Archivos – 4 Diciembre 2009

La adaptación negativa de celda 211

Es cierto que me resistía a ver esta película. Entono el mea culpa Quizá porque cada vez que a alguna obra se le atribuyen adjetivos como “la mejor película española de los últimos tiempos”, “un soplo de aire fresco al cine español” o se hace referencia a que “está a la altura”, suele producir en mi persona un atroz aburrimiento y una terrible apatía. Porque creo que el cine español tiene maravillosas películas, y auténticos bodrios, como cualquier otra industria. Porque si la gente fuese un poco más al cine descubriría que hay miles de profesionales luchando cada día y respirando a pulmón lleno con un aire que provoca envidia extranjera, aunque sus nombres no salgan en los grandes neones. Pero sobre todo, porque no debemos estar a la altura de nadie, salvo de ofrecer un producto de calidad, con grandes personajes, una historia sólida y bien trabajada y con una parte fundamental, entretenimiento y reflexión. Y celda 211 lo consigue con buena nota.

Lo que te cuenta

Juan, un recién aprobado funcionario de prisiones, comienza a trabajar en su nuevo destino. Sin embargo, un motín orquestado por un grupo peligroso de presos, desata una situación en la que pronto se verá encerrado y luchando por salvar su vida mientras finge ser uno más de tan peligroso grupo.  Dar fin a la revuelta, proteger a los rehenes e intentar mantener la cabeza fría, convierten las agónicas horas en una interesante partida de póker en la que la astucia, las mentiras y el riesgo, actuarán de teloneros ante un terrible destino que reparte sin cesar las cartas de una baraja manchada de sangre.

Lo que te cuento

No hay duda, todos tenemos nuestra particular celda, e incluso, toda una cárcel que nos retiene. Pero no me gustaría crear un paralelismo simple entre el stress, los horarios, los jefes carceleros o las condenas a cumplir… Eso sería demasiado fácil. Estoy convencido de que lo verdaderamente importante de esta película es la llamada de atención que podemos analizar respecto a la capacidad de adaptación y sobre cómo, con los imputs necesarios, solemos convertirnos en parte del problema, tendiendo con facilidad hacia la adaptación negativa y no convirtiéndonos en verdaderos catalizadores positivos.

Con cada proyecto que empezamos, la energía, el entusiasmo y porqué no decirlo, el miedo, suelen ser los actores principales de nuestro interior. Ganas de cambiar las cosas, ganas de adaptarse, pero sobre todo, ganas de encajar. Éstas últimas, que bien podrían ser el elemento imprescindible para que cualquier responsable nos diese el visto bueno, también puede convertirse en el mayor detonante de nuestro fracaso.

En celda 211 podemos ver cómo al protagonista poco a poco se le empieza a complicar la existencia, al igual que nos podría pasar a cualquiera en una organización. Los pequeños matices comienzan a convertirse en problemas, los inconvenientes en auténticos lastres y la sensación de incomodidad en un perfecto malestar que nos lleva a una situación límite en la que tenemos que elegir: O cambiar la situación o formar parte del problema.

Es fácil decir que la opción correcta es cambiar la situación… Pero qué difícil es llevarlo a la práctica. Compañeros y compañeras que proyectan constante comunicación negativa o dejadez hacia la situación con frases del estilo “siempre ha pasado igual”, “aquí nadie hace nada para cambiar nada” o ante tus ganas de producir un cambio positivo un lapidario “ya se te pasará”. Jefes y jefas que siempre encontrarán una excusa para pasarte la mano por la espalda, decirte que te entienden y que intentarán hacer lo posible, para luego dejar pasar los meses intentando que aquello de lo que hablamos se haya desvanecido con el tiempo. Incluso fórmulas de trabajo o modulísticas diseñadas hace años, sin tener en cuenta la eficacia ni las capacidades de quien las iba a utilizar. Evidentemente todo forma una gran cárcel que nos hace querer formar parte de un motín que acabe con todo y se lleve alguna cabeza por delante, aunque sepamos que tras dicha revuelta, todo volverá a la etapa anterior. ¿Pero qué nos lleva a convertirnos en agentes negativos? ¿Cuál es el mayor responsable de esa adaptación negativa? Por un lado, podríamos hablar de la ya mencionada necesidad de encajar, y por otro, la falta de coraje, valentía y visión.

Porque convertir una situación negativa en una oportunidad de mejora es sin duda un largo y tortuoso camino, repleto de zancadillas. Porque habitualmente falta el coraje suficiente para enfrentarse a la negatividad reinante y ofrecer soluciones prácticas que ayuden a todos y todas, bajo el pensamiento erróneo de “a alguien se le habría ocurrido ya”. Porque la valentía necesaria para dejar atrás el miedo que nos paraliza y nos vuelve meras herramientas (luego que no se queje nadie cuando le llaman “recurso”) debe prevalecer en una actitud eficaz y resolutiva. Y porque necesitamos liderar una situación de cambio en la que tengamos la visión clara y sepamos que este proceso desagradable nos podrá otorgar un futuro repleto de bondades y de logros.

Prevalece la mirada cortoplacista, mediocre y poco comprometida de aguantar lo que hay y autocomplacerse pensando que siempre se podría estar peor. Demasiadas personas están ya como el “Malamadre” de la película, agotadas del sistema y con ganas de revancha.

Por eso yo creo en el trabajo eficaz y en la adaptación positiva. Aun sabiendo que es más complicada. Confianza, Colaboración, Coordinación, Comunicación y Compromiso. Cinco maravillosas palabras que nos deberán servir cada día para ser objetivos con nuestro alrededor, abandonar el individualismo y forjar un equipo de trabajo empoderado que sea capaz de gestionar un cambio con la organización y no golpeando contra todo y todos. Crea un mensaje y ofrece soluciones reales. Da señales y pruebas para provocar éxitos a corto plazo. Elimina resistencias haciendo partícipes a cuantas más personas mejor. Comunica con eficacia y optimismo. No te dejes arrastrar por la dinámica conservadora, porque no debes olvidar, que en tu mano está gestionar tu vida y tus relaciones y en tu mano está pasar de una condena o una libertad condicional.

Sin duda, celda 211 es una gran película. Tosar es uno de los mejores actores que tenemos. Resines hace una buena interpretación. Los personajes están bien trabajados y la historia es apasionante. Pero lo mejor de todo, nos entretiene y nos hace reflexionar: En tu organización, ¿Qué has decidido? ¿Adaptación negativa o positiva?

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3 comentarios 4 Diciembre 2009


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