tocar a ti hacerme un favor a mí y es no pedirme tantos favores…”.
5. A tu madre, que espera que vayas de visita cuando a ella le apetece. Este tipo de exigencias pueden significar cosas muy distintas: que se siente sola, que nos pide un poco más de atención… Háblale en tono cariñoso: “Ese día no me viene bien, pero sabes que te quiero y que iré a verte en cuanto pueda”.
6. A una proposición atractiva que, en el fondo, no te conviene. Sé sincera y diplomática: “La propuesta que me hace es muy buena y, a pesar de ello, voy a tener que rechazarla porque no la considero conveniente para mí en mi situación actual, ya que tengo otros compromisos”.
7. A tus hijos, cuando sobrepasan el límite que tú has fijado. Hay que recordar la norma, hacer notar que se ha vulnerado y ofrecer alternativas. Por ejemplo: “Te tienes que acostar a las diez y ya son y cuarto. Como veo que no te acuerdas, mañana te
avisaré a las diez menos cuarto para que te vayas a la cama.”.
8. A tus hijos, cuando te piden “chuches” y no quieres que los coman. Diles que las pueden tomar en pequeñas cantidades y sólo de vez en cuando porque son perjudiciales. Si aún así las piden, argumenta: “Sé que te apetecen, pero hoy no toca y aunque insistas va a seguir siendo no”.
9. A alguien que te pide que hagas algo con un: “Seguro que no te importa”. Si te quieren forzar a algo, no lo permitas, dí claramente: “Me puedes pedir lo que quieras, pero por favor no des por hecho que voy a hacerlo. Tú siéntete libre para pedírmelo y dame a mí también la libertad de decidirlo”.
10. A un “pretendiente” que te pide el teléfono y no te apetece dárselo. Lo mejor es denegarlo abiertamente y con respeto, para no crear falsas ilusiones: “No voy a darte mi teléfono, lo siento. Nuestras expectativas no son las mismas y prefiero dejarlo claro desde el principio”.
Resumiendo y teniendo en cuenta las diferentes técnicas y visiones, podemos aclarar o definir unos pilares fundamentales:
- Haz que te traten como te mereces. No dejes que nadie domine tu tiempo ni tus decisiones.
- No inventes excusas. Si no quieres hacer algo, simplemente no quieres, no es un no puedes por…
- Expresa tu opinión y deja clara tu postura. Que nadie de por sentado lo que tú quieres o piensas.
- Aprende a establecer límites. Es preferible “parar los pies” a alguien que estar toda la vida escapando o estallando a solas.
- Mis límites no tienen porqué ser razonables. Son mis valores y mis pensamientos. Por cada razonamiento que busques a favor, otra persona encontrará uno en contra.
Espero que esto nos ayude un poco a todos y todas a aprender a decir NO de vez en cuando. Pero también a aprender a identificar un NO, porque esta enseñanza es simple: NO es NO. Y si querías haber dicho Sí, pues haber dicho Sí. Eso nos ahorra mucho tiempo y malos entendidos.
Para terminar con este tema, un poema del gran Mario Benedetti
Ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero
ver que el dinero forma un cerco
alrededor de tu esperanza
sentir que otros
los peores
entran a saco por tu sueño
ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero
no obstante
cómo desalienta
verte bajar tu esperanza
saberte lejos de ti mismo
oírte
primero despacito
decir que sí
decir sí quiero
comunicarlo luego al mundo
con un orgullo enajenado
y ver que un día
pobre diablo
ya para siempre pordiosero
poquito a poco
abres la mano
y nunca más
puedes cerrarla.
26 Enero 2010
Página Anterior