Mirar para otro lado
Posted by Rubén Turienzo on dic 9, 2009 in Blog, uncategorized | 0 comments
Tienen que actuar. Tenemos que actuar.
Me sorprende que en un tema tan importante como la crisis climática, todo el mundo esté de acuerdo en que hay que actuar, pero pocas personas sean capaces de acordar soluciones concretas y que eviten que controlemos la terrible cadena de acontecimientos que se viven cada año y que los expertos vaticinan.
¿En qué fallamos realmente cuando no somos capaces de ponernos de acuerdo en algo así? ¿Solidaridad? ¿Compromiso? ¿Responsabilidad futura? Una cosa es evidente; Deben existir muchos intereses en manos de personas muy poco inteligentes si para salvar sus economías presentes apuestan por seguir destruyendo el planeta. Porque es de sentido común que ganarán beneficios y sus aumentos gananciales harán que sus sociedades prosperen (o parte de ellas), pero ¿qué pasará si sus cosechas o las cosechas importadas no dan los resultados previstos? Quizá su gran secreto es que cuando cambiamos de moneda, los billetes de euro los hicieron ya con fécula de patata. Pero claro, su visión cortoplacista les lleva a refugiarse en una máxima superior “yo ya no estaré para ese momento”.
Como cuando Lula aseguró que para 2020 en Rio de Janeiro ya no existirían las favelas. Desde entonces la guerra se ha desatado, decenas de muertos por ambos bandos, pero claro, el dirigente político pensará que como “ya no estará en ese momento” el responsable de que eso no se cumpla será sus sucesores. Pero no quiero desviarme…
Estamos ante una gran oportunidad y debemos ayudar a que nuestros y nuestras políticos y representantes sociales tomen conciencia medioambiental real y exijan una regulación (que luego cumplan) y no un engaño como comprar el aire limpio de otros países a cambio de dinero y poder así superar sus niveles de contaminación. Algo que me parece ya el colmo de la perversión de este problema.
Solidaridad, Compromiso y responsabilidad futura. Algo que deberíamos tener. Algo que deberíamos exigir.
O Como bien explicaba esta fábula:
Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. Pensó, ¿qué tipo de comida podía haber allí? Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una trampa para ratones.
Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: -¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, más no me perjudica en nada, no me incomoda. El ratón fue hasta el cordero y le dice: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera! – Discúlpeme Sr. Ratón, mas no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones. El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le dijo: – Pero acaso, ¿estoy en peligro? Pienso que no dijo la vaca.
Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a la ratonera del granjero. Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente veloz picó a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre alta.
Todo el mundo sabe que para reconfortar a alguien con fiebre, nada mejor que una nutritiva sopa. El granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina. Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos el granjero mató el cordero. La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.
Seamos conscientes y consecuentes. No esperemos a que nos toque o será demasiado tarde.




