Cuando fuimos los mejores

Que el coaching está de moda es una gran realidad. Que el coaching sea una moda, una gran falacia.

Hace cinco años ya que estudié mi Máster en Coaching y desde entonces me he dedicado a esta maravillosa profesión. Una profesión en la que creo firmemente porque he visto resultados asombrosos y en la que he compartido momentos mágicos que nunca olvidaré. Pero porqué no decirlo, una profesión de la que he vivido bastante bien. Fui valiente en su día y decidí no dedicarme a esto del coaching a tiempo parcial, como hizo la mayoría, y desde el inicio me organicé y me adentré en un sector que muy pocas personas ejecutaban y que prácticamente nadie conocía. Quizá por mi total implicación, por mi formación o por mi carácter perseverante, hoy soy reconocido en el sector. En el año 2007 publiqué un libro sobre coaching y cine y desarrollé mi propio modelo de gestión basado en el método GROW. El MEJORA, que así se llama, ha ido puliéndose y ha sido enseñado ya a cientos de personas.

Sin embargo en Enero de 2009, me di cuenta de una realidad, poco a poco el coaching se estaba pervirtiendo. Basado en el mero concepto de “entrenamiento”, o incluso “ayuda” o “asesor”, cada día es más común aquello de “pues X también es coach”. Es evidente que cuando preguntas a X por su formación en coaching descubres que es nula, de un mes o lo más extraño, formación a distancia. Cuando realicé mi Máster en psicología siempre me preguntaba… ¿Cómo alguien puede estudiar psicología o coaching a distancia? Está bien para adquirir conocimientos, pero en esta profesión es realmente necesario entender el comportamiento de las personas de una manera vivencial, si quieres dedicarte a ello. Pero eso es otro tema.

Es decir, miles de personas se han subido al carro del coaching sin formación, experiencia o interés real por el conocimiento de la herramienta. ¿Intrusismo? Creo que no llega ni siquiera a eso, ya que intrusismo es cuando alguien utiliza un conocimiento similar al de una profesión, y aun no teniendo la formación y titulación requerida, ejercen la misma. Por ejemplo, siempre pasó con los masajistas y los fisioterapeutas, entre los informáticos y los diseñadores gráficos, entre psicólogos y los terapeutas… Pero este no es exactamente el caso, ya que estas personas ni siquiera utilizan conocimientos ni herramientas de coaching. Simplemente utilizan la denominación “coach” para referirse a alguien que ayuda, asesora o entrena. Y ya está. No aportan nada al coaching, simplemente se aprovechan de una buena imagen generada y de una profesión con futuro.

Ahora bien, yo personalmente y como expliqué en Enero de este año, me he alejado un poco de la denominación coach y no porque reniegue o no crea en esta poderosa herramienta, sino para no dañarla, ya que como explicaba a principios de este año:

[...Esta situación no es nueva y que en realidad cada profesional adopta las enseñanzas del coaching para hacerlas propias. Entonces y siendo respetuosos con la profesión y los profesionales, ¿no sería más correcto denominar a cada variante o subproducto por su “apellido” para evitar enturbiar el significado global?

Imagina que a todos los mecánicos se les denominara igual y se les conociera como iguales, entonces nos encontraríamos ante una situación absurda como la del siguiente chiste:

” Un hombre va en coche cuando se le estropea al pasar por las cercanías de un pueblo. Tras intentar arrancarlo de todas las maneras posibles y desesperado decide ir al pueblo en busca de un mecánico. Tras largos minutos encuentra a una persona y le pregunta:

- Disculpe, ¿hay algún mecánico en el pueblo?

- Pues sólo tenemos uno – dice amable la persona – pero es mecánico de relojes.

- Bueno, supongo que al conocer el funcionamiento de las máquinas, me podrá ayudar.

Se dirigió hacia la casa que le habían indicado cuando tras llamar a la puerta, un amable anciano abrió y atendió a su demanda.

Mientras el conductor le iba contando el problema observaba como el mecánico manipulaba uno de los cientos de mecheros que se agolpaban en su taller.

Cuando de repente, el mecánico miró hacia el conductor y le preguntó:

- ¿Tenía gasolina?

- Sí por supuesto, fue lo primero que comprobé.

El mecánico miró sonriente al conductor y le dijo:

- Si no funciona y tiene gasolina, la respuesta es muy sencilla; ¡el problema está en la piedra! “

Llamando a las cosas por su nombre evitaremos situaciones embarazosas y posibles vicios o descréditos para el resto de una profesión que está abriendo camino.

Si no se nos ocurre ir al veterinario si estamos enfermos o al relojero para arreglar el coche ¿Por qué utilizamos la denominación “coach” a toda persona que se dedica a utilizar las herramientas (adquiridas o no) gracias al coaching? ¿No sería más correcto comenzar a trabajar en la diferenciación para ayudar a la sociedad en general y a nuestros clientes potenciales en particular a diferenciar, seleccionar y comprender mejor los servicios que cada profesional ofrece?...]

Un año después, mi pensamiento ha evolucionado y estoy satisfecho de cómo la Influencia Social ha gustado en el mercado y de cómo esta nueva denominación o “apellido” ha sabido hacerse un hueco basándose en mis conocimientos en coaching y psicología, pero también en mi experiencia en la comunicación eficaz y el márketing social.

No obstante creo que los profesionales del coaching, debemos hacer un esfuerzo por cuidar el nombre (que no la técnica que pienso que es magistral), ya que al final, si toda persona dedicada a ayudar, facilitar, enseñar, asesorar, generar estrategias, analizar entornos o desarrollar personas u organizaciones se autodenominan coach ¿No perderá el sentido el término y con esto la profesionalidad implícita? Porque si lo limitamos a una mera denominación de herramienta, sería normal también decir yo soy DISC, yo soy feedback o yo soy Word.

Hubo un tiempo en el que coaching significó formación específica, habilidad personal y experiencia. Hubo un tiempo en el que eso nos distinguía. Pasados los meses, estoy orgulloso de dedicarme a la Influencia Social, seguiré intentando que “coach” signifique algo más que un apodo lucrativo, pero para aquellas personas que me siguen preguntando como en un momento como el actual pueden hacerse un hueco o diferenciarse de tanto mercader, sólo les puedo contestar que todo es cuestión de lo que tú hagas en cada cosa en la que te involucres. Todo es cuestión de actitud.

Rock&roll actitud


Compartelo
  • Twitter
  • Facebook
  • LinkedIn
  • RSS

Leave a Reply