Finales que son principios.

Creo sinceramente que estamos ante la mejor tercera parte de la historia. Y mira que a alguien que le gusta el cine, eso de los números en los títulos no suele ser un buen augurio, sin embargo, en mi opinión, junto con la segunda parte del Padrino, Regreso al futuro, Alien y Terminator, Toy Story 2 fue sin duda una una vuelta genial a la primera, mejorando desarrollando y creando un mejor universo. Ahora con la tercera parte he de decir que Pixar se ha superado y salí del cine con una sensación: Han cerrado un ciclo de una manera brillante.

Cuando la Disney y Pixar partieron caminos hace unos años y la reconciliación era inviable, el Estudio del ratón se guardó su venganza: hacer secuelas de ‘Toy Story’ por su cuenta (tenía los derechos) y ‘Toy Story 3′ era inminente. La trama giraba sobre Buzz y el anuncio de su compañía juguetera que la partida a la que pertenecía era defectuosa y debía ser devuelto a Taiwan. Cuando ambas majors arreglaron sus diferencias se acabó el proyecto y comenzaba el planteamiento puro y duro a manos de sus creadores de la verdadera secuela.

El guión de Michael Arndt (’Pequeña Miss Sunshine’) llegó tras todo un fin de semana de reuniones en una cabaña de California entre Lasseter, Stanton, Unkrich y otros más, donde nació el primer ‘Toy Story’ y donde salió la historia de ‘Toy Story 3′, con un borrador de Stanton y que Arndt ha terminado de plasmar en la pantalla.

El resultado es asombroso, y ‘Toy Story 3′ es otra genialidad de la Pixar, con una trama perfectamente hilada, heredera de sus antecesoras donde brilla el entretenimiento por un lado y la ternura de saber que todos los personajes presienten que es el capitulo final por otro.

¿Os acordáis de los intro de la saga de Bond?, esos segmentos independientes de la trama principal del film y que sirven a abrir con un gran ‘ohhhh’?. ‘Toy Story 3′ lo hace, y veréis qué uso le ha dado Andy a todos sus juguetes durante estos años. Quién es el cerdo Hamm, los monos, Buzz, Woody y Slinky el perro, así como su posición de buenos y malos en ese mundo imaginario. Sencillamente uno de las mejores arranques de la historia del cine, y no exagero.

A partir de ahí, lo que ya conocéis: Andy es mayor y se va a la Universidad. El problema surge cuando éste decide llevarse a Woody con él y su madre le dice que los juguetes que no quiera iran en bolsas de basura al contenedor y el resto al altillo de la casa. Cuando Andy mete al elenco principal en una de esas bolsas estalla la histeria aunque no ven, como lo hace Woody, que Andy abre la escalera del altillo para subirlos arriba…hasta que su hermana lo distrae y la madre confunde juguetes con basura… .

Ese el el punto de partida para una historia que se desarrollará cuando los juguetes provocan el acabar en una guardería que es manejada por el Oso Lots-o y que en apariencia es un paraiso, donde Woody es desterrado para que vuelva con Andy y que a medio camino el paraíso se convierte en una pesadilla…

Y como siempre referencias a la cinefilia con “La Gran Evasión”, “Misión Imposible”, “Matrix”, “la fuga de Alcatraz”, “Terminator”… pero todo tan sutil, que en ningún momento desentona o chirría…  El guión, de auténtico Oscar, posee la conjunción perfecta entre la hilaridad absoluta (los chistes y guiños son constantes) y el paso a un más allá, en el que los personajes salen al exterior y se abren infinitas posibilidades que son aprevechadas de forma sobresaliente por el film. A ello hay que sumarle de nuevo la facilidad con la que la Pixar mezcla la más absoluta carcajada (la irrupción de los más pequeños en la guardería es desternillante) y el drama convencional (la historia de Lots-o o Big Baby), mientras que sin dejar respiro se desarrollan de forma definitiva las personalidades marcadas de los personajes que conocemos desde 1995 y se suceden una sorpresa detrás de otra que mantienen al espectador clavado en la silla.

Para rematar, los últimos 15 minutos del film serán lo que más recordéis de toda la trilogía para el resto de vuestras vidas. Puro arte visual y emoción en movimiento. Ya sabréis de lo que hablo. Ésta es la película que esperábamos y que vale de forma plena los euros que nos dejemos en taquilla. Los más pequeños se lo pasarán en grande y los mayores encontraremos más de un doble sentido en el guión que nos parecerá  imposible que estemos ante un film infantil que da el broche final a un idilio que manteníamos desde hacía 15 años.

Y es ahí donde quiero comenzar mi reflexión, por el final. Ya que si bien es cierto que podríamos hablar de la importancia de la comunicación, de estar unidos, de ser conscientes, de los prejuicios (un clásico en la saga) o de los estilos de liderazgo, creo que empezaré por el final.

La película habla del final, de la toma de decisiones, de la importancia de pasar página y de ser consecuentes. Y lo hace con una maestría extraordinaria. Por que cerrar las cosas nunca ha sido sencillo. Aun tenemos en la cabeza el desastroso final de Lost, el avaricioso final de Matrix, el rebuscado final de Shrek o el de tantas y tantas sagas de la historia del cine… ¿Pero acaso no es así también en la realidad? Los cierres son siempre complicados.

Es necesario comprender y aceptar cuando finaliza una etapa de la vida ya que si persistes en conformarte y resguardarte en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido de la importancia que un día tuvo todo. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. Trabajo, relaciones, situaciones personales, viajes, decisiones… No pienses en los porqués y dale una oportunidad a los “para qués” de todo.

Toy Story 3 es una constante toma de decisión. Con todas sus consecuencias: Miedos, furias, desconfianzas, dudas de haber hecho lo correcto… Hasta que finalmente existe un momento en el que se toma la decisión de dejarse llevar, juntos…hasta el final. La escena más espectacular de la película (junto con el principio) es una oda a la toma de conciencia, a la sabiduría de ser plenamente responsables de lo que decidimos, del camino escogido, de la vida que queremos.

Y no, hoy podría poner varios ejemplos de procesos sobre como tomar decisiones complicadas (recopilar información, establecer variables, seleccionar opciones, elegir la opción con más trayectoria…) pero Pixar no se merece eso. Se merece que seamos conscientes del desgaste emocional que toda decisión conlleva y de que si bien es cierto que al final conseguiremos ser más libres en nuestra libertad, decididamente surcaremos un proceso desagradable al que debemos enfrentarnos.

Nunca olvides que el final se debe ver como una evolución necesaria hacia otra cosa mejor. Porque el pasado ya no volverá. Ya no. Pero quizá lo nuevo pueda ser mucho mejor…. Seguramente sea así.

Toy Story cierra magistralmente el ciclo, gira completamente la tuerca y consigue la excelencia en la nueva realidad creada y mi calificación de genialidad en la categoría fílmica.

Abre tu final, cierra tu principio. La evolución es la clave de la felicidad. La adaptación es la llave del equilibrio… Pero es tan complicado…


2 comentarios 27 Julio 2010


La ingeniería del coaching (5º aniversario)

Hoy celebro el 5º aniversario de mi primer artículo en el sector. Cinco años en los que me encuentro plenamente agradecido y satisfecho de todo lo que me ha sucedido, de aquellas cosas que con perseverancia y humildad he provocado y de los profesionales que en mi camino me han catapultado. Cinco años repletos de alegrías, instantes memorables, personas maravillosas, encuentros fugaces pero intensos y búsqueda continua de excelencia. En definitiva, cinco años de mi vida que me han convertido en mejor persona y espero que pueda seguir compartiendo tantos y tantos buenos momentos, reflexiones y acciones con las personas que me enriquecéis cada día. Gracias por cada instante.

Volviendo a casa repasaba mentalmente la velada. La ceremonia de entrega del premio había sido muy agradable y la conversación con el ingeniero responsable del proyecto premiado, muy enriquecedora. Nunca me había fijado en las similitudes que existían entre nuestros mundos profesionales. La ingeniería y el coaching. ¿Cuántas veces intentamos explicar qué es el coaching? E incluso, ¿Cuántas veces intentamos resolver la eterna pregunta sobre cómo es un proceso de coaching de una manera simple y eficaz? Pues bien, yo gracias a la gala de hoy he descubierto que existe una forma sencilla y muy visual que utilizaré a partir de ahora y quiero compartir con todos.

Un proceso de coaching es como la construcción de un puente.

Maravillado por la imagen de ese gran puente y con mi curiosidad habitual, pregunté a mi interlocutor por los pasos que se siguen siempre en ese tipo de ingeniería civil. Su primera respuesta me enganchó pues tracé claramente el paralelismo.

“Lo primero, es conocer y analizar las necesidades y el objetivo”

A la hora de construir un puente lo primero que necesitamos es saber realmente las carencias de la zona para trazar el objetivo eficazmente. En general se hacen estudios de tráfico, se analizan las necesidades de los usuarios futuros y se determina la nueva vía a diseñar. En los casos en los que la vía tenga que atravesar relieves abruptos u orografía complicada, se plantea la posibilidad de flanquear estos “obstáculos” por medio de un puente, y así se determina la ubicación del mismo.

Cuántos procesos de coaching no habrán conseguido desarrollarse por no tener en cuenta esto mismo, pensé. En el arte del coaching es imprescindible el ojo clínico del buen profesional para separar realmente las creencias del cliente y conseguir dibujar un mapa mental de la situación aséptico. Debemos darnos cuenta de cuál es la necesidad de la empresa y de la persona, para fundamentalmente visualizar junto con nuestro coachee un objetivo específico, medible, concertado, realista y planeado por etapas. No debemos tener prisa en plantear o descubrir un objetivo. No nos sirve cualquier meta, el tiempo de nuestros clientes es muy valioso, pero más lo es el conseguir un desarrollo y unos resultados perdurables en el tiempo para él. Esto sólo lo conseguiremos cuando encontremos el verdadero objetivo.

“El estudio de la situación es el siguiente paso”

Puedes diseñar el puente más bonito del mundo, pero si no se tiene en cuenta la situación en la que irá comprendido seguramente no cumpliría con la mayor eficacia algunas de las funciones de su concepción. Pero no sólo en lo que al terreno se refiere. El estudio del terreno determina, fundamentalmente, la tipología de la cimentación a adoptar, pero no tanto la estructura en sí. Para determinar la tipología de puente que resulta idónea en el entorno, también influye la ubicación del mismo, si es metropolitano o no, y la longitud del vano a salvar, si es muy grande se recurre a puentes atirantados, colgados o puentes-arco como el premiado de esta noche, que son los denominados puentes de grandes luces.
También tienes que decidir en cuántos tramos divides la longitud total: a mayor número de tramos el cálculo del puente es más sencillo y la estructura del tablero, por donde pasan los coches, más barata, pero interfieres más en el entorno y puede resultar reñido con el fondo estético…

Realmente aquí es donde las similitudes entre el proceso de coaching y la construcción del puente son más evidentes. Una vez visualizado el objetivo debemos conocer qué y lógicamente quién va a sustentar nuestro proceso. Qué habilidades tiene, cuáles son sus puntos fuertes en los que nos apoyaremos. Y si, como en el terreno para nuestro puente, localizamos movimientos de tierras o estratos geológicos de reducida capacidad portante, tendremos que diseñar una buena cimentación profunda que alcance un estrato de mayor competencia.

Es básico que el proceso sea consistente y que sus cimientos sean sólidos y perpetuos.

En cuanto a la distancia de vano a salvar, debemos ser realistas. Nuestro cliente necesitará un proceso personalizado, pues no todo el mundo está preparado para conseguir un mismo objetivo en el mismo tiempo. A unas personas les parecerá un gran abismo la distancia que les separa de su objetivo y otras sin embargo creerán que lo tienen al alcance de sus manos. Nuestra contribución como observadores basa su excelencia en conseguir que tomen conciencia de la distancia real y motivarles para que entiendan que no hay ninguna distancia insalvable. Todo depende del puente que consigamos construir.

Por último, los tramos. Evidentemente, el objetivo final es nuestra meta a alcanzar, pero nos será imposible alcanzarlo de una vez. Deberemos diseñar las que serán nuestras metas de desempeño, es decir, las pequeñas metas que nos harán conquistar nuestra meta final u objetivo.

“Tras la recopilación de información es hora de pasar a la acción”

En cuanto a los pasos a seguir en la construcción propiamente dicha, una vez confeccionado el proyecto, con sus planos y sus cálculos correspondientes, se podrían resumir en dos grandes apartados, la subestructura y la superestructura.

La subestructura está compuesta por la cimentación y las pilas. Las pilas son las columnas que sustentan el tablero. Transmiten las cargas al terreno por medio de la cimentación. Se trata de elementos que siempre quedan por debajo del tablero, pero son fundamentales porque resultan la interfase entre la naturaleza y la mano del hombre.

La superestructura se compone del tablero y del resto de elementos estructurales situados por encima de la cota de rasante, como los arcos, los tirantes o las péndolas.

La subestructura del coaching sería nuestro plan de acción y las pilas, nuestras metas de desempeño. Éstas deben ser diseñadas por el cliente y cimentadas por el coach. Deben ser respetuosas con el medio ambiente, pero sobre todo, deben ser eficaces y desempeñadas en su totalidad. ¿Imaginas que pasaría si una pila se construyese a medias? ¿Y si la cimentación de un puente no se realizara en condiciones por falta de tiempo o de compromiso por ambas partes?. Nunca hay que subestimar la importancia de lo que no se ve.

Nuestra superestructura se basa en el apoyo, y la motivación. Seremos el catalizador que haga avanzar el estado de las obras, de tal forma que el horizonte se vea modificado por la creación de la nueva infraestructura. Y la labor del ingeniero no termina el día de la inauguración de la obra.

Las labores de mantenimiento también resultan cruciales para hacer perdurar la vida útil del puente. Debemos observar cualquier posible patología, estructural o funcional, y subsanarla a tiempo. La figura del coach, del mismo modo, se compromete a ilusionar al cliente y llenarle de confianza para que su camino esté bien iluminado y no dude en llegar al otro lado.

Si somos capaces de crear unas buenas y sólidas pilas o metas de desempeño, estas soportarán el peso de nuestro proceso y nuestro cliente podrá avanzar sin problemas hasta llegar a su objetivo.

Nunca lo olvides, él es el que construye su puente. Él es quien consigue los resultados. Nosotros sólo somos facilitadores. No intentes ser un coach-estrella. Por muchas canas que peines o por muchos clientes que hayan pasado por tus manos. La única estrella del proceso es tu cliente y se merece que tengamos a su servicio todo nuestro potencial y habilidades.

La importancia de elegir a un coach apropiado es como l
a de seleccionar al ingeniero idóneo. ¿De que sirve contratar a alguien sólo por el nombre de su firma? Lo importante realmente es la obra final, como en el caso de los puentes.

El resultado. Muchos clientes preferirán elegir un nombre y quizá les funcione. Otros preferirán buscar cuál es el ingeniero más adecuado para ayudarles a construir su puente. Estos seguro que conseguirán su meta.

Ayuden a construir muchos puentes, suerte y gracias.


3 comentarios 14 Julio 2010


El gusto por la queja

Nos gusta quejarnos. Desde pequeños somos conscientes de que si lloramos nos hacen más caso y como nuestros padres no quieren vernos sufrir, aceptan nuestra manipulación y nos dan lo que pedimos. Pero ¿no nos harían el mismo caso si riéramos?

Cada vez que alguien te cuenta algo, lo hace desde la negatividad; “Qué mal he dormido”, “Pues llevo unos días un poco ploff…” y no es que me dedique a escuchar los problemas de los demás ni mucho menos, es simplemente que a las personas, nos gusta quejarnos. Lo aprendimos de niños y creemos de “mayores” que si seguimos dando pena, la gente será más tolerante, les gustaremos más o incluso se interesara más por nosotros o nuestro estado de ánimo.

Sólo tienes que darte un paseo por el muro de tu red social favorita y verás como la mayoría de los estados tienen que ver con excesos de calor, jefes malhumorados, cabreos, ganas de irse de vacaciones, situaciones incomprensibles, quejas al infinito, acusaciones, agresividad… ¿Te has dado cuenta de esas personas a las que siempre les va mal todo? ¿Tienes identificados a tus contactos que sólo escriben buscando la complicidad emocional o el cariño perdido? ¿Eres tú una de esas personas?

Es cierto que alguien muy sabio me dijo una vez “no te fies de aquella persona a quien le vaya todo bien” y es cierto. Decir que mi nube de felicidad es infinita sería mentir, pero si hay una cosa cierta: Prefiero hablar de cosas positivas, de proyectos a alcanzar, del éxito que alcanzaremos… de la felicidad de tomarme mi merecido helado de los viernes. Prefiero escribir un “espero disfrutar de este lunes” a un “ojeroso y cansado, voy a una reunión de lunes”. Es vital que comprendamos que el positivismo debe comenzar por cada uno de nosotros, por cada una de nosotras. Debemos creer en ser felices y sembrar elementos para que estos hagan enraícen. Si tu lenguaje es positivo, recibes lenguaje positivo y sí, es cierto, algunas personas dirán que tienes demasiada ingenuidad, pero ¿acaso no la tienen los niños cuando son pequeños y son felices?

Pero vayamos un paso más allá, ¿Y si todos fuésemos igual? ¿Y si forjásemos nuestras relaciones en las cosas positivas que nos rodean? Yo tengo una teoría. Nos volvemos negativos por afinidad. Cuando decimos a alguien que nos está contando que su jefe es fantástico, le contestamos; “Pero ten cuidado no vaya a ser que te pase como al primo de X que…” y ya está, ya hemos sembrado la duda y por tanto la negatividad. Si alguien nos cuenta que ha conocido a alguien genial; “quiere llevarte a la cama”. Si estamos pensando en un amigo que ha hecho algo maravilloso por ti; “algo te pedirá a cambio”… ¡¡Cambiemos nuestra influencia social!!

Por supuesto debemos ser precavidos y por supuesto debemos estudiar el escenario con todas las visiones y detalles, pero ¿no es más divertido y más enriquecedor exponerse y vivir de verdad en la felicidad y la transmisión de mensajes optimistas y no cargando con una coraza pesada y lastimera? Inténtalo, haz una prueba estos días y comparte sólo las cosas positivas que te sucedan. Anima a la gente a que invierta en su felicidad, en que crea en ella misma, a que confíe en esa persona y a que se forje una mayor valentía. Anima a la gente a vivir, ya que si no, estarán muertos en vida.

Deja de quejarte y propón soluciones.

Deja de quejarte y comunica positividad.

Deja de quejarte y comunica con una sonrisa.

Deja de quejarte e intenta transmitir energía positiva.

Si quieres algo, lucha y trabaja para conseguirlo. Con valentía, perseverancia y metodología. Si no lo consigues no culpes al resto, examina qué ha pasado y vuélvelo a intentar. Si crees que has fracasado descubre cuánto has avanzado desde que te planteaste la meta. Si surge la frustración, recuerda lo positivo de la experiencia. Si alguien te pregunta “¿Cómo estás?” por que no intentas contar algo positivo y lo más importante, ¿y si intentas no influir sembrando dudas, comunicando en negativo o compartiendo sólo aquello que te molesta o cabrea?

Yo confío en que seremos capaces.


5 comentarios 5 Julio 2010



La grandeza de las cosas simples

Bienvenido y bienvenida a la grandeza de las cosas simples. Una línea de pensamiento basada en el discurso ilusionante, en la utilización de la creatividad y la diversión como método de desarrollo.
Utilizando las poderosas herramientas del marketing personal aplicadas al liderazgo social apostaremos por líderes y personas empáticas, frescas, valientes, originales, optimistas y resolutivas capaces de enfrentarse a las normas establecidas, desarrollar sus capacidades y optimizar las de sus equipos.

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